El tipo se define con mensajes de este calibre.
Carlos Arnal, líder y portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de Las Rozas, se cubrió de estiércol con un ‘trino’ en Twitter en el que arremetía contra Esperanza Aguirre y poco menos que pedía guillotina para la que fuera presidenta madrileña:
Una tipa que tiene en la cárcel a vicepresidentes, consejeros y cientos de cargos de confianza, que está demostrado acudió a las urnas dopada económicamente, esta dando lecciones de democracia y Constitución. Poco nos pasa en este país. Y que poco se guillotina.
La cuestión es que cuando el político de la formación de Mónica García vio el revuelo que se había organizado, fue rápidamente a su timeline a borrar el tuit de marras.
Sin embargo, para desgracia de Arnal, su acción ya había dejado las suficientes huellas como para que de golpe y plumazo pudiera hacerlo desaparecer:
Al líder de Más Madrid en Las Rozas, un tal Carlos Arnal, no solo le falta educación y talante político, parece que también le falta valentía después de haber borrado este tuit contra Esperanza Aguirre y del que todo el mundo ya se ha hecho eco. pic.twitter.com/bDRwsoJHl4
— Juan Alonso Velarde (@juanvelarde72) November 9, 2023
Y no va a ser esa la única consecuencia que tenga que afrontar el de Más Madrid.
Según publica ‘The Objective’, Esperanza Aguirre ha encomendado su representación a Guadalupe Sánchez, abogada del despacho Novalex que pretende llevar el proceso por la vía civil con el objetivo de que el futuro demandado se disculpe, rectifique públicamente y pague una indemnización simbólica a la víctima, una cantidad en torno a los 1.000 euros.
La acción que se planteará será la prevista en la ley 1/1982: delitos contra el honor, la intimidad y la propia imagen. En concreto, el artículo 9, que establece que «podrá recabarse la tutela judicial por las vías procesales ordinarias o por el procedimiento previsto en el artículo 53.2 de la Constitución Española».
Según la letrada, «la libertad de expresión de la que gozan los cargos públicos tiene límites. En ningún caso amparan la difamación ni la descalificación, y mucho menos que desde la posición de privilegio que confiere la condición de concejal y de portavoz de un partido político, se aliente el odio o incluso la violencia contra una persona concreta».

