• Director: José Manuel Vidal
España
Sangrador, Argüello y López
"Una cosa es la terna de la Permanente y otra, la votación en la Plenaria", confiesa un obispo de la corriente francisquita que conoce perfectamente los entresijos de la Conferencia episcopal

(José Manuel Vidal).- Hace cuatro años que se jubiló, pero el cardenal Rouco Varela sigue moviendo los hilos del episcopado español. Continúa teniendo mando en plaza en la jerarquía. Lo demostró fehacientemente en las elecciones episcopales de hace tres años y lo vuelve a demostrar en la selección de la terna, para ejercer el delicado puesto de secretario y portavoz del episcopado.

El purpurado gallego controla la comisión Permanente del episcopado, donde los suyos son mayoría. Y fue la Permanente la que confeccionó esta tarde la terna de candidatos a suceder a Gil Tamayo: Jorge Fernández Sangrador, Luis Argüello y Carlos López Segovia, por este orden. El primero es el vicario general de Oviedo. El segundo, obispo auxiliar de Valladolid y el tercero, vicesecretario del episcopado.

El que más votos consiguió en la Permanente fue Sangrador, que ya estuvo en la Casa de la Iglesia en la etapa de Martínez Camino, cuando llegó a ser director de la BAC. El actual vicario general de Oviedo es la apuesta de la tripleta conservadora que pretende dirigir los destinos de la Conferencia episcopal, integrada por el cardenal Rouco Varela (siempre en la sombra), monseñor Martínez Camino (siempre maniobrando en silencio) y monseñor Sanz, arzobispo de Oviedo, el que da la cara de aquella manera.

El que Sangrador, promovido por la tripleta más conservadora del episcopado haya sido el más votado significa que la Permanente, especie de Consejo de ministros del episcopado, está copada por el sector más conservador.

 

Sanz y Rouco

El segundo en liza es el auxiliar del cardenal Blázquez, monseñor Argüello, un moderado, a imagen y semejanza de su arzobispo titular, pero que tampoco representaría al ala más progresista o más identificada con el Papa Francisco. Y lo mismo podría decirse del tercero en liza, al actual vicesecretario, Carlos López Segovia.

El diagnóstico de la Permanente está, pues, claro, y apuesta abiertamente por la involución, el regreso a la vieja guardia a través de un hombre amigo de Rouco y Martínez Camino, que, de ganar el envite, prepararía el aterrizaje de su 'jefe', monseñor Sanz, como próximo presidente del episcopado.

Eso es lo que pretende esta cordada. Y lo que es más grave, de confirmarse su elección, dejaría retratada ante Roma a los obispos españoles. Unos por acción y por oponerse abiertamente a Francisco y otros por omisión, por ser cómplices con su silencio e inacción y permitirlo.

 

Sangrador y Sanz

La mayoría silenciosa todavía tiene una oportunidad mañana, en la votación en la Plenaria, de echar por tierra los cálculos de la cordada de Rouco-Sanz y elegir a Luis Argüello o a Carlos López. "Una cosa es la terna de la Permanente y otra, la votación en la Plenaria", confiesa un obispo de la corriente francisquita que conoce perfectamente los entresijos de la Conferencia episcopal.

Pero eso exige que los moderados y los progresistas (por hablar en términos que todo el mundo entiende) se pongan de acuerdo, unan fuerzas, no dispersen el voto y lo concentren sobre monseñor Argüello. De lo contrario, volverán a perder y el elegido será Sangrador, porque los conservadores funcionan como un 'lobby', votan todos a una y, además, hacen pasillos y tratan de convencer a los indecisos, que son muchos.

En cualquier caso, los obispos, incluidos los indecisos, deberían saber que será muy difícil explicar a la sociedad española y al propio Vaticano que, en el pontificado de Francisco, la jerarquía española siga obedeciendo a Rouco y involucionando hacia posiciones que ya deberían estar superadas. El episcopado se juega su sintonía con la sociedad y con Roma. ¿Y algunso todavía se preguntan porqué el Papa Francisco no viene a España?

Rouco y Camino