Religión
Fabricio Valencia
Podemos aprender de los pueblos el sentido de austeridad, de buscar vivir con poco, eso nos hace mucha falta en este mundo en el que reina el materialismo

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Fabricio Valencia es coordinador de las Santas Misiones Populares en el Vicariato del Puyo, Amazonía ecuatoriana. La dimensión misionera es un elemento decisivo en la vida de la Iglesia, lo que en la región amazónica puede cobrar una importancia mayor a partir del proceso del Sínodo para la Amazonía.

Muchos aspectos del Sínodo ya están presentes en la vida del Vicariato del Puyo, que cuando reza, "pedimos a nuestro Padre Dios que nos dé la fortaleza y la sabiduría para valorar las culturas y para cuidar la naturaleza", señala Fabricio Valencia, que ve el Sínodo como una gran oportunidad. Él afirma que los indígenas esperan del Sínodo "que se considere su realidad, su cosmovisión, su manera de ver el mundo, sus anhelos y expectativas, para de esa manera conectar mejor con la población y hacer que ellos se interesen más por el Evangelio".

Al mismo tiempo, los indígenas pueden enseñar muchísimo a la Iglesia y al mundo, a vivir con poco, a dar valor a lo simbólico, a descubrir el verdadero sentido de la vida, de los rituales, a traer para la Iglesia católica todo lo que ayude a acoplar lo que es propio del mundo indígena y de la tradición católica. Junto con eso, el Sínodo puede ayudar a aumentar el conocimiento sobre la vida y cosmovisión indígena, a conocer las problemáticas, los sentires, los clamores, los anhelos de cada pueblo.

 

¿Desde ese Proyecto de Santas Misiones Populares, usted cree que el Sínodo puede ayudar a hacer realidad esa Iglesia más misionera, más presente en la vida de las comunidades?

Yo creo que sí. De hecho nosotros, en la oración de las Santas Misiones Populares, que permanentemente se hace en los templos de nuestro Vicariato, pedimos a nuestro Padre Dios que nos dé la fortaleza y la sabiduría para valorar las culturas y para cuidar la naturaleza. Son elementos fundamentales de este proyecto, de esta metodología evangelizadora.

Creo que con esta propuesta del Sínodo para la Amazonía se presenta una gran oportunidad en la cual todo esto se va a acoplar y va a ser una gran fortaleza, un gran impulso para que puedan salir nuevas propuestas, nuevas formas para llegar de mejor manera a nuestro pueblo, especialmente a los pueblos originarios, a los pueblos indígenas y hacer de ellos verdaderos discípulos de Jesús.

¿Cómo es la presencia del Vicariato del Puyo en las comunidades indígenas, cuál es el trabajo pastoral que se está llevando a cabo en esas comunidades?

El trabajo pastoral es a través de nuestros sacerdotes y hermanas religiosas que están en muchas comunidades indígenas del interior, sirven ahí. En algunos casos la presencia no es permanente, pero hay presencia. Lo que se ha buscado es que miembros de las comunidades indígenas también se conviertan en servidores de la Iglesia como catequistas y guías de su pueblo.

¿Qué es lo que las comunidades indígenas están pidiendo a la Iglesia del Puyo?

No solamente las comunidades de nuestro Vicariato, sino lo que yo he podido escuchar últimamente en las reuniones a las que he podido asistir de REPAM, lo que se pide mucho es que se considere su realidad, su cosmovisión, su manera de ver el mundo, sus anhelos y expectativas, para de esa manera conectar mejor con la población y hacer que ellos se interesen más por el Evangelio, por el conocimiento de Jesús, yendo más allá de las costumbres, de las tradiciones y de ser creyentes pasar a ser discípulos.

 

Desde su conocimiento de la realidad de las comunidades indígenas, ¿qué es lo que la Iglesia católica podría aprender escuchando a los pueblos indígenas?

