• Director: José Manuel Vidal
España
José Carlos Bermejo, director del Centro de Humanización de la Salud RD
Adecuar tratamientos, controlar síntomas, disminuir sufrimiento evitable, hacer la paz con la proximidad de la muerte y dejar que acontezca, son claves humanizadoras que han de respetarse socialmente

(Jesús Bastante).- "Es una ley para humanizar el morir". Así define el religioso camilo José Carlos Bermejo, director general del Centro San Camilo, la ley de Cuidados Paliativos aprobada el pasado 20 de diciembre, con un amplio consenso de las fuerzas políticas.

Una norma que, según algunos, abre la puerta al debate sobre la Eutanasia, y que regulará el testamento vital y la 'sedación terminal', y que se suma a la decena de leyes autonómicas ya aprobadas en distintas CCAA de distinto signo político. Y es que, subraya Bermejo, "en este aspecto, lo que más hay es acuerdo sobre las cuestiones éticas de fondo".

¿Qué supone la nueva normativa? Para el experto, uno de los más reputados en nuestro país en la Humanización de la Salud, supone "un paso más en la promoción de los cuidados paliativos, tan necesarios para morir bien cuando están indicados".

Porque, añade, de lo que se trata es de "contribuir a una sociedad donde la dignidad sea respetada, que es la base de todos los derechos. Y vivir dignamente hasta el final, implica también arbitrar un modo de cuidar a las personas al final en el que 'no se haga todo lo que se puede', sino lo que se debe".

 

 

Una nueva ley que supone un primer paso para "cuidar la vida cuando está terminando, con mucha sensibilidad hacia la proporcionalidad en el uso de medios, el acompañamiento a la familia y la atención integral (bio-psico-socio-espiritual)". Porque, tal y como apunta Bermejo, "hacer siempre todo lo que se puede o está a nuestro alcance, también al final, puede constituir una aberración".

"Adecuar tratamientos, controlar síntomas, disminuir sufrimiento evitable, hacer la paz con la proximidad de la muerte y dejar que acontezca, son claves humanizadoras que han de respetarse socialmente", sostiene el religioso, quien insiste en que esta nueva ley puede ayudar a generar una cultura que tiene como desafío aún la formación de los profesionales sanitarios en las respectivas facultades, así como la cultura en las familias en torno a cómo vivir y acompañar al fina de la vida a los propios seres queridos.

"Tenemos un déficit en cultura paliativa y es difícil gestionar la fragilidad y complejidad del final si no hablamos un lenguaje común y si no tenemos un marco legal adecuado", asegura Bermejo, quien añade que "allí donde los Cuidados Paliativos van haciendo su camino y expandiéndose, se produce un efecto humanizador en muchos sentidos. Hay mucha ternura en los cuidados, mucha posibilidad de conjugar verbos saludables al final de la vida, tales como aliviar sufrimiento, acompañar, agradecerse, perdonarse, despedirse, celebrar...".

Pero, más allá de la ley, "han de venir las necesarias consecuencias en el campo de la asignación de recursos y en su despliegue efectivo, no solo teórico. Nos falta mucha cultura paliativa y son insuficientes los servicios de cuidados paliativos en España, además de no estar equitativamente distribuidos en las diferentes Comunidades Autónomas", apunta Bermejo.

En definitiva, "lo que nos jugamos en la ley es cuestión de respeto de la dignidad humana, pero tiene que ver también con la justicia en el uso de los recursos económicos y con una sana mirada a lo que significa la asistencia sanitaria y la misión de las profesiones sanitarias, que han de ser bien conscientes de su tarea de cuidar, paliar y acompañar adecuadamente hasta el final, sin reducir su misión a cuanto tiene que ver con curar", concluye José Carlos Bermejo.