El líder socialista invirtió todos sus “ahorros” en un ruinoso “negocio personal e intransferible”

Pedro Sánchez se da cuenta demasiado tarde de la ‘gran pifia’ que lleva al PSOE directo al desastre

Los cerebros de Ferraz comandados por César Luena se encogen de hombros y culpan de sus males a "circunstancias incontrolables"

La realidad es tozuda: Unidos Podemos no deja de subir y el PP consolida su posición de favorito

«A perro flaco todo son pulgas»: tan expresivo como lastimero adagio popular se ha podido escuchar en los labios de un importante estratega socialista.

Al contrario que sus rivales, el PSOE está teniendo muy complicado el diseño de su campaña electoral (Si gana Pedro Sánchez, todos seremos andaluces; si lo hace Pablo Iglesias seremos venezolanos ).

Se encuentra asediado por todos los lados. Ve cómo una parte importante del voto de izquierdas se fuga a Unidos Podemos y otra parte, la de los caladeros más moderados, tontea descaradamente con Ciudadanos («El único objetivo de Pedro Sánchez es el de quedar por delante de Unidos Podemos»).

El partido dirigido por Pedro Sánchez tiene ahora el mismo problema de quien se tapa con una manta corta: estires para donde estires de ella, siempre se deja al descubierto o los pies o la cabeza (SONDEO: El PP crece con fuerza en Madrid mientras Unidos Podemos y Ciudadanos superan al PSOE).

Aunque hablando de política, el riesgo cierto es deslizarse hacia una peligrosa situación de «fuera de juego» en la carrera a las urnas.

Los cerebros de Ferraz comandados por César Luena se encogen de hombros y culpan de sus males a «circunstancias incontrolables» como la crisis de Venezuela –que salpica de lleno a Pablo Iglesias y a los suyos– y a la presión de intereses económicos y mediáticos, más seducidos por la continuidad del PP en el Gobierno.

Sin embargo, hay dirigentes del PSOE que admiten que son «los errores propios», ahora difíciles ya de reconducir, los que han colocado a su partido en la insostenible posición en la que se encuentra.

Dos ideas centran los debates de estos socialistas. Una, que Pedro Sánchez no logra crear confianza. Y dos, y más esencial, que su líder no ha sido capaz de presentarse como contrapunto de Iglesias.

El secretario general del PSOE se marcó como prioridad echar al PP de las instituciones (muchos observadores consideran que en realidad ha sido su obsesión), y para ello se lanzó a tumba abierta.

El secretario general del PSOE se marcó como prioridad echar al Partido Popular de las instituciones (muchos observadores consideran que en realidad ha sido su obsesión), y para ello se lanzó a tumba abierta.

Poco le importó mitigar los fracasos electorales disfrazándolos con conquistas de poder municipal y autonómico, aupando a los podemitas y sus marcas al frente de distintas instituciones.

Desde la misma Madrid a Cádiz, pasando por La Coruña, Zaragoza, Valencia o Barcelona (donde, pese a coincidir con el incendio violento de sus calles, el PSC ha entrado a formar parte del equipo municipal de Ada Colau). Y, claro, hoy el fracaso clamoroso de la gestión de los llamados «alcaldes del cambio», le pasa una factura muy costosa al socialismo.

Cada descosido de Carmena, Colau, Kichi,… van también al debe de Sánchez, al que se le achaca el error original de sentarlos en sus sillones con los votos del PSOE y luego de protegerlos en sus constantes equivocaciones.

Estos acuerdos, aunque el líder socialista y su círculo quieran ocultarlo, estuvieron lejos de ser gratis et amore.

Como contrapartida, el PSOE recuperó cinco presidencias con el apoyo de Podemos en la investidura: Extremadura, Castilla-La Mancha, Aragón, Comunidad Valenciana y Baleares.

Y, al tiempo, logró el bastón de mando de numerosos municipios, empezando por una docena larga de capitales de provincia, entre otras Valladolid, Toledo, Sevilla, Córdoba, Lugo, Oviedo, Castellón, Alicante, Las Palmas y recientemente Granada, en este último caso con la imprescindible colaboración añadida de Ciudadanos.

Cierto: la pinza con el populismo dio un vuelco al mapa político. Tal como quiso Pedro Sánchez, que seguramente hizo esa inversión pensando recuperarla en las generales del pasado diciembre.

Ahora, por el contrario, sostiene que la experiencia con Iglesias le dice que no alcanzará La Moncloa con sus votos.

Algo que «suena más a lamento que a promesa», como señalan sus críticos, una vez constatado que ha achicado considerablemente por la izquierda el terreno de juego del PSOE, dando alas a Podemos, quedándose casi sin discurso para la repetición de la campaña.

Son estos mismos socialistas quienes se quejan agriamente de que sus siglas hayan caminado sólo al son de las ambiciones personales del candidato.

Mientras, la realidad es tozuda: Unidos Podemos no deja de subir y el PP consolida su posición de favorito.

Los planes por tanto se le tuercen cada día a Sánchez. Y los responsables de la campaña socialista se ven incapaces de neutralizar el mensaje de los morados de quitarle la primacía en la oposición.

Así que el candidato del PSOE, ahora sí, crudamente desposeído de su rango de alternativa, ha buscado a la desesperada (encima sin éxito) un «cara a cara» con Mariano Rajoy que transmitiese a los españoles lo que la realidad le niega.

Pero, claro, lo único que ha conseguido ha sido quedar aún más desairado.

Porque, tristemente para su partido, el panorama está superando cualquier estrategia que pone en marcha desde su cuartel general de Ferraz.

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Autor

Antonio Martín Beaumont

Antonio Martín Beaumont, politólogo y periodista, es el actual director de ESDiario.com.

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