• Director: José Manuel Vidal
España
El cardenal y la ex vicepresidenta De la Vega abren el congreso 'La Iglesia en la Sociedad Democrática' RD
Tenemos que aprender a convivir respetándonos y estimándonos. Nuestro camino es el diálogo. Nos conocemos poco. Nos hemos criticado, juzgado y condenado constantemente. Hemos de crear lugares y momentos de encuentro

(Jesús Bastante).- ¿Pueden hoy, Iglesia y Gobierno, seguir alcanzando acuerdos, 40 años después de la Transición? ¿Se sigue escuchando hoy la voz de los católicos, o es un breve susurro que evoca a un glorioso pasado? Estos y otros desafíos se pusieron de manifiesto esta tarde en el remozado auditorio de la Fundación Pablo VI, que acoge el Congreso "La Iglesia en la Sociedad Democrática".

Al menos, hay que reconocer a la institución su capacidad de convocatoria. Así, amén de un cuarto de la Conferencia Episcopal (los obispos estaban participando en la Comisión Permanente), y del Nuncio de Su Santidad, Renzo Fratini, en la sala se dieron cita algunos de los 'padres' de la Constitución, y políticos de todo signo. Por parte del Gobierno, la ministra portavoz, Isabel Celáa, quien no quiso responder a las palabras del portavoz de la CEE acusando a la titular de Educación de no haber respondido a sus peticiones de reunión.

La sesión inaugural corrió a cargo de dos primeros espada: el cardenal emérito de Pamplona, Fernando Sebastián; y la ex vicepresidenta y actual presidenta del Consejo de Estado, María Teresa Fernández de la Vega, que fueron presentados por el director general de la Fundación, Jesús Avezuela.

Que la Iglesia tuvo un protagonismo relevante en la Transición democrática es un hecho, que no siempre se recuerda en el momento actual. En el congreso, así lo reconocieron socialistas y populares, con algunos de sus principales líderes. El presidente del PP, Pablo Casado, o el ex secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, o el presidente de Extremadura, Fernández Vara. Los tres participarán mañana en varias mesas redondas junto al cardenal Cañizares o el rector de Comillas, Julio Martínez, sj.

 

 


"Los españoles llevamos 40 años viviendo en democracia, pero aún no nos lo hemos creído del todo", arrancó el cardenal Sebastián, quien quiso romper los estereotipos respecto a qué es Iglesia (no sólo la jerarquía) y cuál es su relación con el poder (muchos de nuestros políticos han sido, o son, creyentes).

"Democracia e Iglesia son dos realidades absolutamente diferentes, y del todo independientes en su origen y sus fines", declaró el purpurado, quien apuntó que ambas realidades "no son ajenas, las dos existen para el bien del hombre", aun con medios diferentes. "La democracia es una forma de promover el bien de todos los sectores de la sociedad", mientras que la Iglesia, "fomentando la fe en Dios y la justicia, favorece el recto comportamiento de los mismos agentes de la vida democrática", basados en las Bienaventuranzas y Mateo 25.

"La Iglesia es, así, educadora de la conciencia moral de sus miembros, y de toda la población, cuando estos mandatos de Cristo entran de verdad en el corazón de los ciudadanos", clamó Sebastián, quien abogó por la vigencia de los valores del Evangelio para la vida laboral, económica, política y familiar de una sociedad democrática.

"También la democracia facilita la vida de la Iglesia, la libertad de creer y vivir según la misma creencia", recordó el cardenal, apelando a la libertad religiosa, de pensamiento y de asociación, cuyo respeto es "el punto de unión y la garantía de la independencia de la sociedad civil y de la Iglesia". Un ciudadano "tiene que ser libre para creer o no creer, para rezar, para vivir en este mundo conforme a los preceptos de la vida eterna que su fe la presenta".

Por contra, "la discriminación religiosa supone, siempre, un cierto resabio totalitario", denunció el cardenal, quien insistió en que "cuando la autoridad civil quiere influir en las creencias de la gente, deja de ser democrática".

¿Qué aportó la Iglesia a la democracia?, se preguntó Sebastián "La fe cristiana siempre ha sido defensora de la libertad y de los derechos de los débiles", clamó, apuntando que "las excepciones son consecuencia de errores en la interpretación de esta religión". El propio Jesús pagaba sus impuestos y se sometía a la autoridad, "pero no sometía su conciencia". El famoso 'Dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César'.

 

 

Avezuela, junto a De la Vega y Sebastián

 

"Lo más valioso en la vida de una sociedad no son los monumentos, sino las personas", abundó Sebastián, quien animó a "promover a las personas a presentarse en sociedad de forma activa y responsable es el callado servicio de la Iglesia desde la parroquia, los colegios y las instituciones educativas que mantiene, muchas veces sin el debido reconocimiento".

No es fácil, subrayó, medir la influencia de la doctrina de Jesús en el comportamiento de las personas. También, Sebastián hizo un ejercicio de autocrítica, al admitir que en ocasiones las autoridades civiles y religiosas se confudieron por el poder. Así, recordó la alianza con el Imperio Romano, "las cruzadas o la Inquisición" como males.

En España, la tensión se hizo palpable desde el siglo XIX, y la II República, el "Alzamiento", la Guerra Civil y los años de la "dictadura franquista". Así, admitió el reconocimiento del régimen por parte de la Iglesia, que se suscribe en el Concordato de 1953, "que ya nació malherido".

