El pasado jueves, en un evento celebrado en Barcelona, Gabriel Rufián (ERC) e Irene Montero (ex-Podemos) se presentaron ante el público con la intención de crear un gran frente de la izquierda española. Su objetivo era derrotar a PP y Vox en las próximas elecciones generales. Sin embargo, el acto, moderado por el ecosocialista Xavier Domènech, no logró convencer a nadie dentro de su propio espectro político.
Domènech no dudó en comparar a Montero con la célebre Pasionaria y a Rufián con el revolucionario Robespierre, una analogía que sonó más bien a exageración. La respuesta de sus compañeros de partido fue rápida y contundente. Tanto ERC como Izquierda Unida (IU) se desmarcaron del planteamiento. Esta falta de apoyo deja al descubierto el profundo sectarismo y la fragmentación interna que caracteriza a la extrema izquierda, donde las lealtades locales eclipsan las ambiciones de carácter nacional.
El ninguneo de los suyos
La postura de ERC fue clara: no estaban interesados. Ni el presidente Oriol Junqueras, ni su mano derecha, Elisenda Alamany, asistieron al acto. En redes sociales, los republicanos reafirmaron su enfoque: su prioridad son los asuntos de Cataluña, es decir, «la gente, la lengua y los intereses» del país, dejando de lado las disputas internas de la izquierda española. «Podemos ayudar, pero no resolver», sentenciaron.
Por su parte, IU mostró aún más reticencia. Su líder, Antonio Maíllo, esquivó las preguntas sobre el acto y centró su atención en las alianzas andaluzas con Sumar y Podemos. En cuanto a este último, la respuesta fue diplomática pero fría: según Lara Hernández, «todo suma» para hacer frente a la derecha, aunque lo consideró «un paso más» sin enviar representantes al evento. Un análisis más profundo sobre esta situación se puede encontrar en el análisis detallado del evento en Vozpópuli, que muestra cómo este tándem parece generar más ruido que verdadera unidad.
Detrás de todo esto se encuentra un viejo problema de sectarismo, que obstaculiza cualquier posibilidad real de acuerdo. Mientras que Rufián y Montero buscan proyectarse personalmente, critican a quienes les rodean; la extrema izquierda parece más interesada en agendas fragmentadas que en construir una alternativa sólida. Para que ERC pueda reconstruir esa «izquierda española», es necesario que otros actores reconozcan la realidad catalana. En contraste, tanto IU como Sumar prefieren mantener sus alianzas regionales consolidadas.
Pifias y contradicciones acumuladas
Los errores cometidos por Rufián y Montero han minado su credibilidad ante sus posibles aliados. Aquí algunos ejemplos destacados:
- En relación con TikTok: Rufián optó por «llenar» esta red social antes que bibliotecas porque «su hijo mira TikTok». Esto provocó una respuesta airada del Col·legi Oficial de Bibliotecaris, que afirmó: «La cultura pública merece respeto; las bibliotecas no compiten con TikTok».
- En cuanto a exageraciones ideológicas: Aunque Domènech los elevó a héroes históricos, sonó más bien como una parodia. A su vez, la figura de Montero, presentada como «Pasionaria», arrastra el desgaste acumulado por años de gestión junto al PSOE.
- La contradicción entre independentismo y españolismo: Las posturas cambiantes de Rufián, quien pasa de defender la independencia a buscar pactos nacionales, han irritado a muchos dentro de su partido.
- La falta de autocrítica: Por otro lado, Montero parece ignorar los problemas internos de su formación, marcada por escisiones y derrotas electorales.
- Propuestas poco concretas: Hablan sobre unidad sin ofrecer detalles claros sobre cómo lograrla; esto se percibe como oportunismo.
Estos tropiezos evidencian un profundo desquiciamiento que aleja posibles aliados. Mientras tanto, Rufián sigue acumulando fallos culturales; Montero enfrenta batallas internas perdidas.
| Aspecto | Rufián | Montero |
|---|---|---|
| Pifia clave | TikTok vs. bibliotecas | Comparación con Pasionaria |
| Contradicción | Independentista pactista | Unidad tras rupturas en Podemos |
| Reacción aliada | Ninguneo de ERC | Elusión de IU y Sumar |
Antecedentes y posibles consecuencias
Este tándem surge tras una serie de derrotas electorales significativas. Mientras tanto, Podemos se disuelve dentro de Sumar, mientras que ERC pierde fuerza en Cataluña. Ambos intentan emular frentes pasados exitosos; sin embargo, el viejo sectarismo sigue siendo un obstáculo insalvable. Las consecuencias podrían ser graves:
- Una mayor fragmentación dentro de la izquierda solo beneficiaría a PP-Vox.
- Rufián podría ver comprometido su puesto dentro del partido republicano ya castigado por parte del electorado.
- Montero podría quedar relegada a una figura residual sin peso real en Sumar.
Si persiste este clima escéptico hacia el tándem propuesto, lo más probable es que el proyecto muera antes incluso de comenzar a andar. La extrema izquierda parece atrapada en un ciclo vicioso donde las rencillas personales prevalecen sobre cualquier estrategia conjunta.
Una curiosidad final: mientras Rufián generaba memes por su afición hacia TikTok, el Colegio Oficial de Bibliotecarios catalán sumaba ya 2.000 profesionales defendiendo el valor del libro físico. Un dato revelador que ilustra claramente el abismo existente entre los dirigentes políticos y la realidad cultural.
