Religión
Xabier Pikaza Ibarrondo
No le mató un monstruo individual más o menos enfermo y sin educar..., sino el mismo sistema político‒religioso de Jerusalén que no quería educación en libertad, sino imposición

(Xabier Pikaza).- Éste es un mensaje que nos deja Laura Luelmo, asesinada por ir sola, por un sitio "oscuro", a campo abierto, junto a Campillo de Huelva.

Quiso ser ella misma, y no tener miedo, en contra de la enseñanza que le habían impartido, por libertad, por confianza en la vida, ella que era maestra, con el ideal de enseñar a los monstruos a no serlo. Pero salió del matorral uno de esos monstruos no enseñados, no educados, no humanizados.

El resto lo sabe y dice toda la prensa de España, entristecida por Laura, enfurecida con el monstruo de Campillo, este día de vísperas de Navidad. El tema es "enseñar a los monstruos a no serlo", es decir, educar en humanidad y respeto, mostrando que los "límites de la vida" (no matar, no violar, no robar...) son sus valores más grandes, los signos de su verdadera libertad, de un gozo más alto. Gracias, Laura, por haber vivido, por haber enseñado, por decirnos que hay que seguir "enseñando" a los monstruos.

 

 


 

 

Siempre han existido monstruos, y asesinatos de mujeres (y de hombres) por mal deseo o envidia, como sabe la Biblia desde el principio (Gen 6), pero siempre han existido mujeres como Laura que han optado por "educar a los monstruos", enseñarles a vivir en libertad y respeto.

Éste es un problema de familia y educación en libertad..., pero es también un tema de economía y de política, de religión y re-educación, con buena policía y política, pero, sobre todo, con un nuevo nacimiento en educación humana, por encima de la tiranía de un dinero que todo lo compra y vende, con unas redes sociales donde sigue imperando la violencia.

En un momento en que parece que todo es posible en política y todo es normal en economía, en un momento en que las redes más ocultas y las más visibles están llenas de violencia y de contra‒violencia, quiero poner de relieve la importancia de ese tuit de Laura: Enseñar a los monstruos a no serlo, ése es el problema.

Hay otros problemas de tipo psicológico, difíciles de resolver, pero la única respuesta de fondo es la enseñanza, como quiso hacer Jesús, maestro caminante, creador de una escuela de paz en Galilea, una escuela de campo y camino, que se atrevió a liberar de los "demonios" y los monstruos de su tiempo, encerrados en su miedo y su violencia.

Enseñar es ante todo "curar" de su violencia al violento, liberar de su demonio al endemoniado, para que hombres y mujeres puedan caminar solos si quieren por los campos de El Campillo o por las calles de Barcelona, a pleno día o de noche, porque hay una protección mayor que la que pueden ofrecer todos los policías, que es el respeto a la vida, el gozo de que el otro sea otro y sea libre, para poder comunicarnos con él en libertad de amor.

 

 


 

 

Dedico estas palabras a Laura que quiso ser "educadora" incluso de los monstruos, porque pensó que le enseñanza libera mucho más que las pistolas . No sé si era cristiana, ni me importa ahora. Pero puso como clave de su vida una palabra que podría ser de Jesús de Nazaret: "Se trata de enseñar a los monstruos a no serlo". De ese tema se ocupa mi libro sobre Jesús Educador.
 
También a Jesús le mataron por ser educador, pero no en un descampado de El Campillo, como a Laura, sino a pleno día, en la gran ciudad. No le mató un monstruo individual más o menos enfermo y sin educar..., sino el mismo sistema político‒religioso de Jerusalén que no quería educación en libertad, sino imposición.

Perdona, Laura, no te conozco, pero te imagino como mi madre. Esta es para mí la mejor alabanza que puedo tributarte. Mi madre era como Laura, una mujer independiente, joven, guapa... Pero eran otros tiempos, y le mandaron sancionada como maestra a una zona de la más dura montaña de los pasiegos, en el nacimiento del río Miera, entre Cantabria y Burgos, acabada la guerra de monstruos de España (1936‒1939)

Debía andar por descampados, ida y vuelta cada día, hasta la escuela. Había maquis en las cuevas, con el olor de la guerra recién terminada, muchachos mayores que querían aprender a leer y escribir y a conocer las cuatro reglas de las matemáticas hasta que le llegara el tiempo de la mili.

Le dijo ella al alcalde "tengo miedo", y el alcalde le respondió: Nadie pondrá la mano en una mujer y maestra como tú. Y así anduvo, año tras año, por los duros caminos del Alto Rio Miera, al principio sola, pero muy pronto acompañada por la mirada respetuosa de los mayores (maquis o pastores de alta montaña), con niños y niñas que corrían a su lado cantando las cuatro regla, y aprendiendo a ser personas.

Este recuerdo de mi madre me hace casi llorar cuando leo lo de Laura, asesinada en el borde del Campillo, por un monstruo que no había sido enseñado, en un mundo en que la enseñanza de verdad (la de la vida, el amor y el respeto) parece no valorarse ya.

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