Religión
La periodista presenta 'Vidas tocadas por Taizé', editado por San Pablo RD
Taizé aporta a las Iglesias cristianas la experiencia de que es posible vivir juntos. En comunión

(Jesús Bastante).- Del 28 de diciembre al 1 de enero, Madrid se convierte en la capital europea de la fe. En torno al espíritu de Taizé, 13.000 jóvenes se encontrarán en esa "peregrinación de la confianza". Son muchas las 'Vidas tocadas por Taizé', como sugiere Cristina Ruiz Fernández en su último libro, editado por San Pablo.

 



Esta Navidad se celebra en Madrid el Encuentro Europeo de Jóvenes de Taizé, del 28 de diciembre al 1 de enero.

Sí, correcto. El grueso de los jóvenes llegarán el 28 de diciembre, aunque los que ejerzan de voluntarios llegan unos días antes. Y se quedarán hasta el 1 de enero. Es decir; compartirán con las familias madrileñas el paso del año nuevo.

 

Cristina es comunicadora y, además de escribir libros y otras muchas cosas, está colaborando muy estrechamente con todo el proceso de comunicación del evento.

Sí, haciendo lo que puedo, porque al final se trata de que cada persona aporte su pequeño granito de arena en lo que sabe y puede. Yo, como periodista, lo que puedo aportar son las palabras y las maneras de comunicar, y en ello estoy. Es un acontecimiento muy importante, que el encuentro venga a Madrid.

 

Y eso de que cada uno dé un poquito de sí, también es muy de evangelio y de Taizé. Vienes a presentarnos un libro que se llama "Vidas tocadas por Taizé. Conversaciones en torno a la oración, la sencillez, la solidaridad y el ecumenismo", que ha editado San Pablo magníficamente, como siempre.
Hay cinco palabras que me llaman mucho la atención del subtítulo. Primero "conversaciones", porque el libro está trufado de eso; no es una tesis doctoral ni es una tesis sobre Taizé, sino que son conversaciones con personas a los que, de alguna manera, Taizé les ha cambiado la vida o algo similar.

Sí. Desde el inicio del proyecto veíamos que un libro sobre Taizé, su historia, la teología o con textos del hermano Roger, hay muchísimos. Queríamos hacer algo que actualizase esa experiencia, que la trajese a la vida cotidiana de las personas y que, al mismo tiempo, contase lo que es pensando en la gente de aquí, de Madrid, que se va a tropezar con el encuentro o que va a participar en él.
El libro es una manera muy sencilla de explicar qué es Taizé desde la vida. Y por eso este formato. Al principio la propuesta fue hacer entrevistas. No sabía si ese formato iba a terminar en una especie de gran reportaje. Hay veces que se puede crear los libros de una manera periodística, en ese sentido. Pero luego, a la hora de hacer las entrevistas me encontré con tal riqueza de experiencias humanas, de sentimientos, de expresiones, que me daba como pena mutilar esa exuberancia. Y por eso al final el formato se convirtió en entrevistas.

 

Son siete entrevistas.
En realidad son siete entrevistas y media, porque el epílogo tiene una entrevista camuflada.

 

 

 

¿A quién, a uno mismo?
Sí, casi, porque es el encuentro con una persona con la que compartí años de vida comunitaria y viajes a Taizé, y a la que considero mi hermana. Se llama Ana Zabala y es con ella con la que aterrizo el libro. Es verdad que las personas protagonistas son las de las siete entrevistas, pero para mí era necesario posar ese libro en la vida cotidiana, que no deja de ser el tema de fondo, en realidad.
Por supuesto es un libro sobre Taizé y explica cómo se vive allí, cómo se come y cómo se reza. Pero para mí era muy importante la pregunta de: y después de Taizé, ¿qué?.
Taizé es una colina en Francia en medio del campo, maravillosa. Todo es bonito.
Muy bucólico pastoril, pero después llegas a la gran ciudad y piensas ¿cómo llevo a cabo todo lo que he vivido allí?

 

¿Cómo te toca a ti Taizé? ¿Cómo toca tu vida?
A mí Taizé me ha tocado mucho, desde joven. Y quizá este proceso de escribir el libro me ha hecho consciente de hasta qué punto ha llegado esa profundidad. Fui a Taizé por primera vez con 20 o 21 años, y descubrí el encuentro con Dios. Fue tener la oportunidad de descubrir una manera de rezar despojada de tantas cosas que a veces no facilitan ese encuentro, o que lo facilita para unos pero no para otros.

