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América
Monseñor Giovanni Paz
En el Cantón Pangua existe una grave contaminación ambiental, producto de una compañía minera que está arrojando todos sus deshechos a los ríos, que están completamente contaminados, afectando a la salud humana y de los animales

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Monseñor Giovanni Mauricio Paz Hurtado es obispo de la diócesis de Latacunga y Presidente de la Comisión de Pueblos Indígenas en la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. Como denuncia en esta entrevista, muchos de los problemas que afectan a los pueblos indígenas ecuatorianos tienen que ver con cuestiones ambientales.

Pensando en una conversión ecológica, el prelado afirma que cuando participa en “asambleas en defensa de naturaleza en las zonas afectadas, siempre hago referencia a la Laudato Sí”, destacando la importancia del cuidado de la Casa Común, un aspecto en el que destaca el papel fundamental del Sínodo para la Amazonía.

Monseñor Paz insiste en la necesidad de denunciar, pues “estamos llamados a ser más profetas y comprometidos realmente con el pueblo”. En ese sentido, el prelado reconoce que no siempre son respetadas las leyes por las empresas mineras y por el gobierno. Por eso, mucha gente le ha dicho “que los únicos que están con nosotros es la Iglesia, el resto nos abandona”. Desde ese punto de vista, afirma que “la presencia de cercanía, estar con el pueblo, creo que es nuestra misión”.

¿Cuál es la situación por la que pasan hoy los pueblos indígenas en Ecuador?

En mi diócesis existen graves impactos ambientales, en consecuencia de la minería, y desde hace años hemos venido colaborando en la defensa de la naturaleza. Trabajamos en mi diócesis de origen, en Imbabura, con la Decoin, Defensa y Conservación ecológica de Intag, que es una organización ecologista, desde ahí lo hemos defendido. Por eso, los impactos que vive la población es producto de la minería, los impactos ambientales como la deforestación, la pérdida de biodiversidad, la contaminación del agua, de la tierra.

Los campesinos dicen, queremos que las compañías mineras se vayan y nos dejen trabajar, porque en la zona, concretamente en Palo Quemado y Las Pampas, exportan la panela, y al haber contaminación ambiental en sus productos perderían esa certificación verde que tienen. Ahora mismo, en el Cantón Pangua existe una grave contaminación ambiental, producto de una compañía minera que está arrojando todos sus deshechos a los ríos, que están completamente contaminados, y el agua, que es vital para muchos pueblos está siendo afectada, afecta a la salud humana, a los animales. Muchos pueblos viven esta realidad.

Nuestro cantón de Latacunga tiene una pésima agua, con lo que el cuidado del agua, el cuidado de las fuentes hídricas se convierte en una prioridad. Son dos años en los que el Domingo de Ramos no bendecimos ramas secas, sino plantas. Hemos hecho proyectos de reforestación de las cuencas con colegios, con parroquias, con los scouts, para buscar cuidar el agua. Pienso que es una responsabilidad de todos, como nos dice el Papa Francisco, dejar un mundo mejor. Cuando hay estas contaminaciones ambientales, el Papa también lo dice en la Laudato Si, intereses económicos son para favorecer a pocos y se olvidan del resto de la población.

 


 

¿Hasta qué punto la Iglesia católica en Ecuador está trabajando para que la Laudato Si sea conocida y sea un instrumento válido en la reflexión sobre la ecología integral y en la defensa del medio ambiente?

En todos los espacios que podemos trabajar, sea en la formación de los jóvenes, lo hacemos, en las comunidades, en esas mismas asambleas. Cuando he participado en todas estas asambleas en defensa de naturaleza en las zonas afectadas, siempre hago referencia a la Laudato Sí. Tratamos de llegar con este mensaje del Papa a que todos tomemos conciencia, como dice el Papa, del cuidado de la Casa Común y bajo una ecología integral, en donde lo primero es la persona humana.

Sí estamos trabajando, hemos hecho también foros en Latacunga sobre la Laudato Sí, aprovechando el día del Medio Ambiente, el día del Agua, nos estamos esforzando. En la Radio Latacunga mantenemos un espacio donde damos a conocer la Laudato Sí.

