Religión
Columnistas_Ängel Manuel Sánchez
La CEE ha optado por la "diplomacia" interna, la indefinición externa, y la tibieza en todas partes

(Ángel Manuel Sánchez).- Las crisis nos brindan la oportunidad de medir nuestra capacidad de estar a la altura de las circunstancias.

La Iglesia católica en España no ha estado a la altura de las presentes circunstancias históricas.

La Iglesia católica en España viene arrastrando graves disensiones internas dentro de su jerarquía desde hace décadas. Que los trapos sucios se laven en casa, ha sido la estrategia sostenida durante décadas por nuestra jerarquía.

Esta estrategia, funcional pero ineficaz, se ha extendido también entre los miembros del clero y del laicado comprometido. Y así, ante situaciones de extrema gravedad internas o externas, vamos dando bandazos y teniendo una nula y frustrante falta de protagonismo en nuestra sociedad.

Situaciones de tensión política y social como las actuales en España, hacen imposible la no exigencia a las instituciones de una postura definida y cargada de autoridad, en su caso, moral, si nos referimos a la Iglesia católica, que orienten la reflexión, ya de por sí escasa, de una sociedad española vapuleada emocionalmente por los acontecimientos y la sobre información.

La Iglesia católica en España ha sido incapaz tras la muerte de Tarancón, de ejercer eficazmente un liderazgo moral en la sociedad española, un liderazgo que le corresponde por su significancia social e histórica.

La democracia española está madurando. La Democracia es una construcción racional y no emocional regida por el imperio de la Ley.

La ley previene frente a abusos e imposiciones. Es la mejor defensa del débil frente al fuerte. Los conflictos poseen una solución jurídica y no demagógica. La democracia es una construcción racional, y las emociones deben someterse a la Ley para que una sociedad pueda soberanamente construirse y no auto-destruirse.

La CEE ha optado por la "diplomacia" interna, la indefinición externa, y la tibieza en todas partes, porque con carácter general o se ha optado por el mutismo, por la equidistancia o por el compromiso abierto con el proceso secesionista. En una situación de grave división social, de crisis política sin precedentes en los últimos cuarenta años, la tibieza no tiene excusa y la complicidad política tampoco.

Una parte del clero catalán ha olvidado gravemente que sólo existe una Iglesia, la Iglesia EN Cataluña. No existe la Iglesia de Cataluña, como tampoco la Iglesia de España, sino la Iglesia en España.

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