Religión
Navidad RD
¡Unos 100,000 sacerdotes han abandonado el ministerio desde los años 70 hasta el día de hoy! (y parece que nadie se inmuta ante semejante catástrofe...)

(Andrés A. Fernández).- Abusando de la magnanimidad de nuestro Señor, que nace para salvarnos de nuestros pecados, y también para atender nuestras súplicas y peticiones, y para reforzar además la idea de que la Utopía no es patrimonio de la izquierda, tanto política como religiosa, sino de todos, y todos tenemos derecho a ejercitarla alguna vez (¡qué mejor momento que ahora, delante del Niño Dios!), preocupado por la crisis del santísimo ministerio sacerdotal, degradado por las prácticas institucionalistas que lo oprimen hasta ahogarlo (parece que irreversiblemente, si Dios no lo remedia...), y preocupado por la crisis de fe que asola el mundo, sobre todo a los países desarrollados, y en profundo espíritu de adoración, junto con los ángeles y los pastores, yo me atrevo a pedir al Señor lo siguiente:

Libertad pastoral completa para los sacerdotes, en especial para los pequeños sacerdotes. Hay vida fuera de los muros de la parroquia. Es más, la vida está fuera de las parroquias, no dentro.

El modelo parroquial-ritualista ha fracasado. No podemos seguir condenando a los sacerdotes, en especial a los pequeños sacerdotes, a una frustración completa. ¡Unos 100,000 sacerdotes han abandonado el ministerio desde los años 70 hasta el día de hoy! (y parece que nadie se inmuta ante semejante catástrofe...) ¿Cuántos cientos de miles más necesitamos para tomar conciencia de la fatalidad de esta situación? Luego se levantan problemas que son simple consecuencia de lo anterior (casamiento para los sacerdotes, curas casados porque faltan sacerdotes, etc.).

Que los sacerdotes puedan ejercer el ministerio que el Señor quiere para cada uno de ellos, sin ningún tipo de impedimento ni restricción. Libres hasta para cometer errores. En este mundo globalizado interconectado electrónicamente, hay muchos mundos todavía por conquistar y evangelizar para el Señor (prensa, radio, televisión, universo Internet, YouTube, redes sociales...).

Y además, que a los sacerdotes les mantenga el Pueblo de Dios, que está dispuesto a sostener -¡y más que sostener!- a sus pastores (no hay más que ver a los pastores evangélicos, y eso que no están ni medianamente formados, por no sacar otros temas).

Que los seminaristas salgan todos ellos con un máster en relaciones internacionales, y otro máster en economía debajo del brazo. Así saldrán con al menos algún conocimiento del mundo que están llamados a evangelizar.

Evangelizar es mucho más que imponer ritualismos y rogativas. El mundo está hambriento de Palabra vivificadora. Si no conocemos el mundo, no lo podremos jamas evangelizar. Y si además nos preocupa tanto la pobreza, que al menos sepamos someramente las causas de la misma, para poder erradicarla completamente, cosa que no se podrá hacer jamás desde el "utopismo" ("¡por un mundo mejor!") ni desde el "buenismo" ("¡mirad qué bueno soy porque hablo de los pobres!, pero no me preguntéis cómo los puedo sacar de la pobreza, porque no tengo ni idea...").

Y todos los seminaristas, certificados en coaching y PNL. La dirección espiritual y la confesión están en decadencia, mientras que los servicios de coaching y PNL están cada vez más demandados. Algo falla en el modelo que estamos ofreciendo. No estoy diciendo que los sacerdotes sean simplemente sean couchés. Estoy diciendo que tienen que conocer las técnicas de coaching y de la PNL, para mejorar 180° la práctica de la dirección espiritual y de la confesión. Demasiados neuróticos se pueden crear con una mala praxis en el confesionario...

Que los seminaristas (y los sacerdotes lo hagan ordinariamente) sean capaces de dirigir oraciones comunitarias de alabanza, de adoración, de petición, de acción de gracias, de intercesión... ¡sin leer!. Y si alguno tiene necesidad de leer algo, que se lea y proclame la Palabra de Dios, que es Palabra revelada.

Falta Palabra de Dios y sobran palabras y devocionales privados, creados con muy buena intención, pero que son absolutamente limitados e incompletos. Y hay gente que los toma como "palabra de Dios" revelada, creándose la confusión que actualmente existe.

Ofrecer una espiritualidad encarnada, que transmita lo mejor de nuestra espiritualidad milenaria, y que vaya además totalmente acorde con los modelos científicos, especialmente las neurociencias.

Los retiros y ejercicios espirituales "religiosos" están en decadencia, mientras que los retiros y ejercicios de meditación personal espiritual no religiosa se están poniendo de moda. De hecho hay un negocio creciente de turismo espiritual que es tremendamente floreciente en algunos países, por ejemplo USA. Y quienes los dirigen son fundamentalmente monjes budistas que están creando escuela, incluso entre neuropsicólogos de prestigio. Si no entramos en este mundo, nos quedaremos vistiendo santos, o mejor, colocando vestiditos a estatuillas de cera empolvada, ya abandonadas en el desván de la historia...

Que la institución hipostática de poder eclesiástico deje paso a la autoridad eclesial al servicio de todos, el "imperium" (coactivo y coercitivo) deje paso a la "auctoritas" (autoridad moral y espiritual que anime al seguimiento, no al rechazo).

Y si alguien siente el vértigo de la libertad, que se le asigne un tutor personalizado que le ayude a andar por el "buen camino". Los demás no necesitamos pagar su inseguridad personal. El tiempo de la tutorización impuesta ha terminado. Llega el tiempo de la autoridad moral ganada con el testimonio y la Palabra, que convenza y anime al seguimiento. Y que cada palo aguante su vela...

Como estoy absolutamente convencido de que estos propósitos son, más que utópicos, imposibles de realizar al día de hoy, ni en quinientos años, incluso por el Niño Dios, y no por su culpa, me conformo con felicitar a mis amables lectores y desearles una muy feliz y ungida Navidad. Que el Niño Dios nos conceda celebrarla con tal fe, que su nacimiento en nuestra vida nos deje renovados radicalmente en nuestra humanidad y nuestra santidad para siempre.

¡Feliz Navidad!
Que Dios os bendiga.

Para leer todos los artículos del autor, pincha aquí: