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América
La lacra de los abusos en la Iglesia
Lena consiguió frenar la litigación utilizando tácticas como la defensa de la soberanía de la Santa Sede o la necesidad de traducir todos los documentos legales a latín, el idioma oficial de la Iglesia

(Cameron Doody).- Nueva York, Nueva Jersey, Nebraska, Nuevo Mexico, Florida, Missouri, Illinois, Kentucky... son cada vez más los estados nortamericanos que han anunciado su intención de investigar a la Iglesia católica por los abusos sexuales. Pero... ¿y si el Departamento de Justicia investigara a la Iglesia a nivel nacional o internacional? ¿Y no "solo" por abusos o encubrimientos puntuales, sino como si se tratara de una organización diseñada para delinquir... incluso hasta en la Santa Sede? Ya hay quien especula con la posibilidad, pero hay dificultades. Sobre todo, las que pondría Jeffrey Lena, el abogado del Vaticano en los EEUU.

En este último escandalo de abusos que ha emanado del informe de horrores de Pensilvania, el fiscal general de este estado, Josh Shapiro, dio las primeras pistas de que una investigación a nivel nacional de la Iglesia podría materializarse pronto. "He hablado con un representante del Departamento de Justicia", reconoció Shapiro en una entrevista con el New York Times. Aunque el letrado no quiso hacer más precisiones en aquel momento, es de suponer que compartió con el representante del ministerio la misma convicción que compartió con los medios nada más publicarse el informe del gran jurado. Que para encubrir los abusos cometidos por sacerdotes, los obispos "le mentían a los feligreses, le mentían a las fuerzas de la ley, le mentían al público, pero luego documentaban todo en archivos secretos que compartían frecuentemente con el Vaticano".

Suponiendo, así pues, que los obispos mentían, y las autoridades vaticanas estaban al tanto de semejantes mentiras, tal y como alega Shapiro... ¿esta forma de actuar se puede considerar como crimen organizado, según la ley estadounidense? Difícilmente, según recuerda el periódico York Daily Record, principalmente porque la ley contiene una definición específica de qué constituye una "organización" exactamente que los jueces han interpretado como no pertinente a la Iglesia, además de una cláusula que especifica los delitos típicos de las mafias, entre los cuales no figura el de abuso sexual de menores.

Hay otras pegas también a una posible investigación federal de la Iglesia por actividad mafiosa, y las más importantes son las que ha puesto el abogado del Vaticano en los EEUU, Jeffrey Lena, cada vez que víctimas de abusos han intentado sostener en los tribunales que la Santa Sede es la última responsable de lo que han sufrido. Como cuando un hombre intentó demandar al Vaticano por haber transferido un cura que abusó de él desde Irlanda a Oregon, y Lena consiguió frenar la litigación utilizando tácticas como la defensa de la soberanía de la Santa Sede o la necesidad de traducir todos los documentos legales a latín, el idioma oficial de la Iglesia.

 

¿Quién es Jeffrey Lena?

Pero, ¿quién es este hombre que recurre a cualquier artimaña legal, o eso parece, para evitar que la cúpula eclesiástica reconozca su parte de la culpa por los abusos sexuales? A pesar de que Lena -californiano de nacimiento que ronda ahora los 60 años de edad- haya conseguido enfadar a muchas víctimas por sus astucias en los tribunales, los que mejor le conocen aseguran que no es tan mala persona.

En una entrevista con AP en 2010, por ejemplo, declaró que solo empezó a trabajar para la Santa Sede -en un caso en el que el 'banco del Vaticano' fue acusado de haber guardado tesoros confiscados por los nazis- cuando otros abogados se negaron a aceptar el trabajo, citando temores a que la publicidad de un caso relacionado con el Holocausto afectara a su reputación. En esa misma entrevista, Lena también explicó la razón de su defensa de la inmunidad de las autoridades vaticanas de ser procesados en otras jurisdicciones. Porque "el Papa no es un general de cinco estrellas que manda a sus tropas". Porque "los obispos diocesanos no son agentes ni vicarios del Papa, para nada. La autoridad de un obispo deriva de su oficio. Es el obispo quien controla a su diócesis y a lo que pasa".

En otra entrevista con el Washington Post, también en 2010, Lena explicó cómo había conseguido el trabajo con Roma, diciendo que se debió a sus "asociaciones académicas y profesionales" en Italia, país -concretamente, en Milán- donde estudió en los años 90. Aunque el letrado se negó a revelar quién fue exactamente el que le contrató, hay indicios de que fue el abogado del ya fallecido presidente de Fiat Gianni Agnelli -Franzo Grande Stevens- quien consiguió su contratación con el Vaticano.

Sea como fuere su llegada a las riendas de la defensa legal de la Santa Sede en Norteamérica -y a pesar de todo el poder del que ha disfrutado, llegando a actuar en ocasiones como un portavoz de Roma en los EEUU- Lena desprende una sencillez que recuerda a la del Papa Francisco, hombre con el que se aloja cada vez que viaja al Vaticano, en la Casa Santa Marta.

Dicen de él que no es el típico abogado agresivo y prepotente, tal como puede haber en los bufetes más exclusivos y poderosos. De hecho, trabaja desde una pequeña oficina con dos o tres compañeros como mucho. Y eso desde un lugar que prefiere no revelar, ya que ha llegado a recibir amenazas por su trabajo defendiendo a una organización que ha caído en los últimos años a mínimos históricos de credibilidad. Pero esta humildad tal vez sea una baza a la hora de intentar llegar a la verdad de lo que pasó en la Iglesia para que permitiera tantos abusos y encubrimientos. Aunque esta verdad no nos guste a ninguno.