Política
Angela Merkel con Mariano Rajoy. EF

En España la noticia pasó casi desapercibida. La compañía T-Systems, perteneciente al gigante Deutsche Telekom, cuyo 31,89% está en manos del Estado alemán, se confabuló con el golpista Carles Puigdemont para montar unas estructuras de Estado de la Cataluña independiente a cambio de suscribir suculentos contratos con la Generalidad.--La Generalitat de Cataluña pagó 4,2 millones a ocho multinacionales por la 'paripé' del 9-N--

"La Generalitat les ha adjudicado contratos plurianuales superiores a los 400 millones desde el inicio del procés y es un cliente clave, porque TS -con sede en Barcelona- ingresa en España 280 millones al año", detalló el periodista económico Carlos Segovia en El Mundo.

¿Qué hacía la Alemania de la canciller Angela Merkel apoyando el golpe de Estado en Cataluña? Era la pregunta que se hacían atónitos los guardias civiles que no daban crédito ante la abundante documentación sobre el 'procés' hallada en septiembre de 2017 en las oficinas centrales de T-Systems en España, ubicadas en la calle Sancho de Ávila de Barcelona.

"Correos electrónicos e informes confidenciales probaban que, al menos desde 2014, la compañía conocía los planes de los partidos secesionistas y articuló protocolos internos para cooperar intensivamente con ellos sin ser descubierta", explicaba El Confidencial.--La Guardia Civil 'trinca' al equipo de Junqueras que organiza el referéndum ilegal en Cataluña--

Era como si Telefónica ayudara al Gobierno de Baviera a independizarse de Alemania y lograra que fuera Angela Merkel la que pagara los trabajos con fondos federales. La noticia abrió las portadas de los periódicos españoles pero en tres días nadie más habló del tema. Una pesada losa de silencio cayó sobre el escándalo T-Systems.

"Que nadie se llame a engaño. Reinhard Clemens [el entonces presidente mundial de TS] no se reúne con Junqueras y Puigdemont el 30 de junio de 2017 sin antes previo conocimiento y luz verde de Merkel", dice un veterano empresario español afincado en Alemania desde hace más de 20 años.

"Alemania... No puede ser, no me lo creo", se escuchó decir a uno de los agentes que rastrillaba los despachos de T-Systems. Merkel había apoyado públicamente a Rajoy en marzo de 2017 ante el desafío secesionista: "No hay que tocar la integridad territorial de los Estados", dijo la canciller en Malta el marco del congreso del Partido Popular Europeo.--Anatomía de un desencuentro: España, Alemania y la extradición de Puigdemont--

Puro teatro. La misma frase casi calcada la dijo el canciller Helmut Kohl en pleno conflicto de los Balcanes en 1991. Quedó como un estadista ante la ONU y sus socios comunitarios, a los que luego traicionaría reconociendo antes que nadie diplomáticamente a Croacia y Eslovenia ante la oposición y el asombro de Francia, el Reino Unido, Holanda, Grecia, España y Portugal.

Esto lo sabía perfectamente Quim Torra cuando elogió la vía eslovena: "Los eslovenos lo tuvieron claro. Decidieron determinarse y tirar hacia delante en el camino de la libertad con todas sus consecuencias hasta conseguirlo, hagamos como ellos". Según sus documentos, incluso el gobernador del Banco de Eslovenia se mostró dispuesto a apoyar a la nueva República cuando el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) abordara el asunto de Cataluña.

EL LÍO DE MERKEL CON LOS REFUGIADOS

Hay un dicho en alemán que dice: "Gelegenheit macht Diebe". Dale a un mono la oportunidad y te vaciará la mochila. Algo así como "la ocasión hace al ladrón". Merkel, que no sabía cómo resolver el lío que ella misma había organizado con su ‘Welcome Refugees' --1,3 millones de peticionarios de asilo en apenas tres años-- vio la ocasión de acabar con Mariano Rajoy aliándose con sus enemigos catalanes.

"Merkel tenía que colocar esos refugiados en algún lado y miró hacia España pero sabía que no iba a contar con la ayuda de Rajoy", recuerda un ex asesor de Moncloa. A partir de allí no hizo más que trabajar entre bambalinas para debilitarle.

TODO SE REMONTA AL RESCATE DE ESPAÑA CON LA CRISIS

El porqué de la inquina de Merkel con Rajoy hay que situarlo lejos en el tiempo: en pleno rescata financiero a España. "Hasta entonces, Mariano Rajoy había tratado de venderse como un aliado fiel de Angela Merkel. Aplaudía todas sus posiciones, buscaba su respaldo en todo. Quería venderse como un alemán en Madrid", apuntaba El País en septiembre de 2012.

Hubo un momento trascendental en el que Rajoy se mostró con un duro negociador ante Merkel en el que forzó el rescate echándose a los brazos a François Hollande y Mario Monti. Merkel entendió que Rajoy no era el tipo maleable y teledirigido que le iba a rescatar del lío con los refugiados.

Las cosas entre el entusiasta ‘alemán' Rajoy y Merkel se enfriaron. Testigo presenciales de esa negociación recuerdan que "Rajoy, acorralado por la subida de la prima de riesgo y las durísimas condiciones que le imponía Alemania, amenazó con devolver sus deudas con la UE en pesetas". Merkel quedó atónita con el modo de negociar granítico de un exasperante Rajoy cuya agenda no se mide en días sino en siglos.

Las meigas salieron al rescate de Rajoy cuando deshicieron los conjuros maléficos de Europa consiguiendo que Draghi pronunciara las palabras mágicas: "Haré lo necesario para salvar el euro". El BCE salió a comprar títulos a plazos de hasta tres años, de forma ilimitada: 60.000 millones de euros mensuales en bonos.

El coste en términos de soberanía fue brutal. La partida de los Presupuestos Generales del Estado para el pago de los intereses de la deuda externa española es una de las mayores en partida presupuestaria, solo detrás de los pagos de las pensiones. En el 2018 en 31.547 millones de euros, un 2,6% del PIB.

Así espantó el miedo de los inversores de animarse a volver a comprar deuda de países periféricos ante el riesgo de una eventual suspensión de pagos a la griega. A Rajoy le rescató Mario Draghi, no Merkel.

Le rescató el Banco Central Europeo con programa de compra de deuda que tuvo una fuerte oposición del Bundesbank alemán. Cuando Jordi Sevilla dijo aquello de que la recuperación económica "se llama Mario Draghi mucho más que Mariano Rajoy" tenía más razón que un santo. A partir de allí las relaciones entre la canciller y el gallego ya no serían las mismas.