 

Más incluyente y más ecuménico.
Exactamente: ir a lo esencial. Al final es descubrir cómo encontrarse con Dios de la manera más sencilla y más humana al mismo tiempo. Y luego, descubrir la diversidad del cristianismo. Que viviendo en un país como España...

 

Cuando hemos sido un país confesional, con una sola confesión religiosa.
Sí. Para mí descubrir esa maravilla de los ortodoxos, sus iconos, las particularidades de la Iglesia protestante, fue un enriquecimiento enorme. A partir de ahí volví algunas veces. En el libro lo voy explicando; hago un poco trampas, porque hay un poco de biografía mía también.

 

Si habla de vidas tocadas por Taizé y tu vida lo ha sido, sería casi un sacrilegio no dar retazos de esa vida tocada.
Claro. Ese fue también un punto de inflexión en la elaboración del libro. El momento en el que me doy cuenta de que yo tengo que estar dentro de las páginas, que es una corriente que algunos critican, eso de que los autores se metan a sí mismos en las obras.

 

No es una novela, entonces, te lo puedes permitir.
Sí, cuando se habla de ficción es más forzado que el autor esté presente. Pero es cierto que para mí llegó un momento, al escribir el libro, en el que necesité meterme. Lo consulté con Maria Ángeles López, porque me daba cierto pudor dar ese paso, pero me dijo: obviamente, adelante.

 

¿Quiénes aparecen en el libro? Porque hay personas muy conocidas, como el hermano Alois o Amaya Valcárcel. Pero luego hay otras, al menos para mí, más desconocidas, como la hermana Lorela, Epson García, Ester calzada...

Son las siete entrevistas principales. Por un lado está el hermano, uno de los primeros hermanos que entraron a formar parte de la comunidad en los años 50. Una persona maravillosa y fascinante, con la cual fue una delicia hablar. Él fue secretario personal del hermano Roger, y ¿por qué él? Pues, precisamente, para ir a esas raíces primeras, para entender el origen de la comunidad, de dónde viene todo. También el hermano Alois, que fue un privilegio y una gozada charlar con él.

 

 

 


 

 

Es un personaje que desborda.
Sí, maravilloso. Todo sonrisa. Alegría. Al final habla del gozo, de la belleza, de esas palabras tan importantes. La entrevista de Alois fue una suerte y un regalo. Además, muy importante para el libro.
Luego, todo lo demás son vidas más o menos anónimas, que podríamos ser cualquiera de nosotros. Hay una chica francesa que ha estado un año y pico viviendo de voluntaria de larga duración en Taizé, lo que se llama allí "permanente". Ella está ahora en Madrid preparando e encuentro.
Hay una hermana de San Andrés, que es la congregación religiosa femenina que tiene allí una comunidad. También están en otros sitios del mundo, pero hicieron la opción de tener una comunidad en la colina.
Y luego, hay un voluntario latinoamericano, un mexicano. Taizé invita cada año a voluntarios, chicos y chicas jóvenes, hasta 29 años, de distintos países del mundo para vivir la experiencia de Taizé y para colaborar allí. Y está Epson, que es este voluntario mexicano. Está Amaya Valcárcel, que es una chica vasca, muy comprometida en el trabajo con refugiados. Y está Ester Calzada, (el libro, no lo he dicho, está concebido como un viaje) y ella está entrevistada fuera de Taizé. Es una amiga con la que he compartido muchas oraciones y muchas vivencias y que, finalmente, ha decido empezar un proceso en el monasterio Suesa como postulante, y me parecía interesante también esa desembocadura de vivir en Taizé y luego buscar una vocación religiosa fuera. Así como en Amaya tenía la vida en familia, la opción por una vida comprometida, una vida solidaria pero desde la vida en pareja.
Creo que no me dejo a nadie.

 

Y la media.
Y la media entrevista de Ana Zabala.

 

¿Qué crees que se pueden encontrar los madrileños que acudan a ver qué es esto?  ¿Qué crees que está aportando Taizé a la Iglesia?
Lo que van a encontrar las personas que vengan, por un lado, es mucha posibilidad de vivir experiencias pequeñas en las que van a conocer la realidad de la Iglesia madrileña. Y no solo de la Iglesia católica, sino también de las Iglesias protestantes y todo lo que son los entornos cristianos.
Cada uno tiene asignada una parroquia o una iglesia de acogida. Por las mañanas hay una oración de la mañana, luego hay actividades en las propias parroquias. La oración de mediodía, que será en las grandes iglesias a lo largo de la ciudad y, después, por la tarde hay talleres que son, quizá, para mí, una de las partes más interesantes del encuentro, porque hay una diversidad de temas increíble y que se salen mucho de las fronteras de lo habitual que entenderíamos. Lo mismo hay un taller sobre los iconos o sobre espiritualidad, que hay un taller sobre arte contemporáneo, sobre encontrar a Dios en el arte contemporáneo, que lo hacen en el Reina Sofía.

