Política
Cuchillo sangre YT

La pasión es mala consejera (El miserable Bernardo Montoya pasó 17 años en la cárcel por asesinato y trató de violar a una mujer durante un permiso).

La Audiencia de Barcelona juzga este 11 de febrero de 2019 a una pareja de amantes, Manuel C. y Sandra J., por acabar con la vida de quien en aquel momento era el novio de la mujer, José S. La Fiscalía pide para ambos una pena de 24 años de prisión por asesinato.

Sin embargo, el papel de Sandra, mujer de 35 años, histriónica, manipuladora y mentirosa- según detallan fuentes de la investigación- es una incógnita.

El fiscal propone hasta tres versiones alternativas sobre el rol que desempeñó la mujer en el crimen de su novio, ya fuera como coautora, cómplice o cooperadora necesaria. Si sólo ayudó a su amante, la pena quedaría sensiblemente rebajada: de 24, a 13 o a sólo tres años de prisión.

El cadáver de José S. apareció el 1 de junio del 2016 en un terreno arenoso en medio de una gran arboleda que se levanta al margen de una urbanización del barrio de Roquetes de Sant Pere de Ribes.

El cadáver presentaba dos puñaladas en el cuello y en el pecho. Tenía la cabeza sujeta con una piedra colocada bajo la nuca, los brazos desplegados en forma de cruz, los pantalones bajados y la camiseta levantada.

Lo más probable es que fuera arrastrado porque los calzoncillos y los calcetines también quedaron al descubierto. Pero había algo que llamaba la atención: detrás del gemelo escondía atado un machete.

La zona boscosa donde fue hallado el cadáver de José S. quedaba cerca del piso donde vivían su novia y el otro acusado. Los tres, adictos a las drogas, solían juntarse para tomar cocaína.

Cuando fue asesinado, Jose sabía que su pareja le engañaba con el compañero de piso y con otros hombres, lo que había motivado sonoras discusiones entre los tres, algunas de las cuales fueron presenciadas por los vecinos de la zona.

De hecho, pocos días antes del crimen, los dos pretendientes se enzarzaron en una pelea frente a ella en la que José S. salió malparado. Un vecino desveló ante la policía que los dos hombres se peleaban por ella.

La relación entre la víctima y Sandra pendía de un hilo pero ella se resistía a que José la dejara y para ello utilizaba una arriesgada estrategia que consistía en ponerlo celoso para atraerlo de nuevo.

El fiscal señala:

"la acusada usó distintos mecanismos para tratar de mantener la vinculación sentimental con José, desde buscar su compañía con cualquier pretexto, hasta tratándole de provocar una reacción celosa explicándole sus flirteos con otros hombres, uno de ellos el acusado Manuel C.".

Ya fuera por la droga o por amor, José se mantenía atado a ella.

A las pocas horas de que los Mossos encontraran el cuerpo, Manuel se presentó por sorpresa a comisaría y confesó el crimen.

"Ya no puedo más, vengo porque he matado a una persona".

Admitió haberle clavado un cuchillo a José en el cuello tras una discusión por medio gramo de cocaína.

En ese mismo momento quedó detenido. Su relato era coherente y daba ciertos detalles que sólo el asesino podía conocer.

Pero en aquella confesión sólo aparecía él, no decía nada de su amante Sandra J., que como descubrirían los investigadores también estaba en la casa cuando se produjo el crimen.

La mujer sería arrestada pocas horas después.En casa de Sandra y Manuel los Mossos encontraron ropa manchada de sangre y descubrieron una pared que fue repintada de blanco para enmascarar las salpicaduras que provocaron las cuchilladas. En el sótano había un carrito de la compra lleno de hojas de periódico chorreantes y empapadas de rojo.

En el rellano de la escalera un reguero de sangre permitía reseguir el recorrido que hicieron los dos amantes cuando transportaron el cuerpo desde el primer piso, donde se produjo el crimen, hasta el sótano donde el cadáver de José permaneció hasta que se deshicieron de él al día siguiente.

Los Mossos interceptaron mensajes de teléfono de Sandra con su hermana en la que le informaba de lo que había ocurrido y su intención de librarse del cadáver que yacía en el soterráneo:

"Hemos ido a prepararlo todo, a las dos ya estará fuera"; luego admitía que estaba "muy mal" porque había "limpiado su casa".

Esa proactividad para deshacerse del cuerpo es lo que empuja a la Fiscalía a pensar que Sandra también tuvo un papel determinante para ejecutar el crimen. Y además, descubrieron que Sandra tenía un corte provocado por un cuchillo en el brazo izquierdo.

La gran duda es si Sandra tomó partido y ayudó a Manuel a acabar con la vida de su novio. Luego, según la investigación, los dos acusados cargaron el cadáver en un carrito de la compra y entre periódicos y una manta lo trasladaron hasta el camino rural en el que fue abandonado.

El día de autos, Sandra citó a su novio en su casa para que los dos hombres se peleasen por ella. Eso explicaría que el fallecido llevase un machete escondido en la pantorrilla. Cuando los Mossos descubrieron todas aquellas evidencias tanto en el piso como en el sótano, Sandra con gran nerviosismo y tras unas cuantas evasivas, sólo pudo responder:

"Eso me pasa por ayudar".

Al verse acorralada, en una reacción exagerada y grandilocuente empezó a gritar y a convulsionar. Los Mossos que ya la conocían de anteriores altercados en el barrio esperaban una respuesta desmesurada como la que estaban presenciando.

José S. murió con 36 años. Había salido de prisión hacía tres años y durante ese tiempo intentaba no volver a equivocarse en una sociedad que le brindaba una nueva oportunidad.

Estaba rehaciendo su vida con Sandra J., con quien se veía a escondidas porque estaba casada pero con la que aspiraba a emprender una nueva vida cuando dejó a su marido. Sin embargo, en su camino se cruzaron otros hombres y la suya nunca dejó de ser una relación tempestuosa.

José pasó una temporada con su hermana hasta que acabó de okupa en un piso en Roquetes donde se instaló cerca de su novia, justo al lado donde su cadáver sería encontrado meses después.