ANÁLISIS

Cospedal está más quemada que la cafetera del Virginiano y tiene que irse ya y con su marido

Cospedal está más quemada que la cafetera del Virginiano y tiene que irse ya y con su marido
María Dolores Cospedal y su marido Ignacio López del Hierro. EP

El político que baja a las cloacas suele acabar manchado de mugre, sin distinción de colores partidistas.

Los audios difundidos de la reunión que María Dolores de Cospedal mantuvo con José Manuel Villarejo el 21 de julio de 2009 sitúan en una posición insostenible a la diputada del Partido Popular.

De las grabaciones que han trascendido no puede colegirse la revelación de ningún ilícito, pero la conducta de quien fue mano derecha de Mariano Rajoy en Génova coloca al PP de Pablo Casado ante la oportunidad de soltar amarras con el pasado y refrendar con hechos el discurso de la regeneración abanderado tras la eclosión de su liderazgo.

Si la ex secretaria general del PP no da un paso atrás y presenta su dimisión, debe ser Casado quien adopte las medidas necesarias a fin de depurar responsabilidades.
La izquierda española tiene una capacidad infinita de comprensión y justificación de su propia basura, inversamente proporcional a la dureza con la que ataca a sus adversarios incursos en causas idénticas.

Y como las televisiones, la mayoría de las radios y buena parte de la prensa se encuentran en su poder, o al menos al servicio de PSOE, Podemos y sus socios periféfricos, lo que espera a Cospedal y al PP es un verdadero calvario cuya culminación no puede ser otra que una retirada, tanto menos deshonrosa cuanto más a tiempo se produzca.

Cierto que la ministra de Justicia, Dolores Delgado, protagonizó hace pocas semanas una grabación similar, difundida por el mismo roedor de las cloacas estatales, en la que salía tan mal parada como la dirigente del PP, pese a lo cual permanece en su puesto. Cierto.

También el exjuez prevaricador Baltasar Garzón, icono de la progresía, mostraba un rostro deleznable que ha pasado prácticamente desapercibido en los medios de comunicación. Ellos pueden permitírselo porque dominan el poder mediático y porque sus correligionarios suelen estar tan imbuidos de buena conciencia que restan importancia a esos «pecadillos», siempre que se cometan en sus filas.

Los del PP, no. Por eso resulta inútil su estrategia del «y tú más». Sirva de prueba el doble rasero aplicado al caso de los ERE en Andalucía, donde las encuestas vuelven a vaticinar la enésima victoria del PSOE, frente al tratamiento dado a Gürtel tanto en Madrid como en Valencia.
Valga de ejemplo la reciente entrada en prisión de Rodrigo Rato, condenado por el uso fraudulento de las tarjetas «black» junto a otra decena de reos pertenecientes a diversos partidos y organizaciones sindicales. ¿Ustedes vieron imágenes de alguno de ellos? Yo no. A juzgar por lo publicado, el único «malo» de esa película fue el antiguo vicepresidente de Aznar.

Aunque es verdad que Cospedal no ha faltado a la verdad con relación a su cita con el ex comisario -actualmente en prisión por el caso Tándem-, el sólo hecho de que aceptara reunirse con un personaje tan turbio siendo ella secretaria general de los populares no cabe más que tacharlo como un acto de irresponsabilidad e imprudencia.

Pero aún es más grave que, tal como se desprende del último audio hecho público, que tanto Cospedal como su marido, el empresario Ignacio López del Hierro -presente en la citada reunión-, llegaran a pedir a Villarejo «trabajos puntuales» a cambio del «pago de los gastos». Y todo ello mientras el PP acusaba el golpe en la opinión pública por las investigaciones de Gürtel, una trama por la que meses antes se habían llevado a cabo las primeras detenciones y se investigaba a Bárcenas. Por tanto, no es de recibo que el Gobierno y el principal partido de la oposición se echen ahora en cara los casos que salpican a Cospedal y a la ministra de Justicia por sus vínculos con Villarejo para embarrar en el lodo y evitar así la asunción de responsabilidades en ambos casos.

Ni el PP puede conformarse con las tibias e insuficientes explicaciones ofrecidas hasta ahora ni el Gobierno está en disposición de exigir nada mientras mantenga a Dolores Delgado sentada en el banco azul.

Contrasta el respaldo de afines como Dolors Montserrat a la ex ministra de Defensa con el elocuente silencio de Casado durante los últimos tres días. Si el presidente del PP ha perdido la confianza en Cospedal, un extremo lógico habida cuenta la comprometedora tesitura en la que ésta se encuentra, debe forzar la renuncia a su escaño. En caso contrario, estaría quebrando el compromiso regenerador adquirido ante su partido y ante la ciudadanía.

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