Religión
Comisión Permanente de la CEE CEE
Dos nombres suenan con fuerza para sustituir a Pujol y Braulio. Para Tarragona, el actual obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, uno de los obispos más cercanos al actual pontificado. Para Toledo, se habla de Carlos Escribano

(Jesús Bastante).- Un año y medio. Ese es el plazo que los obispos 'francisquistas' se han dado para lograr que la Iglesia española se sume al movimiento renovador impulsado por el Papa Francisco. Una tarea titánica, para la que hay un plazo: primavera de 2020.

En los próximos dos años, todos los arzobispos, excepto Urgell, Mérida-Badajoz y Oviedo (Jesús Sanz es, con mucha diferencia, el más joven de todos los metropolitanos), habrán presentado su renuncia por motivos de edad. A quién mantenga Francisco y, sobre todo, a quiénes nombrará en lugar de los jubilados, definirá la estrategia de la Iglesia española de los próximos años.

¿Por qué son tan importantes los arzobispos? Porque la nueva configuración de la Conferencia Episcopal española, aprobada por la pasada Plenaria, dará mucha más relevancia al papel de los metropolitanos, cabezas de las provincias eclesiásticas. De hecho, las próximas Comisiones Permanentes serán una suerte de 'Consejo de Metropolitanos' (los presidentes de las comisiones que no lo sean, sólo participarán en los temas que les competan), y entre ellos saldrá un Vicepresidente de los dos con los que contará la CEE.

En primavera de 2020 los obispos habrán de elegir al sustituto de Ricardo Blázquez, quien entonces ya contará 78 años, con lo que no se hace previsible una reelección. En esas fechas, el resto de cardenales en activo (Cañizares, Osoro y Omella) ya habrán presentado su renuncia, o estarán a punto de hacerlo. Así, quiénes sean los arzobispos cuando se produzca la elección resulta realmente relevante, especialmente si desde Roma se intenta arbitrar un candidato 'alternativo' a la candidatura del arzobispo que simbolizaría la continuidad con el modelo de Iglesia implantado, durante décadas, por Suquía y Rouco Varela: Jesús Sanz Montes.

 

 

Los primeros en cumplir la edad de jubilación son, curiosamente, los dos primados: Toledo (Braulio Rodríguez cumple 75 el 27 de enero), y Tarragona (Jaume Pujol lo hace el 8 de febrero). Se espera que Francisco acepte pronto su renuncia. ¿Quiénes serán sus sucesores? Los nombres, sin lugar a dudas, definirán si Francisco quiere cambiar el rostro del Episcopado español o, por el contrario, si deja por imposible a nuestra Iglesia.

Dos nombres suenan con fuerza para sustituir a Pujol y Braulio. Para Tarragona, el actual obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, uno de los obispos más cercanos al actual pontificado. Para Toledo, se habla de Carlos Escribano, actual obispo de Calahorra. Ambos, hombres cercanos a los cardenales Osoro y Omella.

Otros dos arzobispos cumplen los 75 años en 2019: en enero, Jiménez Zamora (Zaragoza), y en julio, Fidel Herráez (Burgos). Se espera que Bergoglio conceda una prórroga para la diócesis del Pilar, mientras que Herráez se considera amortizado. Su cercanía al cardenal Rouco, y su papel en los últimos meses, ejerciendo de muñidor de votos del entorno de Jesús Sanz, hacen pensar que el Papa no tardará mucho en aceptarle la renuncia.

Asenjo llegará con la edad cumplida a esa Plenaria, mientras que Omella y Barrio tendrán 74 años en 2020. Juan del Río, Martínez o Paco Pérez llegarán a la eleccion con 73. Así, de los actuales, sólo Sanz Montes, Vives y Morga tendrían asegurado un trienio en caso de ser elegidos presidentes.

¿Quiénes podrían ser nombrados arzobispos por Francisco? Además de Escribano y Pérez Pueyo, suenan con fuerza el claretiano Luis Ángel de las Heras, el obispo de Málaga, Jesús Catalá, o el actual portavoz de la CEE, Luis Argüello, además de Ginés (a quien muchos colocan como sustituto de Osoro llegado el momento), aunque Roma está buscando obispos "de nuevo cuño", con experiencia pastoral demostrada y que, en expresión de un alto prelado, "no deban nada al entorno de Rouco Varela". Una tarea titánica pero necesaria, si lo que de verdad desea Roma es cambiar el rostro de la Iglesia en nuestro país.