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América
Cardenal Ezzati y monseñor Goic
Ayer -no teníamos la conciencia de hoy- manteníamos en silencio estos abusos de menores, decíamos que eran debilidades humanas, se trasladaban a otros lugares a los sacerdotes. Hoy, eso se acabó, gracias a Dios

El allanamiento del obispado de Rancagua, hasta hace unos días presidido por don Alejandro Goic, ha dejado en evidencia un revelador testimonio que puede dar luces para encontrar las causas de la profunda crisis que afecta a la Iglesia chilena.

Se trata de una carta privada que el obispo Goic escribe al cardenal Ezzati, cuyos fragmentos han sido publicados por el diario El Mercurio del domingo 22 de julio. Dicha misiva es parte de los documentos incautados en la pericia judicial a cargo del fiscal Emiliano Arias.

En sus partes más relevantes, la carta del obispo Goic dice: "Quiero en espíritu de fraternidad y amistad, expresarte algunas preocupaciones. Lo que tú dices y lo que tú haces repercute en toda la Iglesia en Chile (...) quiero compartir dos temas de preocupaciones: 1. El ejercicio de la autoridad, 2. El tema de los abusos en la Iglesia".

Haciendo referencia a la sucesión del cardenal Francisco Javier Errázuriz que instaló a Ezatti en el arzobispo de Santiago, el ex obispo de Rancagua señala que su llegada ha sido acogida con "beneplácito" y agrega que fueron testigos del "sufrimiento" de Errázuriz "en sus últimos años por los dolorosos episodios tan complejos y difíciles. Tu presencia y tus primeros signos fueron de mucha esperanza en este campo. Trajeron una nueva mirada. Tu acogida a las principales víctimas del P. F. Karadima crearon una nueva imagen. El protocolo de la Conferencia Episcopal y la creación del Consejo Nacional de Prevención de Abusos fueron señales potentes. Me pediste la conducción de éste."

Y agrega el obispo:

"A veces tengo la impresión, quizás muy subjetiva, que no compartes los criterios de la Comisión Nacional en estos delicados temas. A su vez, miembros de la Comisión manifiestan su disconformidad frente a algunas situaciones que te ha tocado asumir. A mí, no me ha sido fácil. Mantener la comunión contigo y respetar y escuchar los juicios críticos de los integrantes requiere un equilibrio complejo. Quizás, es responsabilidad mía, ha faltado provocar un diálogo fraterno, en que, por el amor al Señor y a la Iglesia, conversemos sinceramente y aunemos criterios en materias que han marcado dolorosamente nuestra Iglesia".

 

A continuación, menciona tres criterios que se deben considerar. El primero es la "Atención pastoral a las personas que han sido víctimas y sus familias", que están "profundamente heridas" por los "abusos y las injusticias, han sido dañadas y traumatizadas (...) Como Iglesia necesitamos desarrollar una mayor actitud empática hacia estas personas, más allá de sus rabias, de sus injustas descalificaciones".

Y agrega: "el caso que más ha impactado en la opinión pública nacional ha sido el de las víctimas del P. Karadima. Al comienzo de tu servicio fue un signo extraordinario que te reunieras con ellos; después, lamentablemente, esto no continuó. Sé que han sido injustos, duros, incluso a veces han mentido. Pero nada de aquello les quita la condición de víctimas heridas y dañadas".

El segundo es "La transparencia en estos temas", donde señala que se trata de un "tema crucial. Nos siguen acusando de secretismo, a pesar de todo el esfuerzo que hemos hecho como Iglesia. No hemos logrado cambiar la imagen".

Y haciendo eco a las palabras del P. Felipe Berríos SJ, manifestada en una entrevista difundida por los medios, comenta: "Es cierto que éstos no son criterios de verdad, pero son indicadores de un malestar que está presente. Aquí, está en juego, me parece, la credibilidad de nuestra misión".

En otra parte agrega que "ayer -no teníamos la conciencia de hoy- manteníamos en silencio estos abusos de menores, decíamos que eran debilidades humanas, se trasladaban a otros lugares a los sacerdotes. Hoy, eso se acabó, gracias a Dios. Tenemos conciencia que no sólo es un pecado gravísimo, sino también un delito ante la ley civil. Nadie hoy puede mantener en silencio los abusos de menores. Quien lo hace se pone en situación de terceros y también de cómplices. (...) El eventual silencio termina en filtraciones internas y en rumores. No podemos actuar bajo la lógica de intervenir y decir nuestra palabra sólo una vez que la prensa se entera. Si ponemos a las víctimas en primer lugar tenemos el deber moral de actuar con la verdad. Una política de mayor transparencia es una señal necesaria e indispensable en esta hora".


En el tercer punto se refiere a los sacerdotes. Respecto a los "sacerdotes culpables", señala que están con "frecuencia perdidos, confundidos, avergonzados. Otros lo negarán todo. Necesitan ayuda especialmente de expertos para entender, acompañar y evaluar la situación. El tratamiento mediático requiere una unificación de criterios para enfrentar estos dolorosos episodios".

Y agrega que "hemos de velar por todos nuestros sacerdotes, alentándolos a apoyarse mutuamente como hermanos. La gran mayoría de los sacerdotes viven en gozo su ministerio y trabajan generosamente. El clero sano lleva este enorme peso. Debe compartir la vergüenza de sus hermanos sacerdotes culpables de abusos por el simple hecho de pertenecer al mismo presbiterado. Debe sufrir muchas veces incomprensiones injustas".

Al final, el obispo Goic le expresa al cardenal una auténtica corrección fraterna, donde le dice: "La impresión que he oído de colaboradores tuyos en Santiago, también en la CECH (Conferencia Episcopal de Chile), es que no escuchas con la disposición del corazón de tratar de entender la proposición de los otros, que te reservas, a veces, asuntos delicados sin compartirlos colegialmente. Algo de eso he experimentado personalmente".

La carta se escribe cuando el cardenal Ezatti concentraba las responsabilidades de arzobispo de Santiago y era presidente de la Conferencia Episcopal, en cuyo contexto el obispo Goic le dice:

"Tú tienes ambas responsabilidades (ser arzobispo y presidir la CECH). Es una sola voz la que se escucha. Se requiere más diálogo interno (...), pero hay laicos e incluso muchos hermanos obispos, que me manifiestan sentir cierta inhibición ante ti. Sienten temor a las consecuencias que pudieran tener sus eventuales discrepancias y ello les impide hacer contribuciones que puedan ser valiosas. El temor les paraliza y es evidente que eso no es sano (...). Es evidente que en todo grupo hay planteamientos diferentes, sugerencias, miradas que a veces no nos agradan, pero hemos de escuchar y tratar de descubrir la parte de verdad que tienen".

Y concluye diciendo, "Querido Ricardo, gracias por acoger esta carta en espíritu de fraternidad. Rezo por ti por tu doble misión que sé no es fácil. Si quieres que conversemos su contenido estoy a tu disposición. (RD/Agencias)