No hay nada más ridículo, cateto, necio o bobo que hablar de sí mismo en tercera persona. Quienes lo hacen, además, demuestran la inseguridad que provoca bien su ignorancia, bien su falta de preparación, bien su falta de méritos, además de una arrogancia y una egolatría de cuidado.
Y a María Jesús Montero no se le ha ocurrido mejor manera de inaugurar, de forma no oficial, su campaña de cara a las elecciones en Andalucía que hablar de sí misma en tercera persona.
La ‘Chiqui’ ha usado el ileísmo para presentarse como la salvadora de los andaluces y la candidata mejor preparada en la historia de la comunidad. De hecho, ha dejado entrever que está sobrecualificada para ser una «simple» presidenta autonómica, tras haber sido la mujer con más poder en la historia de la democracia. Aunque es curioso que con tanto poder, no pudo aprobar los Presupuestos Generales del Estado durante los últimos tres años.
«Lo realmente importante, o por lo menos lo que a mí me inspira y a mí me motiva, es el hecho de que probablemente —y esto en política es bastante inusual— una persona que tiene grandes responsabilidades en el Gobierno, en este caso vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, que probablemente ha sido la persona o, sin duda, la mujer con más poder del conjunto de la democracia, que ha tenido responsabilidades que, en definitiva, han supuesto más poder en el conjunto de la democracia, decida presentarse a unas elecciones autonómicas dejando sus cargos institucionales y apostando por Andalucía. Yo misma, en primera persona, de lo que estoy encantada, y el presidente del Gobierno prescindiendo de alguien de su equipo que desarrolla un trabajo importante para el devenir de la legislatura de Pedro Sánchez.
Así que me permiten que yo ponga en valor lo que me parece que tiene más valor, que eso no se ve habitualmente: que una persona con ese recorrido, con ese número de funciones que tiene asignadas, decida venir a Andalucía a disputar unas elecciones autonómicas para rescatar a los ciudadanos andaluces del desgaste y del deterioro de los servicios públicos.
A mí me parece esto en política algo digno de mencionar y me parece que también da, en primera persona, el testimonio de qué entendemos por poder los socialistas, que no es otra cosa que ponernos al servicio en aquellos lugares donde se nos necesita para dar lo mejor de nosotros mismos».