Religión
Declaración final de la primera Asamblea del Sínodo Nacional Laical de Chile
Erradicar la cultura del abuso de poder, proponiendo acciones orientadas al establecimiento de la justicia y reparación, creando un ambiente seguro para todas y todos

(Aníbal Pastor N.*).- La manifestación palpable de que otra iglesia es posible, fue lo que quedó en la retina, en la memoria y en el alma de todos y todas las participantes. El inicio del sínodo constituyó, en definitiva, un hecho sin precedentes y la gran buena nueva de hoy: las mujeres y hombres militantes de la iglesia en Chile, que han sufrido la crisis de abusos de poder en todos los ámbitos, perdieron el miedo.

Lo hicieron a contracorriente. Sin dinero. Y a pesar de algunas llamadas telefónicas jerárquicas que aconsejaban no asistir. Lo hicieron superando las barreras internas levantadas por quienes aparentan ir en el mismo sentido. Pero sobre todo, se venció el miedo reflexionando, llorando juntos, contendiéndose unos a otras, diciendo en su tiempo lo que había que decir, y haciendo, celebrando y compartiendo "como Dios manda" según el decir popular.

ASÍ OCURRIÓ:

Hace un año, la visita de Francisco a Chile tan manipulada por la elite, se transformó un hito inicial. Al irse el papa del país, la desazón colectiva invadió el mundo eclesial en Chile. Eso de que venía "a confirmar en la fe" era solo una frase sin sentido, más cuando se iba exigiendo "pruebas" contra los delitos de abusos que todos y todas ya sabían gracias al valiente testimonio de tres hombres que hace ocho años salieron a la luz pública para contar lo que les había sucedido.

El ejemplar testimonio de Juan Carlos Cruz, que fue a la asamblea a animar a los participantes, sumado al de José Andrés Murillo y James Halmilton fue fundamental. Luego, la corriente que abrió el laicado de Osorno para enfrentar a uno de los obispos encubridores de delitos, fueron parte de los hitos fundacionales de una laicado sin miedo.

Pero así como «el viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va" y que "lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu» (Jn 3,8), fue el mismo Francisco quien después animó y motivó al laicado mediante su carta Al Pueblo de Dios que Peregrina en Chile, de mayo de 2018:

Exhorto a todo el Santo Pueblo fiel de Dios que vive en Chile a no tener miedo de involucrarse y caminar impulsado por el Espíritu en la búsqueda de una Iglesia cada día más sinodal, profética y esperanzadora; menos abusiva porque sabe poner a Jesús en el centro, en el hambriento, en el preso, en el migrante, en el abusado.




 

Y ASÍ FUE.

Tras un año de aquello, comenzaron a dar frutos el esfuerzo de un grupo de laicas y laicos que promovían este "caminar juntos" (significado de sínodo) por todo el país para que fuere nacional. En la medida que la red crecía y por no contar con obispos creíbles, se definió como un sínodo autoconvocado.

Finalmente, para hacerlo realidad, se hizo como siempre este laicado comprometido hace en sus comunidades pobres para sobrevivir: ejercer la solidaridad y practicar la autogestión. Los recursos comenzaron a llegar como la multiplicación de los panes: desde canastas vacías todos y todas lograron almorzar dos días seguidos.

Y ASÍ FUE.

La diversidad de experiencias, de quehaceres pastorales, devociones marianas, espiritualidades y carismas religiosos, opiniones político-eclsiásticas, metodologías diferentes para dar cuenta de la realidad, las actitudes para enfrentar la jerarquía y al clero... la consideración de las religiosas como laicas de la iglesia, la diversidad cultural dada por las regiones del país y cada vez más compleja con la inclusión de pueblos originarios y migrantes... nuestras diferencias sociales, económicas y políticas, de dar diferentes acompañamientos a los movimientos sociales... la diversidad teológica en que todos y todas fueron formados... más los carismas, egos y liderazgos de las personas... cada uno de esas diferencias constituía un mundo en sí que solo podía ser unido por el Espíritu.

 


 

Y ASÍ FUE.

El viejo pero espléndido teatro de los jesuitas ubicado al costado de la tumba del Padre Alberto Hurtado, tiene un foro habilitado con sillas para 250 personas. Cupieron 300. Otras 4.200 fueron alcanzadas por la transmisión en vivo por internet y de ellas 811 interactuaron con preguntas y comentarios.

Pese a esta exitosa convocatoria, lo relevante no fue la cantidad sino que la calidad de las personas asistentes.

En este escenario se dio cita la médula de la iglesia chilena, es decir, personas militantes que dan vida a las comunidades, movimientos, espiritualidades, parroquias y obispados. Hasta a algunas comisiones de la Conferencia Episcopal. Estaban las personas más activas en catequesis, liturgia, solidaridad, y pastorales especializadas como derechos humanos, el mundo rural, diversidad sexual, migrantes, mapuche, mujeres, etc. quienes llegaron a Santiago desde el sur y norte del país. También, hay que decirlo, religiosas (que son laicas) que siempre acompañan a su gente y algunos curas que son fieles al pueblo de Dios.

