La historia parece más propia de una película de espías. La jornada del 31 de mayo de 2018, primer día de la moción de censura a Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados, tuvo su escenario paralelo vía telefónica.
Y es que antes de echar a andar el debate, las cuentas estaban más que claras. Si el PNV no apoyaba a Pedro Sánchez, la iniciativa del PSOE se iba por el desagüe. Pero en el PP, buenos conocedores de como se mueven los nacionalistas, tampoco tenían consigo que después del respaldo presupuestario la bancada de Aitor Esteban fuese a seguir apoyando a Rajoy.
Por eso, tal y como cuenta este 2 de junio de 2018 Pilar Ferrer en La Razón, hasta en cuatro ocasiones habló directamente el propio Rajoy con Íñigo Urkullu, mientras la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría lo hacía con Ortuzar y otro hombre clave, Josu Erkoreka, actual consejero de presidencia, portavoz en Ajuria Enea y durante muchos años diputado en el Congreso.
En una de esas conversaciones, el lehendakari vasco se lo dijo gráficamente al presidente del gobierno censurado:
Lo siento, pero no puedo asumir este lío interno.
Varios factores aconsejaron la decisión final a favor de Sánchez. La eterna lucha entre los Bizkaitarras, la facción nacionalista de Vizcaya liderada por Urkullu, Ortuzar y Erkoreka, frente a la abanderada por Joseba Eguibar y los llamados ‘cuperos’ vascos entre los que figuran María Eugenia Arrizabalaga, ex alcaldesa de Zumaya, Xavier Barandiaran y Jokin Bildarraitz, antiguo alcalde de Tolosa. Todos ellos, cercanos al mundo abertzale de Batasuna, eran fogosos en su oposición a Rajoy. «No podemos cargar con su corrupción», aseguró muy acalorado Joseba Eguibar en la reunión de la Ejecutiva en Sabin Etxea en su sede de Bilbao, la misma mañana 31 de mayo de 2018 durante el debate en el Congreso.
Tras seis horas de duro forcejeo, Urkullu, Ortuzar y Erkoreka trasladaron a La Moncloa la situación. Partidarios de una salida digna para Rajoy, prácticos cómo lo fueron en el apoyo a los Presupuestos, sin embargo no podían asumir un lío interno de imprevisibles consecuencias, máxime ante las elecciones autonómicas y municipales en el mes de mayo de 2019.