Muchísimo, pues como todos los pueblos ellos tienen una gran cantidad de virtudes y de cuestiones que pueden enseñar al mundo, no solamente a la Iglesia, sino al mundo en general. Entre ellas tenemos el sentido de austeridad, de buscar vivir con poco, eso nos hace mucha falta en este mundo en el que reina el materialismo, el consumismo, buscar el crear cada vez más y más necesidades y más productos y servicios para satisfacer esas necesidades. Ese sentido de austeridad, de vivir con poco es un gran valor del que podemos aprender.

También está su espiritualidad, ellos son personas con gran sentido del simbolismo, de los signos. Ellos dan mucho valor a esto, que tiene un sentido espiritual, buscar esa conexión con algo más grande, con algo que le dé un verdadero sentido a nuestra vida, qué hacemos aquí, por qué somos lo que somos, por qué estamos donde estamos, hacia dónde queremos ir.

Es ese sentido, esa espiritualidad, ese modo de relacionarse con lo sagrado, ¿podríamos decir que en el cristianismo se ritualizó demasiado y los pueblos indígenas nos ayudan a traer la vida cotidiana y de la naturaleza para nuestra dimensión espiritual?

Yo creo que sí. En ese sentido creo que puede haber un aporte muy importante. En cuanto a lo del ritualismo de nuestra fe, de nuestra Iglesia católica, personalmente creo que no hay exageraciones. Se ha tratado de establecer lo mínimo necesario para tener un contacto solemne, profundo con el Creador. En cuanto al aporte o a la visión de las comunidades, como decía anteriormente, también son pueblos donde hay mucho ritualismo.

Conversando en ocasiones con miembros de las comunidades, cuentan que en el día a día, desde que ellos se despiertan, hay esa relación especial con la naturaleza, ir a la cascada, consumir ciertas bebidas y comidas especiales, todo eso forma parte de un ritual que yo creo que debería ser un poquito considerado y todos buscar la forma, como miembros de esta Iglesia, como discípulos de Jesús, deberíamos ver la forma como acoplar todo esto, de acoplar nuestras tradiciones católicas, que tienen cientos de años, con esa cosmovisión propia de otros pueblos para ver cuáles son los puntos en común y que alternativas podrían desarrollarse para que haya una visión más uniforme. Que tomando en cuenta las diferencias también se llegue a esa base, a ese mensaje esencial del Evangelio que no lo podemos descuidar.

En una perspectiva de pastoral urbana, dado que usted vive en la ciudad, ¿qué es lo que usted espera que puede dar el Sínodo a la Iglesia que está en las ciudades de la Amazonía y que quiere construir una Iglesia desde la realidad urbana amazónica?

En las pocas reuniones que he participado para hablar del próximo Sínodo se ve ya lo que podría provocar todo esto. En principio se crea una expectativa en la población de las ciudades, porque en realidad hay una convivencia entre la población de la ciudad y la población rural, pero muchas veces quienes habitamos en el sector urbano no somos conscientes de muchas situaciones que ocurren en la población rural, especialmente en las comunidades indígenas, y me atrevería a decir que nuestro conocimiento acerca de su vida y cosmovisión es mínimo, pues nosotros tomamos a los demás como personas que tal vez comparten nuestros pensamientos y nuestra forma de vida, lo cual no es así.

Desde ya se están viendo los frutos que se podrían tener, especialmente en el empezar a conocernos unos a otros más, porque todos, de alguna manera, nos sentimos como asimilados o personas que comparten una cosmovisión, lo cual no es así. Es bueno que vayamos conociendo cuales son las problemáticas, los sentires, los clamores, los anhelos de cada pueblo. Creo que eso ya es una ganancia, y a partir de ese conocernos, iluminados con el Evangelio de Jesús, todos llegar a una armonía en medio de la diversidad y de esa manera, reitero, procurar convertirnos en discípulos de Jesús, ser todos constructores de ese Reino de paz, de amor, de unidad, de justicia, de verdad y de todas las cosas hermosas que nuestro Maestro nos propone.

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