• Director: José Manuel Vidal
Mundo
Eduardo Losaha, sacerdote guineano
Lo que denuncia Eduardo es que los altos cargos eclesiásticos de la Iglesia Católica en Guinea Ecuatorial también son y han sido fang. Ello ha propiciado una falta de denuncia y enfrentamiento de la Iglesia con los abusos de la dictadura.

(Vicente Luis García).- El sacerdote guineoecuatoriano Eduardo Losaha considera que La Santa Sede viene siendo responsable, de forma indirecta, de las diversas violaciones de Derechos Humanos que se producen desde hace 50 años en Guinea Ecuatorial. Y así ha querido hacérselo saber al Papa Francisco.

Eduardo pertenece a una de las cuatro etnias minoritarias y sometidas por el poder absoluto del dictador Teodoro Obiang Ngema.

En Guinea Ecuatorial hay cinco pueblos, que interesadamente se les ha denominado “grupos étnicos”, los fang, los bubis, los ndowé, el pueblo annobonés o ambo, y el pueblo bisio. Cada uno de ellos tiene su propio territorio, su lengua, su cultura, su tradición, su idiosincrasia. Comparten la lengua española y la religión católica, ambas fruto de la colonización.

La etnia mayoritaria es la fang, y a ella han pertenecido desde la independencia los dos dictadores, Macías y su sobrino Obiang que derrocó en un golpe de Estado a su tío. Pero fang son también todas las autoridades en todos los órdenes públicos. Y, lo que denuncia Eduardo, es que los altos cargos eclesiásticos de la Iglesia Católica en Guinea Ecuatorial también son y han sido fang. Ello ha propiciado una falta de denuncia y enfrentamiento de la Iglesia con los abusos de la dictadura. Un silencio que además ha sido gratificado con regalos del poder en forma de edificios (seminario, templos, palacios episcopales y se sospecha que también se han dado pagos en metálico y otras prebendas).

Algunos de estos hechos se recogen en los informes de libertad religiosa que publica la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada: “Es habitual que el Gobierno financie ceremonias y edificios religiosos católicos; así por ejemplo el 28 de mayo de 2017 el presidente Teodoro Obiang Nguema inauguró una iglesia católica sufragada con fondos públicos, Nuestra Señora de Bisila, situada en el pico Basilé, monte que domina la capital, Malabo. El 20 de mayo de 2017 s

Por otro lado, resulta significativo que el concordato entre Guinea Ecuatorial y la Santa Sede se firmase el 13 octubre de 2012, estando al frente de la Iglesia Benedicto XVI, quien seguramente estaría más absorbido por los casos de abusos en la Iglesia que por cuestiones de índole político. Un año más tarde Francisco recibiría al dictador guineano y se confirmaría la entrada en vigor de un acuerdo firmado antes del inicio del pontificado del Papa Francisco.

En este Concordato se recoge un trato preferente a la Iglesia católica y detalles como la inclusión de la misa católica en todas las ceremonias oficiales, especialmente en las celebraciones del golpe de Estado de 1979, las del Día de la Independencia y las del cumpleaños del presidente.

Quienes se han enfrentado abiertamente al Gobierno de Teodoro Obiang Nguema han tenido que exiliarse, e incluso han sufrido la cárcel, como es el caso de Eduardo que fue encarcelado durante tres años en condiciones inhumanas.

Los despropósitos de la jerarquía católica en Guinea Ecuatorial son conocidos, pero ignorados al parecer por la Santa Sede.

Eduardo confía en que el Papa Francisco, cuando dirija su mirada al continente africano, valore personalmente las acusaciones que existen sobre el proceder de la Iglesia, o más exactamente del episcopado guineoecuatoriano.

Eduardo comparte con la resistencia política en el exilio la idea de que España, y sus diferentes gobiernos, desde Suarez hasta Sánchez, son también responsables por omisión del lustro de terror que vive su antigua colonia.

