• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Josep Miquel Bausset
El papa Luna fijó "en doce el número de monjes, presbíteros, ermitaños y donados" que habían de residir en Montserrat. Además. Otorgó al "abad y sucesores el uso de las insignias pontificales" y a los monjes "la facultad de elegir el propio prelado"

(Josep Miquel Bausset).- En un artículo en este mismo medio (19 de enero de 2019), el periodista Jesús Bastante se hacía eco de la documentación entregada a la Congregación de la Doctrina de la Fe, con el objetivo que el papa Benedicto XIII sea restituido como pontífice legítimo de la Iglesia.

Según el amigo Bastante, el presidente de la Asociación: "Amics del Papa Luna" de Peníscola, Juan Bautista Simó, ha defendido la rehabilitación de Pedro de Luna en el seno de la Iglesia, con lo cual, de producirse, se suspendería la excomunión sobre Benedicto XIII y éste dejaría de ser hereje y antipapa. Así el papa Pedro de Luna podría ser rehabilitado por el Vaticano.

Las relaciones del papa Luna con Montserrat fueron intensas. El 2011 se cumplieron seis siglos que el papa Luna, con su curia, se instaló en Peníscola, convirtiendo esta villa de la comarca valenciana del Baix Maestrat en ciudad pontificia. De esta manera el castillo de Peníscola, juntamente con Aviñón y Roma han sido a lo largo de los siglos, las tres ciudades que han acogido un papa y su curia.

Fue a la muerte del papa Clemente VII (escogido por los cardenales franceses que se oponían al otro papa, Urbano VI) cuando los cardenales partidarios de Luna lo eligieron obispo de Roma con el nombre de Benedicto XIII.

Este papa, que conocía y amaba el Santuario de Montserrat mucho más que su predecesor, duplicó los esfuerzos para decantarlo a su obediencia, ya que este monasterio, con el prior Vicent de Ribes se encontraba adherido a la causa de los papas de Roma. Incluso después del paso oficial de la Iglesia catalana y de la Corona de Aragón (con el rey Martín el Humano) a la obediencia a Aviñón, Montserrat continuó manteniendo la fidelidad a Roma.

Pero con la muerte del prior Vicent de Ribes en 1408, quedaba eliminado el principal obstáculo para que Montserrat entrase en la órbita de Benedicto XIII, cambiando así la obediencia a Roma por la de Aviñón. De esta manera, una vez Montserrat pasó a la fidelidad a Pedro de Luna, el papa llenó de privilegios nuestro monasterio y le concedió la independencia respecto a Ripoll.

El 10 de marzo de 1409, Benedicto XIII nombró a Marc de Vilalba (que era abad de Ripoll) primer abad de Montserrat y al día siguiente expidió la bula que transformaba el antiguo priorato de Montserrat, en abadía independiente de Ripoll.

El P. Cebrià Baraut, monje de Montserrat e historiador, en su obra: "Benet XIII i el monestir de Montserrat", destacaba que el papa Luna, en erigir la abadía fijó "en doce el número de monjes, presbíteros, ermitaños y donados" que habían de residir en Montserrat. Además, el papa otorgó al "abad y a sus sucesores el uso de las insignias pontificales" y reservó a los monjes "la facultad de elegir el propio prelado", aunque el abad de Ripoll dispondría de seis votos electorales.

La relación de Pedro de Luna con Montserrat se produjo después de su elevación al papado (28 de septiembre de 1394). Según el P. Baraut, la visita de Benedicto XIII a nuestro monasterio hay que relacionarla con el viaje que el papa Luna hizo a Barcelona el 1409, con el objetivo de bendecir el nuevo matrimonio del rey Martín el Humano con Margarita de Prades, el 17 de septiembre de aquel mismo año, donde San Vicent Ferrer celebró la misa.

Después de unos meses en Barcelona, el 18 de junio de 1410, Benedicto XIII asistió al entierro del rey Martín y aquel mismo día abandonó la ciudad en dirección a Montserrat.

Una prueba del gran afecto que el papa Luna sentía por nuestro monasterio, fue cuando el 21 de junio de 1410 subió la montaña para venerar la imagen de la Virgen.

El papa Benedicto XIII entró en el Montserrat que tantos años había deseado, con todos los honores, con cuatro cardenales que le eran fieles y con su curia pontifícia: "Anno Domini 1410, die 21 junii, dominus papa Benedictus XIII fuit personaliter, cum quator cardinalibus et tota ejus curia romana in monasterio Montiserrati".

Un viejo calendario-necrológico de nuestro archivo, califica la visita del papa Luna a Montserrat como un "acontecimiento notable", según el P. Anselm Mª Albareda, monje e historiador, en su Història de Montserrat. El papa Luna, que pasó en nuestro monasterio todo el día 22 antes de salir en dirección a Tarragona, ofreció a la Virgen de Montserrat una preciosa cruz de plata con pié de cristal.

Según el P. Albareda, "podemos creer que la acogida fue cordial y fervorosa, ya que el abad Marc de Vilalba, el primer abad de Montserrat había sido elegido por él" y, evidentemente los monjes que continuaban fieles al papa de Roma, se habían ido de Montserrat cuando murió el prior Vicent de Ribes.

A parte de la dignidad abacial conferida a nuestro monasterio, Benedicto XIII anexionó los prioratos de Sant Sebastià dels Gorgs y de Santa Cecilia a la nueva abadía y autorizó a los monjes y presbíteros residentes, "a administrar libremente y válidamente los sacramentos a los fieles" durante su estancia en el monasterio.

Así mismo, el papa Luna concedía "diversas indulgencias a los pelegrinos que visiten el santuario de Montserrat" y también a "recibir, sin haber de pedir ninguna licencia a nadie, las limosnas y donaciones hechas a la iglesia o al hospital de Montserrat", que era el lugar donde se acogían los peregrinos.

La ciudad de Peníscola (que el 1411 acogió al papa Luna) y Montserrat, tienen en común la figura de Benedicto XIII, que confirió al priorato montserratino la dignidad abacial.