• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Xabier Pikaza Ibarrondo
Una iglesia que quiere mantener (defender, exigir, imponer) algo como propio en un nivel de posesión económica o de dominación social o religiosa deja de ser cristina

(Xabier Pikaza Ibarrondo).- La iglesia de Jesús sólo puede ser todo-poderosa si renuncia de un modo gratuito, por creatividad, a todo tipo de poder económico y religioso, político y social, como sabe el Evangelio, como canta Pablo en Flp 2.

Una iglesia que quiere mantener (defender, exigir, imponer) algo como propio en un nivel de posesión económica o de dominación social o religiosa deja de ser cristina.

La visión de una iglesia jerárquica, centrada en su poder (como madre y maestra que sabe unas cosas que otros no saben) , con bienes y privilegios a su servicio, ha sido normal dentro de una cultura que sacraliza el "buen poder" y defiende un tipo de jerarquía ontológica (neoplatonismo), política (imperio romano) y sapiencial (el buen “magisterio”). Ese tipo de iglesia ha podido hacer muchas cosas "buenas", en un plano político-social, pero ha dejado de ser cristiana.

La visión de una Iglesia como signo del buen poder, y la praxis que deriva de esa visión ha permitido que un tipo de cristianismo se extienda como religión y cultura occidental en espacios y pueblos menos "desarrollados", favoreciendo así la "conversión" muchos pueblos y grupos humanos. Esa es una visión propia de seres y grupos que se sienten superiores a los otros, siendo así capaces de “salvarles” incluso con la fuerza; pero en sí, como tal, no ha sido ni es cristiana.

Pues bien, el tiempo de simbiosis entre cristianismo y poder (y en especial la interpretación del cristianismo como jerarquía religiosa y social) ha terminado, pues así lo exige la visión actual del hombre y, sobre todo, la experiencia radical del evangelio interpretado como principio de creación y comunión gratuita, sin el apoyo de ningún "poder" externo.

El fin de un ciclo de poder cristiano

En la línea anterior podemos afirmar que ha terminado (está terminando) un ciclo de cultura occidental, de origen greco-romano con rasgos cristianos, desde el nuevo contexto de globalización económico-administrativa y, sobre todo, desde la novedad sorprendente del evangelio (como experiencia de libertad y comunión no jerárquica).

Desde ese fondo podemos y debemos destacar los riesgos principales que ha tenido el proceso de jerarquización del cristianismo, en línea de sometimiento sacral y dictadura social:

–Riesgo de sometimiento sacral: neo-arrianismo.

La gran herejía cristiana (el arrianismo) consiste en entender al hombre (a Jesús) como inferior a Dios, interpretando la piedad religiosa como sometimiento. Ese modelo jerárquico ha pervivido en la visión de conjunto de la iglesia, que ha venido a estructurarse como sistema de sacralidad gradual donde unos (maestros y jerarcas) reciben el don y deber de iluminar y guiar desde arriba a los demás, como si el mismo Dios se expresa a través de su autoridad, sancionando un sistema de poder.

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