Este es el texto que el sacerdote guineano ha enviado al Papa Francisco:

“Padre Francisco:

Me dirijo a usted en el deseo de que cuanto voy a relatar pueda servir para el bien de mi pueblo y para el mejor servicio de la Iglesia.

Me llamo Eduardo Losoha Belope, presbítero diocesano de la Archidiócesis de Malambo, Guinea Ecuatorial. Nací el 13 de octubre de 1965 en un pueblo cerca de la ciudad de Fernando Poo, pertenezco al pueblo Bubi, uno de los cinco que integran la población de Guinea Ecuatorial (el pueblo Fang, el ndowé, el annobones y el bisio), fui ordenado presbítero el 6 de enero de 1993. Desde agosto de 2002 me vi obligado a abandonar mi país con destino a España. Tras colaborar dos años y medio en la Diócesis de Getafe, me trasladé a Bilbao donde fui acogido por monseñor D. Ricardo Blázquez y en estas tierras del País Vasco resido hasta el día de hoy colaborando en una parroquia de esta diócesis vasca.

Tanto a lo largo de mi vida hasta que ingresé en el seminario, como durante mi formación sacerdotal y el ejercicio de mi ministerio en mi país, entre otras labores pastorales como párroco de la catedral de Malambo y director de Cáritas, he podido ver, oír y sufrir en carne propia los efectos de una descolonización sin garantías, de la sucesión de un régimen dictatorial que permanece hasta nuestros días con la aquiescencia internacional y de la connivencia de la jerarquía de la Iglesia en Guinea con el poder.

Una de las causas principales de esta situación, tanto en el plano político como en lo que denuncio en el ámbito de lo eclesial tiene su origen en el ascenso al poder absoluto, tanto en la política como en los cargos de la Iglesia, de personas del pueblo Fang, la “etnia” mayoritaria que ha llevado a cabo medidas, tanto en lo público como en lo religioso, que han anulado prácticamente al resto de pueblos, que por decreto, el Estado Español en su momento y las instituciones internacionales, decidieron que formaran parte, como si de un solo pueblo se tratase, de la Guinea Ecuatorial.

No quiero extenderme con un relato histórico de la historia de Guinea Ecuatorial que empieza a construirse a partir del 12 de octubre de 1968, solo decir que ni Naciones Unidas ni el Gobierno de España atendieron el clamor de los pueblos minoritarios, y procedieron a unir cinco pueblos bajo el dominio de uno solo de ellos, el pueblo Fang, que desde el inicio ejerció el poder con afán dominador.

Hasta la independencia las autoridades religiosas eran españolas, a partir de entonces se dio paso al clero nativo. El primer obispo que se propuso fue al claretiano D. Joaquín Mª Sialo, curiosamente del pueblo Bubi. Antes de hacerse efectivo su nombramiento fue envenenado. Fue el único candidato al episcopado en toda la historia de la Iglesia en Guinea Ecuatorial que no ha sido fang. Desde entonces hasta hoy, incluyendo los últimos nombramientos realizados por la Santa Sede tras la ampliación a cinco el número de diócesis, todos son de la etnia Fang. Y todos, salvo la honrosa excepción de D. Rafael Mª Nzé Abuy quien denunció las prácticas inhumanas de los poderes públicos y la violación de los Derechos Humanos en nuestro país, todos hacen la vista gorda o incluso aceptan complacidos los regalos del régimen dictatorial.

En mi labor como párroco de la catedral y como director de Cáritas he denunciado siempre las injusticias. Con ello fui ganando enemigos hasta que encontraron la oportunidad de vincularme a una revuelta de jóvenes del pueblo Bubi. Sufrí la prisión, y con ella las vejaciones que nunca olvidaré, durante 3 años.

Tras el indulto vine a España y durante 15 años no he hablado con nadie de todo esto. Tras los últimos nombramientos de la Santa Sede y la posibilidad de una continuidad generacional en el régimen dictatorial en mi país compartí con algunos sacerdotes de Bilbao mi deseo de contar y denunciar esta situación. Ellos me pusieron en contacto con el comunicador cristiano Vicente Luis García, quien tras atenderme y recoger mi testimonio completo me invitó a dirigirme a S.S.