El Sínodo de la Pan Amazonía, cuyo proceso ya ha comenzado, y que tendrá su asamblea sinodal en octubre de 2019, tiene como uno de sus aspectos, esa ecología integral. ¿Hasta qué punto este sínodo puede ayudar en la toma de conciencia por parte de la Iglesia católica sobre esta problemática?

Yo creo que va a ser algo muy importante para nosotros. En nuestra diócesis, Monseñor Rafael Cob, que es delegado de nuestro país para el Sínodo, ha venido a compartir sobre el Sínodo Panamazónico con el clero y la vida religiosa. Queremos y debemos todos ir tomando conciencia sobre el cuidado de la Casa Común, y lógicamente yo creo que defender la naturaleza es defender la vida. Somos defensores de la vida y siempre será para nosotros una prioridad lo que San Francisco de Asís habla de las cuatro armonías, la armonía con Dios, la armonía con los hermanos, la armonía consigo mismo y la armonía con la naturaleza. Es tarea fundamental buscar esas armonías y ser defensores.

En el mundo actual, pienso yo que se requiere cada día tener actitudes concretas, en primer lugar en ser proféticos, denunciar estas situaciones cuando vemos irregularidades que ocurren, porque en todas las concesiones mineras, muchas veces son puros intereses económicos, y denunciarlos, pues creo que estamos llamados a ser más profetas y comprometidos realmente con el pueblo.

En esa presencia de las empresas mineras en el Ecuador, sobre todo las petroleras, ¿hasta qué punto el gobierno está dejando que esas empresas continúen contaminando el medio ambiente?

Creo que al gobierno le interesa el dinero, ellos ven los minerales como un ingreso para sus temas de gobierno, lo cual tienen como prioridad. Es por eso que, en muchas ocasiones, cuando se entrega una concesión minera, no se hace lo que debe hacerse en todos los proyectos, que es la socialización y el estudio de impacto ambiental, que es lo primero que debe hacer una compañía para tener la concesión. Pero nos damos cuenta que esto se salta, porque a lo mejor hay dinero por medio y hay regiones donde hasta el 80% del territorio está entregado a una concesionaria.

¿Hasta qué punto la Iglesia católica, la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, intenta dialogar o denunciar esos impactos, no sólo ambientales, sino también sociales y personales?

Nosotros siempre hemos tomado esa actitud, de defender, de denunciarlo y manifestar siempre con claridad que estamos llamados a defender la naturaleza y queremos comprometernos cada día más en la defensa. Creo que el camino que estamos haciendo de acompañamiento a los pueblos, que la gente confíe en nuestra palabra, confíe en nuestra presencia. En muchos de esos lugares de los que hablo de mi diócesis, me han dicho claramente que los únicos que están con nosotros es la Iglesia, el resto nos abandona. La presencia de cercanía, estar con el pueblo, creo que es nuestra misión.

¿Ese sentimiento de defensa es común en la Conferencia Episcopal, o está más presente en los obispos encargados de las pastorales sociales?

Creo que la gran mayoría somos conscientes de la defensa de la naturaleza. Existen bastantes obispos, creo yo, que su postura ha sido bastante clara en defensa de la naturaleza. Así que creo que vamos creciendo. Además, que el Papa nos entregue esa hermosa carta, que es la Laudato Sí, para nosotros es ya un compromiso.

En ese sentido, ¿usted cree que el Papa Francisco, con su postura, con sus escritos, con la Laudato Sí, con sus palabras de constante defensa de la naturaleza, de la Casa Común, está ayudando para que la Iglesia, también los obispos, tomen conciencia de la importancia de eso?

Claro que sí. Para mí, cuando el Papa sacó esta carta, yo decía que el Papa ha bendecido todo lo que en los 25 años atrás se ha estado trabajando. Para mí fue una bendición la carta, y una garantía que estamos por el camino correcto, que defender la naturaleza es defender la vida.