• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Ramón Baltar Veloso
La nómina de excolegiales clérigos y laicos que llegaron a ocupar altas posiciones en la iglesia, en la Universidad, en la política y en el mundo de la cultura, certifica su acierto

(Ramón Baltar, escritor).- Pide la decencia reconocer sin reservas el trabajo de las instituciones de la ICAR que benefician también a la sociedad civil. El cierre del Colegio Español de Munich da ocasión para hacer público homenaje a una entrañable creación de los Operarios Diocesanos, con gozo entreverado de un sí es no es tristeza.

La nómina de excolegiales clérigos y laicos que llegaron a ocupar altas posiciones en la iglesia, en la Universidad, en la política y en el mundo de la cultura, certifica el acierto de la idea fundacional: formar dirigentes que en su día ayudaran al país a desensimismarse.

Pero hay otra aportación no menos reseñable: el Spanisches Kolleg, más que una residencia de estudiantes y profesores al uso, para los que quisieron entender su mensaje comunitario fue una manera de hogar donde aprender la lección que importa: vivir pleno exige compartir.

Este logro singular se debe a los sacerdotes operarios que lo dirigieron y le entregaron lo mejor de sus talentos cada uno con su estilo, prestando a varias generaciones un servicio tan cualificado que se toma por diaconía. Para que con uno queden honrados todos, presento en esbozo la figura del último Director al dictado de la memoria agradecida y como reconocimiento de deuda moral, superando el temor de que la alabanza parezca atraco a la modestia del retratado.

Don José Antonio Sampedro Sánchez es un tipo de fiar y cura cabal, de los que creen en Jesús y se les nota en su obrar el bien sin mirar a quien y sin dar cuartos al pregonero. Su lema es de inspiración evangélica: primero la persona; para ello ha recibido los dones oportunos, sobre todo los de acogida y escucha. Su desempeño actualiza el concepto teológico de sinodalidad, que en español se declara por hacer el camino con otros.

Estuvieron la Hermandad como institución y los responsables del SpK donde debían, y de su desinteresado compromiso se siguió inmenso provecho para tantos. Cabe aplicar a aquella y a estos la sentencia del poeta: "Lleva el que deja".