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Opinión
Hacia la canonización de Romero Agencias

(Antonio Aradillas).- Quienes tuvieran algo que ver en la Iglesia, en cualquiera de sus niveles, con las llamadas "Causas de los Santos", habrían de extremar su sentido evangélico en cuantas decisiones tomaran, o estuvieran dispuestos a tomar.

Con los santos y santas no se juega, y menos en la Iglesia. Ni tampoco se comercia. Son algo extremadamente serio. Lo de la mediación y ejemplaridad, no necesitan de explicaciones evangelizadoras seguras. Santos y santas, y sus respectivos procesos de beatificación- canonización jamás, o difícilmente, podrían ser "cosa de pobres o de ricos". Su ritmo-lentitud, o presura, por canónica que sea o se parezca, no podrá ser explicado y adoctrinado en función de colectas indulgenciadas, ni de milagros, siempre discutibles a la luz de las ciencias antropológicas y, por supuesto, de la teología dogmática, así como de la pastoral.

La actualidad de los santos -"vida y milagros"- habrá de ser sagradamente tenida en cuenta siempre y con todos, superados los tiempos en los que unos y otras fueron, y se nos presentaron, por ejemplo, como modelos de penitencias estilitas, vividos en tórridas columnas del desierto, entre el cielo y la tierra, lejos de tentaciones y del "mundanal ruido", con perentoria dedicación a vencer -que no a convencer- a "demonios malignos" en su ascética variedad de versiones.

Otro punto de referencia será, hoy por hoy, y tal y como "estadistiquean" datos e informaciones, el de que, entre "canonizables" y "beatificables", comiencen a primar los laicos y no los pertenecientes de alguna manera a la clerecía, comenzando por los mismísimos Romanos Pontífices, Fundadores y Fundadoras. Los clérigos, por muy "santos canonizados" que sean, son -debieran ser-, minoría respecto a los laicos-seglares, por "pecadores" que hayan sido o sean considerados aún dentro de instituciones y organismos oficiales de "Nuestra Santa Madre la Iglesia".

Estas, entre otras consideraciones, las suscita la próxima canonización de Mons. Romero, obispo, mártir y "pobre", aunque rico -"riquísimo"- en las graves dificultades que, entre unas cosas y otras, dentro y fuera de la Iglesia, está siendo preciso superar para "ascender al honor de los altares". El convencimiento además de que para algunos -más clérigos que laicos- , no será jamás ejemplo de vida y de muerte y, por tanto, sujeto de devoción, se da por supuesto, a consecuencia del adoctrinamiento recibido a lo largo y ancho de una viciada educación en la fe y, sobre todo, a los compromisos que su devoción llevará consigo.

Al redactar estas elucubraciones recuerdo la polvareda que se produjo en los ámbitos del Nacional Catolicismo hispano, al hacerse pública la decisión de Mons. Iniesta, "obispo" de Vallecas, de asistir y participar como tal en los funerales de Mons. Oscar Romero, arzobispo de San Salvador, conocido, reconocido e invocado como "La Voz del Pueblo".

Copio la información distribuida por algunos medios de comunicación de la época en la que literalmente se refería que "Parte importante de la Iglesia española, no la 'oficial' sino la de los pobres, se aprestó a dictaminar la canonización de Mons. Romero, como mediador ante Dios y como ejemplo de vida cristiana, sin necesidad de procesos canónicos de ninguna clase y aún en contra del criterio de quienes pudieron y debieron haberlo hecho "ipso facto", o inmediatamente después".

Con misericordia y compasión, no del todo dolosa, hay que reconocer que en aquellos tiempos del Nacional- Catolicismo, muy pocos obispos de España contaban con el carisma de la desobediencia curial a la jerarquía y, subsidiariamente, a la del Gobierno, a cuyo representante supremo recibían bajo palio.

¿Cuál y cuanta será la representación episcopal española en los próximos acontecimientos de Roma, con ocasión de la canonización de "La Voz del Pueblo", cuando sus antecesores en el episcopado tan pocas veces fueron "Voz", sino "Silencio" más o menos cómplice? ¿Tendrá carácter de reparación tal representación "oficial"? ¿Lo tendrá de examen de conciencia y de penitencia colectiva e institucional? ¿Qué se pensará en Vallecas, y en otras periferias, y qué pensaría ahora Mons. Iniesta, en el inicio de cuya "causa de beatificación" pocos pensaron? Consta que en tal Vicaría, y para sufragar los gastos del viaje de su obispo al funeral de Mons. Romero, se recolectaron entre los fieles, unas 400.000 pesetas de entonces.

De todas maneras, la estampa "oficial" aureolada del "místico" disco o nimbo que corona la cabeza del nuevo santo, debiera haberse revisado con criterios más artísticos y pastorales antes de habérsele concedido el "Nihil Obstat". En la letanía y rogativas de de los santos dulces y acaramelados, Mons. Romero no tiene cabida, aunque sea posible, y hasta aceptable y devoto, que otros la tengan...