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América
Tumba de Dorothy Stang
En los casi cuarenta años que desarrolló su misión en Brasil, Dorothy fue conviviendo con la gente, sobre todo con los más pobres, y descubrió que el futuro de la Amazonía y de sus pueblos pasaba por un nuevo camino, el desarrollo sostenible

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- El asesinato de la hermana Dorothy Stang, del que se cumplen 14 años este 12 de febrero, fue un ejemplo claro de que crear nuevos caminos siempre fue, es y será arriesgado. Las novedades incomodan a quienes pretenden conservar el sistema establecido, que siempre ha beneficiado a los mismos.

Son muchos los personajes que a lo largo de la historia han sufrido eso. El mismo Jesús de Nazaret quiso establecer un nuevo camino para relacionarse con Dios y el poder político y religioso se alió para darle la muerte propia de un criminal.

Con la hermana Dorothy pasó algo parecido, pues en los casi cuarenta años que desarrolló su misión en Brasil fue conviviendo con la gente, sobre todo con los más pobres, y descubrió que el futuro de la Amazonía y de sus pueblos pasaba por un nuevo camino, que en aquel tiempo sonaba a ciencia ficción, el desarrollo sostenible, que comenzó como algo local, pero que fue logrando un reconocimiento nacional e internacional.

Podemos decir que con el Papa Francisco la situación es semejante, pues en sus casi seis años de pontificado no se ha cansado de tomar iniciativas sorprendentes. Ahora quiere buscar nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral, y con eso está haciendo lío, como él mismo les decía a los jóvenes argentinos en la Jornada Mundial de la Juventud, en Rio de Janeiro, en 2013.

Buscar nuevos caminos para la Iglesia hace que quien vive sólo preocupado con lo que pasa dentro de la sacristía sea contrario a una Iglesia en salida, de puertas abiertas, hospital de campaña, una Iglesia ministerial, sinodal, que no sólo dicta cátedra, sino que quiere escuchar y aprender con todos.

Los nuevos caminos para la ecología integral hacen saltar las alarmas en las grandes corporaciones empresariales y los gobiernos que las apoyan. Todos forman parte de un mismo bando, el de aquellos que siempre vieron la Casa Común desde el ansia predatoria de quien pone el lucro personal por encima del bien colectivo.


Unos y otros reaccionan, como se ha podido ver en los últimos días, no sólo contra el Papa Francisco, también contra quienes le apoyan y se sienten coparticipes en la apertura de esos nuevos caminos.

No tengo la menor duda que si estuviese viva, Dorothy Stang formaría parte de tantos hombres y mujeres que en los últimos meses se han empeñado en escudriñar todos los rincones de la Amazonía para escuchar, para aprender un poco más con la vida de los pueblos amazónicos, sobre todo con los pueblos indígenas. Aquellos que la persiguieron y asesinaron son los mismos que hoy continúan persiguiendo a quienes han querido continuar su legado.

Como cristianos no podemos olvidar que nuestra fe se fundamenta en alguien que sentía la necesidad de hacer realidad el Reino de Dios. Para eso es necesario enfrentarse a los poderes de este mundo, a aquellos que participan de la economía que mata, que consideran descartables a una buena parte de la humanidad.

Eso es lo que mató a la hermana Dorothy, eso es lo que cada día incrementa el número de enemigos del Papa Francisco, al que desde dentro llaman hereje y desde fuera le tachan de comunista.

Dorothy está viva en la memoria de quienes continúan luchando en la defensa de la Amazonía. Quienes la mataron nunca pensaron en que se convertiría en un símbolo de nuevos caminos, un legado que está siendo puesto en pauta a través del proceso sinodal.

El Sínodo despierta cada vez más interés, tanto en los que lo ven como un signo de esperanza, como en aquellos que lo sienten como una amenaza para sus planes perversos.

En un mundo que vive una crisis que pone en juego el futuro del propio Planeta, siempre es bueno contar con quienes se defienden con la misma arma que portaba Dorothy Stang en el momento en que fue vilmente asesinada, la Palabra de Dios.

Ella siempre es luz en el camino y nos va afianzando ante los ataques de quienes se creen dueños y pretenden controlar más allá de donde deberían.

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