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Josep Miquel Bausset

Josep Miquel Bausset

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El discurso del papa Pablo VI en la ONU

"Nunca más la guerra, nunca más"

Redacción, 04 de octubre de 2015 a las 08:40
Para el papa Montini la ONU había de ser "un puente entre los pueblos", ya que su vocación era "hacer fraternizar no a algunos pueblos, sino a todos". Y les animó a que continuaran avanzando en esta línea
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Pablo VI, en la ONU

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Pablo VI en su visita a Colombia

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Pablo VI, con Kennedy

  • Pablo VI, en la ONU
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  • Pablo VI en su visita a Colombia
  • Pablo VI, con Kennedy

(J. M. Bausset).- El 4 de octubre de 1965, hoy hace 50 años, el papa Pablo VI se dirigió a la Asamblea de las Naciones Unidas, la primera vez en la historia que lo hacía un obispo de Roma.

El papa Montini comenzó su discurso agradeciendo a Uthant, Secretario General de la ONU, la invitación que le había hecho de visitar las Naciones Unidas, una organización, dijo el papa, que trabaja "por la paz y la colaboración entre los pueblos de toda la tierra".

El papa, que se presentó ante los representantes de los Estados "en calidad de amigo" y también como "vuestro hermano", transmitió a la ONU el homenaje del Concilio reunido en el Vaticano en su última etapa y dirigió "un mensaje a toda la humanidad". El papa dijo: "Permitidme decirles que tengo un mensaje para todos ustedes. Sí, un feliz mensaje que quiero transmitir a cada uno de ustedes. Mi mensaje desea, antes que nada, ser una ratificación moral y solemne de esta augusta Organización".

El papa hizo suya "la voz de los pueblos, de los desheredados, de los desventurados, de los que aspiran a la justicia, a la dignidad, a la libertad, al bienestar y al progreso". Por eso el papa Pablo afirmó que "los pobres miran a las Naciones Unidas como la última esperanza de concordia y de paz". Y por eso pidió que la ONU, "el edificio que habéis construido, no ha de caer al suelo nunca, sino que ha de perfeccionarse y adecuarse a las exigencias de la historia".

El papa reconoció que la ONU ofrecía "una fórmula de convivencia extraordinariamente simple y fecunda". Y es que los representantes de las Naciones Unidas, según dijo el papa Montini, "habéis consagrado el gran principio que las relaciones entre los pueblos se han de regular por el derecho, la justicia, la razón, los tratatdos y no por la fuerza, la arrogancia, la violencia, la guerra".

El papa, que felicitó a los países miembros de la ONU "porque habéis tenido el acierto de acoger a los pueblos jóvenes, a los Estados recientemente llegados a la independencia y a la libertad nacionales", pidió que trabajaran "por la fraternidad de unos y de otros".

Para el papa Montini la ONU había de ser "un puente entre los pueblos", ya que su vocación era "hacer fraternizar no a algunos pueblos, sino a todos". Y les animó a que continuaran avanzando en esta línea. También les exhortó a "que nadie sea superior a los otros, que no esté uno encima del otro", ya que solo así se conseguiría la "fórmula de la igualdad". El papa proclamó solemnemente: "Nunca más los unos contra los otros; nunca más". Por eso recordó las palabras del presidente John Kennedy, que el 1961 dijo: "La humanidad ha de poner fin a la guerra, o la guerra será quien acabe con la humanidad". El papa, solemnemente expresó un grito de esperanza: "Nunca más la guerra, nunca más".

En un mensaje a favor de la paz entre los pueblos, el papa Pablo VI defendió la convivencia pacífica: "Es la paz la que ha de guiar los destinos de los pueblos y de toda la humanidad". Y animó a los miembros de la ONU a "enseñar a los hombres la paz", afirmando: "Las Naciones Unidas son la gran escuela donde se recibe esta educación".

El papa quiso dejar claro que la paz "no se construye solo con la política y el equilibrio de fuerzas", sino que "se construye con el espíritu, las ideas, las obras de la paz". Y el papa se preguntó: "¿Llegará alguna vez el mundo a modificar su mentalidad particularista y bélica que ha formado hasta ahora una parte tan importante de su historia?". Por eso animó a los miembros de la ONU a "ponerse decididamente en camino hacia la historia pacífica, la que será plenamente humana".

En medio de un ambiente de violencia en tantas partes del mundo, el papa afirmó que no era "posible amar con armas ofensivas a les manes", ya que estas armes "engendran malos sueños, alimentan malos sentimientos, exigen grandes gastos y frenan los proyectos de solidaridad". Por eso el papa hizo una llamada a destinar el dinero que se utilizan en fabricar las armes, a ayudar a los países más pobres, como ya había pedido en su viaje a Bombay, y les animó a "hablar de humanidad y de generosidad".

El papa Pablo VI hizo memoria de la encíclica "Pacem in terris" de Juan XXIII, para defender que "nadie ha de atentar contra la vida humana". El papa també pidió que se asegurara a todo el mundo "una vida, de acuerdo con su dignidad". Por eso pidió a los miembros de la ONU que ayudaran a "los gobiernos que lo necesiten", para así "vencer el analfabetismo y difundir la cultura", y también "una sanidad apropiada y moderna", poniendo al servicio de la humanidad "los recursos de la ciencia y de la técnica".

El papa, que hizo un llamamiento a "luchar contra el hambre", pidió que para todos "llegue el momento de la conversión, de la transformación personal, de la renovación interior", para hacer un mundo más justo y más humano, un mundo sin guerras ni violencias. Y por eso dijo que el peligro para el planeta no venía "del progreso humano ni de la ciencia", sino que el auténtico peligro humano "esté en el hombre".
El papa Pablo VI acabó su discurso afirmando que "los pueblos miren a las Naciones Unidas como la última esperanza de concordia y de paz".

Desgraciadamente, cincuenta años después del discurso del papa Montini en la ONU, la violencia y las guerras continúan extendiéndose por toda la tierra. Y por eso mismo hace falta, como pidió el papa Francisco el mes pasado en la ONU, una actitud y una apuesta a favor de la paz.



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