PSOE, C's y Podemos, divididos por el resultado electoral y el debate sobre la investidura presidencial

El golpe de mano de Rajoy el 26-J agrieta la unidad interna en los tres partidos perdedores

Barones socialistas pedirán dimisiones en la Ejecutiva y un giro al centro

Los políticos españoles, la televisión, Pablo Iglesias y la impotencia sexual de Podemos

El impacto de la inesperada, por lo contundente, victoria electoral del PP y Mariano Rajoy en las elecciones del domingo, está abriendo grietas de profundo calado en el seno de los partidos perdedores, que afrontan divididos la autocrítica por el fracaso y el debate sobre la decisión de facilitar, o no, la investidura del candidato popular. Especial elecciones del 26J (Los políticos españoles, la televisión, Pablo Iglesias y la impotencia sexual de Podemos).

Una división que es especialmente patente en el PSOE, donde las críticas a Pedro Sánchez y la actual dirección, ya desde antes de la cita con las urnas, van a culminar con la exigencia de responsabilidades y de dimisiones en el Comité Federal del próximo día 9 («Los ciudadanos españoles no han votado a Rajoy, ni a Sánchez, ni a Rivera. Han votado contra Iglesias»).

«El PSOE está roto», afirmaba con contundencia ayer un destacado dirigente de la vieja guardia del partido, que tuvo importantes responsabilidades de Gobierno y sigue siendo un referente en el partido.

De hecho, los barones regionales y el amplio e influyente colectivo felipista responsabilizan a Sánchez y su Ejecutiva de dilapidar centenares de miles de votos por sus coqueteos con Podemos, y van a exigir un «giro al centro» el día 9 y en el Congreso Federal, también en julio, en el que son muchos los que apuestan por un cambio de personas, de mensaje y de estrategia ( El Cambio que quizá Rajoy no quiere, pero que hará).

Discrepancias graves que se extienden también a la posición del partido en las negociaciones para formar Gobierno.

Frente a la negativa rotunda a apoyar o abstenerse para facilitar la investidura de Rajoy que pronunció la Ejecutiva el lunes, el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, advertía este 29 de junio de 2016 que «si algunos de los que están en Madrid no se han enterado todavía lo que sentimos los españoles de la periferia, es que la gente está un poquito harta y que lo entiendan bien, y si no, habrá que hacérselo entender todos los días, diciéndoles que no se trata de quién gana o quién pierde, sino sencillamente de que España tenga un Gobierno después de siete meses sin tenerlo».

Se puede decir más alto, pero no más claro. Como también era muy clara la presidenta andaluza, Susana Díaz, quien tras asegurar que el PSOE «debe estar en la oposición», explicaba que el partido tiene que «reconstruirse» para concluir que a los socialistas les ha hecho daño «solo la mera hipótesis de que pudiésemos acceder al Gobierno de España en un pacto con Podemos» (Albert Boadella sobre el veto de Rivera a Rajoy: «Me parece impresentable»).

Pero no son los únicos, también ayer el exministro Javier Solana apostaba porque el PSOE debe «posibilitar que haya un Gobierno que pueda gobernar lo antes posible».

Declaraciones en línea con lo apuntado por otros exministros, como Corcuera o Rubalcaba e, incluso, Jordi Sevilla quien pedía a Rajoy que «se curre» los apoyos en el centro derecha «y luego ya se verá».

Pero no sólo es el PSOE. También en Ciudadanos se abren vías de agua y por parte de quienes más fuerza moral tienen para hacerlo, los fundadores de la formación naranja, como Arcadi Espada quien ayer instaba a Albert Rivera a facilitar la investidura de Rajoy y dejarse de «bobadas».

«Cuando ocho millones de personas votan a un presidente del Gobierno, aun sabiendo que a Rivera le iba a sentar muy mal este voto, hemos de reconocer humildemente que los ciudadanos españoles no comparten nuestra opinión y ponerse a disposición de la razón y del sentido común».

Una llamada de atención que se unía a la realizada el martes por otro de los padres políticos de Rivera, Francesc de Carreras quien sostenía que «vetar a Rajoy como posible presidente no es serio ni un buen precedente democrático». Reflexión que también comparte el eurodiputado Javier Nart.

Y algo similar ocurre en Podemos, donde no se acaba de digerir el descalabro en el sorpasso ni la confluencia con IU. El primero en alzar la voz ha sido, como era de esperar, Íñigo Errejón, quien se ha apresurado a señalar que la coalición «parece no haber funcionado» y pedía «evaluar su reedición en próximas citas electorales».

Afirmaciones que rebatían la opinión de Pablo Iglesias, para quien la coalición había sido «un acierto».

Unas discrepancias que han derivado en un cruce de acusaciones y reproches en las redes sociales entre errejonistas e iglesistas, hasta el punto de obligar al secretario de organización, Pablo Echenique, a advertir que «ante cualquier conflicto interno se buscará en un primer momento la solución mediada, amorosa, consensuada y de sentido común.

En caso de que la vía del amor y los cuidados se demuestre inútil, se actuará de manera contundente, decidida, concreta y grave».

Curiosa manera de entender la democracia interna y la libertad de expresión y pensamiento.

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