Religión
Mandianes
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El mundo es para Francisco la casa común de los hombres, sin fijar límites, ni fronteras ni orillas, al diálogo y al amor, y condena severamente los particularismos

(Manuel Mandianes).- Francisco encarna una mutación en la conciencia de la comunidad católica y, tal vez, mundial. Ha hecho que el mundo vuelva a hablar y ha llevado el Evangelio, la Iglesia y Jesús a las primeras páginas de los medios de comunicación y a las charlas de café.

Con Francisco, el cristianismo está conociendo un aggiornamento liberador, una renovada influencia. Es el Papa más popular, más celebrado y, dentro de la Iglesia, el más discutido de los últimos tiempos. Francisco no se burla ni critica la teología conceptual, escolástica sino que hace una predicación alternativa. A Francisco no le molesta la superioridad teológica, el cúmulo de conceptos, la fineza dialéctica de los otros pero él está tropezando con la hostilidad de los teólogos defensores del dogmatismo tradicional. "Un sudaca que no puede hablar de teología con los grandes teólogos europeos sin ruborizarse y sin hacernos sentir vergüenza ajena", oí a un sacerdote que comulga plenamente con las tesis económicas neoliberales.

Todos aquellos que tienen una mentalidad mercenaria de la clericatura y de la Iglesia y hasta de la sociedad, lo consideran un intruso. Francisco trata de incorporar no la cultura popular al Evangelio sino el Evangelio a la cultura popular.

Su teología no condena, ni expresa ni tácitamente, la escolástica pero, su actuar no está regido por ninguna estrategia dogmática, conceptual sino por el deseo ardiente de predicar y vivir el amor de Dios. No me extraña que muchos clérigos, empezando por el Cardenal Müller, estén tratando de formular un Enchiridion con las herejías y los errores de Francisco como contrapunto del Enchiridion Symbolorum Definitionum et Declarationum de Denzinger-Schönmetzer. Y hasta cierto punto tienen razón: la pastoral y la teología de Francisco es una crítica a las disquisiciones teológicas de grandes teólogos y famosos profesores. Muchos, aunque no abiertamente, se atreven a tildarlo de luteranismo o de iluminado.

"El cristianismo ha fracasado en la cristiandad porque ha perdido el sentido de su comunión, porque ya no se atreve a mirar cara a cara a su providencia", escribió L. Brunschvicg. Francisco predica la espiritualidad profunda del cristianismo, el culto en espíritu; busca el hombre interior, la vivencia, la experiencia de una vida evangélica; denuncia el dualismo de aquellos que cumplen con los ritos y olvidan el espíritu.

Esto lleva consigo, como efecto colateral, la desvalorización de las tradiciones, de la filosofía y teología escolásticas y el ritualismo sin alma pero respeta y aprecia en mucho la religiosidad popular con sus ritos y tradiciones. El ambiente precristiano de cada región no ha desaparecido del todo con la llegada del cristianismo. Por ejemplo, para ver lo que ha pasado en Galicia basta con leer De correctione rusticorum de Martín Dumiense.

Pablo se afligía porque entre los corintios unos decían: "Yo soy de Pablo", y otros: "Yo soy de Pedro,...". Francisco salta por encima de las interpretaciones y abraza al hermano, come y comulga con él. Cristo está por encima de maneras de vivir, de costumbres, de doctrinas. El mundo es para Francisco la casa común de los hombres, sin fijar límites, ni fronteras ni orillas, al diálogo y al amor, y condena severamente los particularismos. Francisco busca la unión y la comunión en lo esencial, más allá de las confesiones y de las ideologías. Francisco es un apóstol de la misericordia, de la piedad, del amor, de la paz.

Los comentarios y las catequesis de Francisco ponen el espíritu del Evangelio al alcance de todo el mundo, empezando por los mendigos de Roma. El más que nadie, se parece a un Pastor y hace que la Iglesia huela a oveja. La victoria de los cristianos no es verbal, con discursos incendiarios, alarmistas y patéticos, sino de ejemplo. Nadie podrá convertirse sin que vean en los cristianos una conducta ejemplar. El ideal de sacerdote de Francisco es un ideal misionero en el que no tienen cabida los indiferentes y resignados.

El único método de su teología, su apologética, su oratoria, es la verdad y la necesidad del momento y del que le escucha. A Francisco le interesa lo esencial del Evangelio, la persona de Jesús. Lo demás para él no es, y para la Iglesia no debe de ser, más que un andamiaje, que ayuda a construir la obra.

Hasta ahora se cumplió muchas veces lo que dice Unamuno a propósito de muchos ensayos y artículos: "El andamio no deja ver la obra y es más importante que ella". El Papa se centra en el Evangelio, está renovando el método de hacer teología, partir de la realidad y no de la especulación. La teología y la realidad estaban divorciadas, menos la teología de la liberación que ha recibido, hasta que llegó Francisco, palos de las más altas jerarquías vaticanas.

Ante las perplejidades e incertidumbres de mucha gente de Iglesia ante la personalidad de Francisco, es impresionante ver el entusiasmo con que mucha gente de un mundo alejado del cristianismo, habla, siente, admira y agradece el ejemplo de Francisco.