Y ASÍ FUE.

Porque el lugar de la reunión tenía una significación especial. Alberto Hurtado, sacerdote jesuita de mitad del siglo pasado, conmovió a Chile entero preguntándole si verdaderamente sería un país católico si no practicaba la solidaridad con los pobres y con los niños.

Fue, Hurtado entonces, quien animó a los universitarios a entrar en política para superar la pobreza. Él formó a sindicalistas chilenos en dignidad y derechos. Él inspiró las vocaciones más fieles que han acompañado al laicado en la lucha por los derechos humanos y a las comunidades cristianas populares durante décadas... hasta que envejecieron y fueron sustituidas por la iglesia del poder, del dinero, de los delitos y la cultura del encubrimiento. Por los que creían que el Conciilio Vaticano II había sido demasiada concesión. ¡Pero fallaron!

Por eso, ese fin de semana del 5 y 6 de enero de 2019, cuando tuvo lugar este sínodo, el santo de la justicia social, Alberto Hurtado, debe haber gozado como nunca con los tres centenares de visitantes a su tumba. Él abrió las puertas y ventanas de su santuario para que la Ruáh soplara más fuerte. Él debe haber mirado al Padre/Madre al terminar la asamblea exclamando: "Contento, Señor, Contento".

 


 

Y ASÍ FUE.

Los contenidos de la "iglesia en éxodo" como le llamaron en una de las reflexiones, "iglesia en salida" le dice Francisco, serán plasmados en un documento que elaborará con calma la coordinación nacional de la red laical en los próximos meses.

No obstante, la declaración emitida al finalizar el encuentro, dejó en claro tres cosas:
La primera, es que entre las causas de la crisis de la iglesia se hallan "el clericalismo, el abuso de poder, la indolencia y la falta de conciencia crítica del laicado".

Segundo, que la otra iglesia que es posible está constituida por comunidades de base, que busca y ejerce la justicia, es servidora y abierta a las necesidades de la gente y al mundo; es horizontal, diversa, participativa e inclusiva, con real protagonismo de mujeres y jóvenes.

Y tercero, que serán líneas de acción en este proceso sinodal las siguientes: la modificación de la estructura de poder para incluir al laicado en especial a las mujeres; la formación del pueblo de Dios; y la erradicación de la cultura del abuso de poder, con justicia y reparación.

QUE ASÍ SEA.
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* El autor es periodista, y en representación del Centro Ecuménico Diego de Medellín participó en la organización de la primera asamblea del Sínodo Laical de Chile.

 

 

 

 

 

 


 

 

Declaración final

 
Nosotros, laicas y laicos, discípulas y discípulos de Jesús, reunidos en la jornada de apertura del Sínodo Nacional Laical autoconvocado y autogestionado en el Santuario del Padre Hurtado de Santiago los días 5 y 6 de enero del 2019. Bajo un mismo desafío, hemos decidido iniciar un proceso de diálogo y de participación, que favorezca un análisis del estado actual de la Iglesia católica en Chile y promueva el sueño de una iglesia de comunidades, que están al servicio de la construcción del Reino de Dios en nuestro país.

Iluminados por el Espíritu Santo, buscando reconstruir nuestra iglesia devastada por pecados y delitos, hemos discernido comunitariamente, que las principales causas de esta crisis son: el clericalismo, el abuso de poder, la indolencia y la falta de conciencia crítica del laicado.

Frente a esta crisis soñamos con una iglesia:
• Constituida por comunidades de base.
• Orante, profética y liberadora que busca y ejerce la justicia.
• Que sea servidora y abierta a las necesidades de la gente y al mundo.
• Horizontal, diversa, participativa e inclusiva, con real protagonismo del laicado en especial de las mujeres y los jóvenes.

Durante este tiempo sinodal queremos trabajar en los siguientes ámbitos:
• Promover la modificación de la estructura de poder al interior de nuestra iglesia (en la generación y la estructura de su ejercicio) y la participación laical en la toma de decisiones.
• La participación de la mujer en las instancias de responsabilidad y poder.
• Fortalecer y renovar procesos de formación de todo el pueblo de Dios.
• Erradicar la cultura del abuso de poder, proponiendo acciones orientadas al establecimiento de la justicia y reparación, creando un ambiente seguro para todas y todos.

Finalmente nos comprometemos a replicar este proceso sinodal en los espacios locales de nuestro país.

Para terminar, pedimos al Espíritu Santo nos ayude en este éxodo para que nuestra iglesia sea fuente de vida, de fraternidad y de servicio.