Mi relato es mucho más extenso y estoy dispuesto a compartirlo con usted Padre Francisco y con cuantos usted considere que deban oír mi testimonio. Para ello dejo constancia en esta carta de todos mis datos y modos de contactar conmigo.”


Non solum sed etiam.

Eduardo acudió a mí porque unos compañeros sacerdotes de Bilbao le dieron la referencia. Tras escuchar su testimonio, y aunque ya tenía oídas algunas historias de la situación en Guinea Ecuatorial, he querido ratificar estas denuncias. Y, las sospechas se me han confirmado con cada persona que he hablado: Un líder de la oposición guineana, una religiosa española, un sacerdote de la etnia fang, pero también exiliado de su país, artículos varios, …

Poco más tarde empezaron a llegarme informaciones de hechos que ocurrían en ese país situado en un extremo del cinturón de África. La celebración de los 50 años de Independencia se estaba caldeando. La oposición en el exilio denunciando la situación del país; comunidades guineanas en el exilio haciendo declaraciones de independencia meramente testimoniales; y detenciones y agresiones que, según decía la información estaban sucediendo en Guinea Ecuatorial. La condena de la justicia francesa a Teodorín, hijo del presidente y supuestamente su futuro sucesor, si Dios no lo remedia.

A estas alturas creo que lo peor no es que la jerarquía eclesiástica viva saltándose muchas de las normas que ellos mismos imponen a su rebaño; ni siquiera que den la comunión a un gobernante caníbal ( al fin y al cabo es una costumbre heredada y asentada en su cultura); lo más sangrante es que la Iglesia no sea profética y denuncie los abusos de poder, el genocidio silencioso de minorías étnicas, y que, además, su silencio acepte ser pagado con dinero y obras “para la iglesia”.

Creo que cada vez es más evidente que en Guinea, y en cualquier lugar del mundo, la Iglesia o es perseguida, o al menos mirada con recelo por los poderes terrenales o … muy probablemente ande lejos de ser fiel reflejo del Evangelio de Jesús. El informe de Libertad Religiosa que cada dos años hace público la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada revela esta situación que se repite en África y en Asia de manera especialmente sangrante.

Recientes tenemos también los casos de la Iglesia en Nicaragua o Venezuela, donde el poder acusa a la Iglesia por cumplir su papel de denuncia de las injusticias; hace poco fue elevado a los altares Monseñor Romero, todo un referente de este modelo de Iglesia.

Que la Iglesia (o sus jerarquías más concretamente) en Guinea Ecuatorial viva tranquila y feliz es por todo esto, como mínimo, sospechoso.

Hoy muchos gobiernos se rasgan las vestiduras por el caso del periodista khashoggi. No menos espeluznantes y mafiosas resultan las historias que llegan desde ese pequeño recodo del continente africano llamado Guinea Ecuatorial.

Ojalá la voz de Eduardo, y de muchos más como él, sean escuchadas en el Vaticano y en el Mundo, y que cada institución tome medidas en lo que directamente le afecte. Y si de paso el Gobierno español se moja, igual puede enmendarse la chapuza que en tiempos de Franco se cometió. Incluyan en la reparación de la memoria a Guinea Ecuatorial, porque es una herencia del franquismo de la que, al parecer, ningún gobierno ha sido capaz de deshacerse. ¿No renegamos de un dictador que entraba a la iglesia bajo palio? Pues no se merece menos otro que incluye la celebración de una misa por su cumpleaños en un documento de acuerdo internacional.

Hace más de un año que llevo trabajando esta información que con dolor y tristeza hago pública ahora. Un año preguntándome: ¿En qué medida pueden ser tachados de corresponsables el Estado Español y La Iglesia de los 50 años de dictadura en Guinea Ecuatorial?

Mañana la primera parte del testimonio completo de Eduardo Losaha Belope.