 

Parece que la colaboración con las autoridades está siendo fluida.
Sí. Se busca que toda la ciudad se implique de alguna manera, y por eso el equipo de preparación del encuentro, que llegó en septiembre-octubre, está aquí, viviendo en la ciudad, durante cuatro meses.
Y luego está la gran oración de la noche, que es quizá otro de los momentos más importantes del encuentro, que se hará en IFEMA. Ahí, sobre todo es impresionante ver rezar a 15.000 personas juntas...

 

Y espectáculo de luz también, el silencio, las voces...
Es una pasada. Yo participé en el encuentro de París y en el de Milán hace muchos años, pero un silencio de 15.000 personas es verdaderamente sobrecogedor. Y merece la pena. Si no se puede ir a todo, porque evidentemente el programa es amplio.
Y tiene unas fechas complicadas.
Pero sí que intentar colarse a ese ritmo.

 

 

 

Estáis, además, intentando que las familias madrileñas acojan a jóvenes. Dentro de esa "peregrinación de la confianza" de la que se habla.
La acogida en familias es muy importante. Y en el libro también se da mucho peso a eso porque, realmente, el lema del encuentro es "La peregrinación de confianza a través de la tierra".
Puede parecer una frase muy bonita, pero al final implica que para participar hay que entregarse en cierta medida a la confianza. Llegas y no sabes dónde vas a dormir. Te van a enviar a la casa de alguien que no necesariamente es una familia, que es la familia humana; puede ser una persona sola, personas mayores, cualquier formato de hogar que quiera acoger. Tú vas a dormir a la casa de alguien que no conoces previamente. Y ese alguien va a acoger en su casa, durante cinco días, a alguien que no conoce. Y eso puede dar miedo.
Al final, es una invitación a la confianza. Es decir: confía porque, primero, no va a pasar nada, no va a haber ningún problema, sino que todo va a ser encuentro, diálogo, acogida. La oportunidad de tener en casa a una persona que viene, por ejemplo, de Polonia.
De distinta cultura, aunque tiene muchas cosas en común.

 

Para terminar, la pregunta que te hacía antes: ¿qué crees que aporta Taizé a la Iglesia de hoy? A la Iglesia católica y a ese movimiento de seguidores de Jesús, que no sé si denominar Iglesia, pero que, en todo caso, cuando dos o más se reúnen en su nombre, ahí está él.
Yo creo que Taizé aporta a las Iglesias cristianas la experiencia de que es posible vivir juntos. En comunión. Que quizá, cuando hablamos del ecumenismo y de la unidad de las Iglesias, pensamos en algo muy teológico, muy normativo, muy de un Papa que se reúne con autoridades... En una cosa como muy de las Naciones Unidas. Y que esto, realmente se puede llevar a la vida, mucho antes de que todas esas burocracias se hagan realidad, si es que algún día ocurre.
Taizé es una parábola de cómo en la tierra es posible vivir juntos y compartir la fe. Y de mostrar que no somos tan distintos, sino todo lo contrario. Entonces, yo creo que aporta esa experiencia de realidad.
Y luego, creo que aporta también una experiencia de cómo acoger a los jóvenes. Diría "trabajar con los jóvenes", que es un término que se utiliza mucho en pastoral, pero es que ese verbo hasta me chirría.

 

Sí, no es trabajar; es vivir, compartir.
Exacto; es vivir con ellos, escucharles muchísimo. En Taizé, sobre todo se escucha a los jóvenes. Es una manera distinta de estar con ellos. Escuchar, escuchar, escuchar. Ver cuáles son sus inquietudes, qué traen, acogerles en la diversidad, en su búsqueda de identidad... Y esa acogida sin condiciones es algo de lo que creo que la Iglesia puede aprender mucho.

 

"Vidas tocadas por Taizé", de Cristina Ruiz Fernández, editado por San Pablo. Lo tenemos calentito. Y muy actual, porque dentro de nada estaremos disfrutando de ese maravilloso Encuentro Europeo de Jóvenes de Taizé.
Cristina, un placer y muchas gracias por el libro y por la preparación del encuentro.

Gracias a ti.