• Director: José Manuel Vidal
América
Rubén González, obispo de Ponce
Lo que la Iglesia defiende, sobre todo en Puerto Rico, es que Puerto Rico nació católico: es la herencia que España nos dejó, y eso es lo que defendemos por encima de todo

(José M. Vidal).- Rubén Gonzalez, obispo de Ponce, claretiano con "barbas de misionero" capuchino se siente orgulloso de la canonización de monseñor Romero, porque es un don para el mundo y una esperanza de que "al final, la justicia se cumple". El prelado portorriqueño asegura que su país sigue siendo "una colonia del imperio norteamericano", pero advierte que el pueblo está "tomando conciencia de su identidad y de su cultura".

¿Participó en la misa de acción de gracias por la canonización de Romero como representante de Puerto Rico o a título personal?

Las dos cosas: estamos participando en el Sínodo, y vine a la eucaristía porque mantengo muy buena relación con los obispos del Salvador a través del CELAM. Y personalmente con monseñor Gregorio Rosa. Este proceso de la canonización que hemos vivido juntos, acompañándonos en los momentos importantes, fortalece nuestra fe y nos abre un mundo, como quería monseñor Romero, en búsqueda de la justicia, de la paz, de la alegría y, sobre todo, de vivir el Evangelio con garra. Con los pies en la tierra.

Es un orgullo para Latinoamérica, y para el mundo, ¿no?.

Correcto. Y, sobre todo, como una bendición de un pueblo que ha sufrido, de un pastor que acompañó este sufrimiento y que, desde esta óptica, testimonió dando su vida, Que sembrándose en el corazón del pueblo, como él bien dijo: "Resucitaré en mi pueblo". Y se ha cumplido: lo hemos visto.

¿Por qué tardó la Iglesia? Porque el pueblo sí le hizo santo, casi de inmediato.

Casi no; inmediatamente. Son los procesos históricos. Recuerda que con Pablo VI se inicia el aterrizaje del Concilio Vaticano II. Romero nace, prácticamente, como pastor, al amparo de Pablo VI. Se identifica con su doctrina, su magisterio, su estilo de vida y lo pone en práctica.

Con Pablo VI y con el Concilio, en definitiva.

Sí. Y esto, además de llevarlo a la vida, viene porque quien se propone vivir el Evangelio con radicalidad, que se prepare para cargar la cruz. Porque Jesucristo ha prometido a quien le siga vida, pero con persecución. Esa fue la vida de Romero y ha sido la vida de este pueblo. Entonces, en un proceso histórico de oscuridades, incluso de hermanos obispos que no lo comprendieron en su pensamiento, en su estilo de vida, hoy, asombrados contemplamos que cuando se es fiel a Dios, Dios no le falla a nadie.

¿Qué puede traer para el Salvador, y para el mundo en general, la canonización?

Yo pienso que la esperanza de ver que la justicia, al final, siempre se cumple. Recordando que justicia es la búsqueda del bien común. Y este bien común Romero lo buscó, sobre todo, para los desfavorecidos, para los pobres, para los sin-tierra, para los sin-sueldo, para los sin-derechos. Y se convirtió en la voz de los sin-voz.

¿Tuvo que llegar un papa latinoamericano, un papa como Francisco, para elevarle a los altares?

El proceso ya se había iniciado con anterioridad. Repito, desde mi punto de vista, que esto es un cuestión de historia. Y la conversión no se da de cantazo; Romero no se convirtió de cantazo tampoco. Es un proceso de maduración, y la Iglesia tenía que madurar. Y gracias a Dios que esta maduración se da con un papa latinoamericano. Es decir, con ese proyecto de esperanza que Latinoamérica siempre ha tenido en el corazón y que se ha ido gestando desde un discipulado, desde una misión, desde una conciencia de servicio a los demás.

¿En el sínodo hay buena onda?

Muy buena: hay un ambiente muy esperanzador.

Pero, ¿va a salir algo concreto?

Sí, yo estoy convencido.

¿Algo revolucionario? Los jóvenes son revolucionarios.

Ese es el reto. Acuérdate: el Papa dice que hay que hacer lío, lío. Yo le pregunto a los muchachos: ¿De dónde se sacó el Papa eso de lío? Y cuando me miran así, con cara de no saber, les digo: Pues lo sacó del Evangelio: E-van-ge-lio. (risas) Así que el lío lo armó el Maestro de Nazaret.

"Se non è vero, è ben trovato"

Es curioso, es una experiencia que se da, que se vive y que se trasmite. Y ese es el ambiente que hay en el sínodo. Claro que hay ciertas cosas que va a ser difícil aterrizarlas para todos. Pero la puerta está abierta y cada continente tendrá que tomar las opciones. Tendrá que aterrizar el sínodo en su realidad. Yo creo que esta va a ser la gran fuerza de este sínodo.

¿La Iglesia portorriqueña sigue viviendo a la sombra de Estados Unidos?

Perdóname, no la Iglesia; en eso la Iglesia vive al amparo de Roma. No; no. Que quede claro.

El país, entonces

El país, sí. Hay que tener presente que Puerto Rico es una colonia del Imperio norteamericano. A veces nos preguntan: ¿Y cuando se van a hacer Estado? Y esto es algo que no depende de nosotros; es una decisión del Congreso. Pero el pueblo va madurando en sus opciones cada vez más. Esto último que sucedió con el huracán María, toda la situación que se vio con el presidente Trump, va dando conciencia de que hay que promover un cambio, una realidad política diferente, que se está gestando.

Si entiendo bien, el pueblo está tomando conciencia de su identidad

Correcto. Lo cierto es que estamos luchando para que el puertorriqueño y la puertorriqueña cada vez cobre más conciencia de su identidad y de su cultura. Lo que la Iglesia defiende, sobre todo en Puerto Rico, es que Puerto Rico nació católico: es la herencia que España nos dejó, y eso es lo que defendemos por encima de todo.

Después, la opción política, que el pueblo decida. Pero que no sea simplemente por una cuestión económica capitalista. De dinero. Sino que sea una conciencia de servicio de justicia, de búsqueda del bien común, donde la gente y especialmente los más pobres y necesitados, se vean ayudados. Y, sobre todo, se les pueda resolver apostando ellos, no solamente un mantengo. Que se pueda tomar una conciencia nueva social.

Es obispo de Ponce, ¿no?

De Ponce, Puerto Rico.

Eso está...

Al sur de la isla.

¿Es una diócesis grande?

Es grande: es la segunda ciudad del país. Tenemos 43 parroquias, una Universidad pontificia, un seminario... En fin.

O sea, que les va bien.

En el trabajo, sí

Imagino que, con esa barba, usted es capuchino...

No, yo soy claretiano.

¿Claretiano?

Me gustan las barbas: es la barba de la misión.

Llamará mucho la atención, ¿no?.

Si, pero me dicen: Capuchino, ¿no?  Y yo: No, no. Claretiano. Se identifica la barba con los capuchinos...

Ulloa y González