Fue el Concilio Vaticano II el que "movilizó políticamente a los católicos", que obligaron a los obispos a "mostrar las enseñanzas del Concilio", apuntó Sebastián. "Los obispos, no sin dificultades, cumplieron su compromiso", recalcó, señalando que ya en 1973 la Iglesia renuncia a sus privilegios jurídicos, como el confesionalismo, "reclamando el reconocimiento pleno de la libertad religiosa".

"La Iglesia española, en los años difíciles de la Transición, fue fiel a los principios evangélicos y al Concilio Vaticano II, para el reconocimiento de los derechos políticos de todos los españoles, la reconciliación en un proyecto común de convivencia, y la liquidación de las consecuencias de la Guerra Civil", concluyó Sebastián.

 

 


 

 

Respecto al futuro, soñó por una sociedad "en la que todos podamos vivir pacíficamente, sin opresiones ni exclusiones". Sebastián pidió a la Iglesia "no tener miedo de la libertad". "La fe es esencialmente libertad, la fe es la libertad". "Ahora los católicos somos menos, pero podemos vivir con más autenticidad".

"Ser cristiano o musulmán no merma los derechos de nadie, ni nos convierte en enemigos de la laicidad", concluyó el purpurado, quien pidió no desarraigar la "parte sagrada" presente en la sociedad. "La Iglesia no es una amenaza para la democracia, es una aliada de la libertad y la convivencia, una defensora convencida de las libertades y los derechos de todas las personas".

"Querer eliminar la prsencia de lo sagrado sería excluir de la vida social a un tercio de la población, pero sobre todo una fuerza espiritual que contribuye al sanamiento de las persoans y la sociedad entera", insistió Sebatián, quien clamó que "tenemos que aprender a convivir respetándonos y estimándonos. Nuestro camino es el diálogo. Nos conocemos poco. Nos hemos criticado, juzgado y condenado constantemente. Hemos de crear lugares y momentos de encuentro".

 

Isabel Celáa, con Jesús Avezuela y monseñor García Beltrán

 

Por su parte, María Teresa Fernández de la Vega trazó un breve pero duro discurso enel que apuntó que "resulta difícilmente discutible que las religiones tienen notable interés social" desde los orígenes más remotos de la humanidad. Sin embargo, consideró "más que cuestionable que la comunidad política necesite de la religión".

¿Cuál es el papel de la Iglesia en la sociedad democrática española? "Hablar los unos con los otros, y no los unos de los otros", apuntó la presidenta del Consejo de Estado, citando a Habermas.

"La Iglesia jugó un importantísimo papel en el paso de la dictadura a la democracia", subrayó De la Vega, quien destacó la figura de Tarancón, aunque añadió que "queda mucho por hacer". "Se están produciendo mutaciones profundas en nuestra sociedad", recalcó, citando a Boff, Baumann o Annah Ardent.

El cuidado de la casa común o la defensa de los más débiles son dos de los puntos de encuentro entre Iglesia y Estado, defendió De la Vega, haciendo suya la "oportunísima Laudato Si". La "irrenunciable aspiración a la justicia social", es otro de los factores que unen a ambas instituciones.

 

Obispos, en el photo-call

"Todo intento de dogmatizar lo que influye al interior del corazón, debe ser rechazado de plano", recalcó la ex vicepresidenta, quien quiso dejar clara la "urgente separación de poderes". "Cada uno en su respectivo ámbito de actuación".

Con el Papa, De la Vega compartió que "un Estado democrático debe ser laico". "La libertad religiosa pertenece al ámbito privado, otra cosa es que la Iglesia pueda ejercer su labor asistencial y religiosa en sociedad" aclaró, apuntando al artículo 16 de la Constitución.

La sociedad española, enfatizó, "ha dado hasta ahora un enorme ejemplo de tolerancia y respeto con millones de pesonas que profesan una religión diferente a la católica". En este punto, De la Vega habló de  la cuestión de la objeción de conciencia. "No puede quedar en manos de cada ciudadano", subrayó.

"La Iglesia, también la católica, está llamada a respetar el Estado de Derecho, y a no salirse de las atribuciones que le son propias. Es al Estado al que le corresponde legislar. Es el Gobierno de la nación el que dirige la polítcia interior", recordó la ex vicepresidenta. Una realidad, que "guste o no, es crecientemente aconfesional".

Finalmente, De la Vega habló del tratamiento que la sociedad debe hacer de la diversidad y las desigualdades, frente al auge de los populismos, la xenofobia o el odio al extranjero. "Estamos hablando de los peligros de los etnicismos nacionalistas", denunció.

Ante esto "tenemos que reaccionar con inteligencia y juntos, para hacer de la diversidad una fuente de enriquecimiento cultural y social". Combatir el miedo a la diferencia, que es "fortalecer la democracia". Y, en esto, la Iglesia tiene mucho que decir, concluyó.

Finalmente, la igualdad de género. También en la Iglesia, donde las mujeres "quedan relegadas a un evidente segundo plano, negándoseles el acceso al sacerdocio y, con ello, a los círculos de responsabilidad. Así, De la Vega denunció la "misoginia" que impregna la teología católica a lo largo de su historia.

La paradoja es que, "precisamente en conventos y monasterios, fue donde se gestó el cultivo del más alto genio femenino", resaltó.