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España
Rouco, Sanz y Camino urden un plan para colocar a su candidato a la Secretaría General del Episcopado Iglesia de Asturias
Urge, pues, un encuentro de los cuatro cardenales: Osoro, Omella, Blázquez y Cañizares, para consensuar un nombre, y un estilo. Noviembre es el primer asalto, pero el segundo se verá, y muy pronto, en Roma

(Jesús Bastante).- No descansan ni en verano. Es más: utilizan la pausa estival para seguir urdiendo sus planes. Así lo hicieron los grupos ultraconservadores antes de lanzar la 'bomba Viganò' contra el Papa... y así también lo han hecho los líderes de la restauración en la Iglesia española.

A lo largo de este verano, el cardenal Rouco (que se resiste a dejar de ser el 'vicepapa' español, pese a que desde hace tres años ya es emérito, y desde hace dos ni siquiera podría ser elector en un hipotético cónclave) y sus dos 'delfines', Jesús Sanz Montes (quien, cosas de la vida, después de que publicáramos su atronador silencio ante los ataques a Francisco, publicó un tweet pidiendo rezar "con afecto y perseverancia" por el Pontífice) y Juan Antonio Martínez Camino, han mantenido varios encuentros en el entorno de Covadonga. Un lugar inmejorable para comenzar la 'Reconquista' de la Iglesia española. Que, bien es cierto, aún avanza timorata por las reformas que le pide el Papa Francisco.

 

 


 

 

Desde la cuna de don Pelayo, Rouco, Sanz y Camino ultiman la estrategia para la primera gran batalla de cara a la restauración del sector más conservador del Episcopado en los órganos de poder de la Conferencia Episcopal: la que tendrá lugar en noviembre para la Secretaría General.

Y cuentan con varias bazas ganadoras: la primera, la inacción de los actuales dirigentes, que pese a saber que los 'rouquianos' llevan tiempo organizándose, no son capaces de elaborar una estrategia conjunta, tal y como les ha sugerido Bergoglio en varias ocasiones (Osoro, Omella y Blázquez son las apuestas del Papa para España, y como tales deberían tratar de poner a la Iglesia española 'en modo Francisco', algo que no han sido capaces de hacer).

La segunda, su capacidad de aunar sensibilidades y 'cobrar' favores. Más de la mitad de los actuales obispos deben su mitra a Rouco Varela, y no están contentos con lo que consideran "falta de rumbo" en Añastro.

La tercera, el temor paralizante de muchos prelados moderados ante la escalada de problemas que azotan a la Iglesia de nuestro país, que este verano han alcanzado su cénit con los escándalos de pederastia, la polémica por las inmatriculaciones, el futuro de la clase de Religión o la exhumación de Franco. Muchos obispos 'echan de menos' alguien que les dirija con mano férrea, como hacía Rouco Varela, y no esa apuesta (nunca planteada directamente) por la sinodalidad de Blázquez. Los obispos españoles necesitan un líder, son ovejas sin 'pastor'.

 

Rouco, Sanz y Camino, en una imagen de archivo

 

Y la cuarta: a diferencia de los moderados, cuentan con un candidato claro. En realidad, con dos. Dejando claro que la apuesta de Sanz es a la presidencia (Blázquez concluye mandato en 2020, y el arzobispo de Oviedo es una década más joven que el resto de sus hipotéticos oponentes), y que Camino no podría volver a la Secretaría General (sería un escándalo, y una desautorización pública, otra más, al cardenal Osoro), los rouquianos manejan una candidatura más o menos pública, y un 'tapado', cuyo nombre han logrado esconder de tal manera que ninguna de las fuentes consultadas ha podido dar con él.

El conocido es el actual obispo auxiliar de Getafe, José Rico Pavés, que ya estuvo a punto de ser elegido Secretario General hace cinco años. Sólo la negativa rotunda del entonces titular de la diócesis, Joaquín Martínez de Andújar, evitó su nombramiento, y posibilitó la entrada de José María Gil Tamayo. Rico Pavés es un hombre conocido y estimado en la CEE, y que además se posicionó claramente en contra de El Yunque (lo que abriría apoyos entre los moderados).

Entre los puntos en contra, su ausencia de capacidad comunicativa (los obispos no quieren otro Asenjo), y la posibilidad de que, finalmente, acabe yendo a Guadix, como es su deseo. Algunas fuentes señalan que ésta es una de las razones por las que Francisco aún no ha designado sucesor para Ginés en la sede granadina. Si Rico Pavés fuera el elegido, podrían dividirse funciones, y nombres como Isidro Catela o José Francisco Serrano (aunque este último se ha encargado de autoeliminarse de cualquier quiniela) suenan como portavoces.

Frente a los 'rouquianos', la apuesta por la continuidad de José María Gil Tamayo, que podría verse truncada si, finalmente, en octubre (al término del Año Jubilar) es designado obispo de Ávila, en cuyo caso no parecería conveniente que compaginara ambas funciones. Gil Tamayo es reconocido por su labor, aunque todos coinciden en que debería centrarse bien en la Portavocía, bien en la Secretaría General, pues parece haber un consenso en que ambas responsabilidades le han quedado un poco grandes.

 

 

Al otro lado, la gran apuesta de Francisco, y el gran temor del sector rouquiano. Que el elegido sea el obispo de Getafe, Ginés García Beltrán. Un obispo preparado para el trato con los medios, que ha aglutinado en torno a sí buena parte de la acción social de la Iglesia (fundamentalmente a través de la Fundación Pablo VI) y que cuenta con el apoyo de los cardenales españoles en activo.

Sin embargo, desde Covadonga se estima que la batalla puede ser ganada, dada la falta de coordinación entre los actuales dirigentes de la Casa de la Iglesia. Urge, pues, un encuentro de los cuatro cardenales: Osoro, Omella, Blázquez y Cañizares, para consensuar un nombre, y un estilo. Noviembre es el primer asalto, pero el segundo se verá, y muy pronto, en Roma, cuando los presidentes de la Conferencias Episcopales debatan con el Papa las medidas a tomar para afrontar el escándalo de los abuso sexuales del clero.

A esa cita, Blázquez habrá de acudir con propuestas concretas y audaces, como las que hace tiempo está planteando Juan José Omella. Una propuesta pública que, quizás, ya llegará tarde para miles de víctimas y para una opinión pública que, cada vez más, está dejando de confiar en la institución. Y las crisis son buenas para los paladines de la Reconquista. Atentos.

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