El partido afronta el dilema de mantener a sus votantes y, a la vez, recuperar los perdidos
El PSOE ha dejado de estar obsesionado con Podemos y se atribuye ya, sin más pruebas que el empujón en las encuestas que supuso hace un mes la reelección de Pedro Sánchez como secretario general, el liderazgo definitivo de la izquierda.
Sánchez, reacio a comparecer en público, deja que sean sus portavoces los que intenten explicar un discurso, contradictorio en ocasiones, que pretende reclamar a un tiempo la hegemonía ideológica y su papel de oposición útil y con sentido de Estado.
El PSOE se enfrenta a un dilema: mantener a sus votantes socialdemócratas y, a la vez, recuperar a los que se le fueron a Podemos.
Subrayan Anabel Díez y Rafa de Miguel en ‘El País’ este 9 de julio de 2017 que el «nuevo PSOE» tiene prisa por quemar etapas y el modo más rápido de hacerlo es darlas oficialmente por concluidas. Con todo, la última encuesta del CIS, en mayo, colocaba a Podemos a dos décimas de distancia de los socialistas.
«La amenaza del sorpassoestá superada; el PSOE tiene la hegemonía de la izquierda y nuestro trabajo se centra en ensanchar socialmente nuestro proyecto».
Los más críticos dentro del PSOE acogen esta afirmación tan rotunda con dosis de escepticismo e ironía.
Creen que es más que nada un mensaje para la propia parroquia, algo así como un «misión cumplida», una llamada a la tranquilidad a los militantes porque ya nadie podrá cuestionar la condición de izquierdas de la dirección.
Los convencidos, por su parte, se congratulan de que el PSOE ha vuelto a ser el partido que fue antes de que años de ejercicio del poder y de pragmatismo desvirtuaran, dicen, su naturaleza original.
NOTA.- pinchar para leer artículo completo en ‘El País’
