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Opinión
Josep Miquel Bausset
Sencillo y humilde, libre y afectuoso, el papa Francisco es un hombre que sonríe con dulzura, que abraza a los enfermos y que quiere reestructurar la Curia

(Josep Miquel Bausset).- La acusación de encubrimiento de abusos sexuales hecha por el exnuncio en los EUA, Carlo Mª Viganò, ha sido un mísil dirigido al obispo de Roma, el papa Bergoglio, con el objetivo de que presente su dimisión. Y es que en cinco años, y eso el sector más inmovilista e integrista de la Iglesia no se lo perdona, el papa Francisco, el "revolucionario", ha renovado la manera de hacer del Vaticano. Después de un largo invierno eclesial, el papa Bergoglio, venido del Tercer Mundo, ha traído a la Iglesia una ráfaga de aire fresco, una nueva primavera parecida a la del papa Juan XXIII.

La denuncia que el papa Francisco ha hecho del capitalismo salvaje y que dijese que no es un papa de derechas, su apuesta por denunciar el cambio climático y la industria bélica, ha hecho que los sectores más ultraconservadores de la Iglesia hayan calificado a Bergoglio de marxista.

Y es que el discurso de Francisco, basado en la doctrina social de la Iglesia y fiel al Evangelio y expresado con palabras contundentes y que todos entienden, ha puesto de manifiesto que el dinero solo tiene sentido cuando está al servicio de las personas y especialmente de las más necesitadas. El papa ha denunciado de una manera clara y contundente de cualquier sistema político y económico que no esté a favor de los demás, con una crítica muy severa al capitalismo salvaje.

Debido a los aires renovadores que nos ha traído el papa, incluso el Sr. David Fernández, exdiputado de la CUP en el Parlament de Catalunya, decía: "No sé si el discurso del papa se puede calificar de anticapitalista. No lo es nítidamente, pero sí que es cierto que conecta con una tradición de base de la Iglesia muy perseguida, con símbolos como Casaldàliga y Leonardo Boff. Su discurso es innovador, contrario a muchas cosas".

Elegido persona del año por la revista Time, el papa Francisco ha sorprendido al mundo con ideas nuevas, como el deber de la solidaridad y de la justicia social. Por eso el papa ha pedido políticas que "atenúen el excesivo desequilibrio de las rentas" y también ha apelado al desarme nuclear y a la no-proliferación armamentística, denunciando incluso la fiesta de los fabricantes de armas y la muerte de los inocentes.

 

El papa Francisco ha exigido una tolerancia cero con la pederastia, ha cesado a algunos obispos encausados como pederastas y ha pedido una justicia a favor de las víctimas.

El papa Francisco ha reformulado con energía los principios de la doctrina social de la Iglesia, adaptándolos a la actual globalización y ha denunciado también el tráfico de personas con el objetivo de explotarlas laboral o sexualmente, ya que es "una forma de esclavitud cada vez más extendida y que afecta a todos los países". El papa ha criticado con dureza la existencia de "millones de víctimas de trabajo forzado, de tráfico de personas para mano de obra", un hecho que es una violación de los Derechos Humanos, una vergüenza y un crimen contra la humanidad, como también ha denunciado la indefensión de los refugiados, olvidados por Europa.

Sencillo y humilde, libre y afectuoso, el papa Francisco es un hombre que sonríe con dulzura, que abraza a los enfermos y que quiere reestructurar la Curia. Francisco no quiere carrerismo en el seno de la Iglesia y por eso ha pedido a los presbíteros, obispos y cardenales, que sean servidores, no patronos. Y todavía, ha dicho también a los cardenales: "El cardenal entra en la Iglesia de Roma, no en una corte".

Francisco quiere una Iglesia que no caiga en la corrupción ni en la hipocresía. Una Iglesia que no se cierre en un círculo egocéntrico. Una Iglesia que salga de ella misma per ir a las periferias. Una Iglesia que no sea autorreferencial, ya que así se cae en el narcisismo.

Comprensivo y abierto a las diversas sensibilidades de nuestro mundo, Francisco también está cambiando la manera de ver la Iglesia, tanto por lo que respecta a los homosexuales ("¿Quién soy yo para juzgarlos?" decía el papa) como para los divorciados vueltos a casar.

Francisco quiere una Iglesia que no busque honores ni privilegios, sino que aprenda a ser servidora del mundo. Una Iglesia que esté cerca de los más pobres, de los desvalidos y de los últimos de la sociedad. Una Iglesia que busque nuevos caminos y que dialogue con todos, incluso con los adversarios. O más y todo con los adversarios. El papa Francisco no quiere una Iglesia de poder sino que desea construir una Iglesia que escuche sin juzgar, que perdone sin condenar, que acoja sin discriminar ni excluir a nadie. Una Iglesia que, afable y amable, sea para nuestro mundo, signo de paz y de esperanza. Y eso, el sector más retrógrado de la Iglesia, "la hipocresía de gente falsaria" (1Tm 4:2) no se lo perdona al papa. Por eso "los rebrotes dañinos" que "llevan un fruto mortífero" (De la Carta de San Ignacio de Antioquía a los cristianos de Trales), quieren cortar la cabeza del papa Francisco, como Herodes hizo decapitar a Juan Bautista.

Los que han acusado al papa Francisco, habrían de recordar la denuncia de San Pablo a los que "insubordinados, hablan sin ton ni son y son seductores, pervierten familias enteras por intereses vergonzosos" (Tt 1:10-11). Y también habrían de recordar las palabras del papa San Gregorio el Grande cuando pide a los pastores "evitar las cosas falsas". San Gregorio denunciaba a aquellos que van con "maquinaciones astutas" y también a los que tienen la argucia de mostrar "lo que es falso como si fuese auténtico". (Tratados Morales de San Gregorio sobre el libro de Job).

Por eso hace falta que los cristianos pidamos a Dios que sostenga y dé luz y fuerza al papa Francisco para hacer frente a los ataques injustos que está recibiendo.