• Director: José Manuel Vidal
Solidaridad
Alberto y Cristina, de Misiones Salesianas RD
Se ha querido envolver en una guerra étnica, pero detrás subyace el tema del poder, de los pozos petrolíferos, de la corrupción, que asola el país, y la hambruna, que también es un arma de guerra impresionante

(Jesús Bastante).- "La clave, realmente, es la esperanza". Misiones Salesianas es una de las pocas congregaciones religiosas que ofrecen un futuro a los refugiados de la guerra de Sudán del Sur que llegan al asentamiento de Palabek, en Uganda. Alberto y Cristina lo han visto de primera mano, y nos cuentan que, aunque "el día a día en un campo de refugiados es muy duro", también hay motivos para la alegría. Por ejemplo, el de que "los niños y las niñas te dicen: 'yo quiero seguir estudiando, quiero ir a la universidad, quiero ser enfermera...'", a pesar de las duras condiciones en las que se encuentran.

Trabajáis con Misiones Salesianas. Tú ya has venido alguna vez, Alberto, a presentarnos "Love" y algún documental más. Y ahora estáis con un proyecto que probablemente sea el próximo documental, y es "El campo de Palabek".

A.- Sí, estamos preparando la campaña del año que viene, que será sobre el asentamiento de refugiados de Palabek, en Uganda, el único que está abierto ahora y que recibe refugiados de la guerra de Sudán del Sur. Está formado solo por refugiados de este país. Hay otros veinte asentamientos en Uganda, que no son campos, son asentamientos porque son abiertos.

¿La gente puede entrar y salir?

A.- Sí, hay una política muy abierta de refugiados que luego te podemos comentar. Pero, de la veintena que hay es el único abierto en la actualidad, y todo con refugiados de Sudán del Sur, de los que apenas se habla pero que está ahí desde 2013.

Desde la creación del Estado, que es el más joven del mundo, en la que tuvo mucho que ver la cuestión religiosa. O, al menos, el papel de la Iglesia católica para intentar alcanzar la paz.

A.- Fue en 2011 cuando se independizó por referéndum, pero tiene detrás un largo recorrido de guerras civiles, de muertes, de matanzas y la última guerra, que surgió por la lucha de poder entre el vicepresidente y el presidente, de distintas etnias. Se ha querido envolver en una guerra étnica, pero detrás subyace el tema del poder, de los pozos petrolíferos, de la corrupción, que asola el país, y la hambruna, que también es un arma de guerra impresionante.

 

Mientras hablamos vamos a poner un vídeo de Vatican News, para que ustedes no se queden solo con las imágenes de nuestras caras y puedan ver un poquito de la experiencia de Alberto y de Cristina.

¿Estuvisteis en agosto?

C.- Estuvimos a finales de agosto, sí.

¿Cómo es el día a día? ¿Qué os encontrasteis allí? ¿Cómo se vive esa experiencia, Cristina?

C.- La verdad es que el día a día en un campo de refugiados es muy duro; las condiciones son muy precarias.

Este campo de refugiados está dividido en varias zonas, que son unas ocho, y cada zona se divide en diferentes bloques. Dentro de cada bloque hay unas cien familias, más o menos, que viven en pequeñas chozas.

Nosotros estuvimos en agosto y había unos 32.000 refugiados. Cuando llegan, el Gobierno de Uganda les da una pequeña parcela de terreno donde pueden cultivar y materiales para construir sus pequeñas casas.

Es todo autogestión: te dan un terreno donde hacer tu casa y tú te buscas la vida.

C.- Más o menos.

A.- El problema de decir 'familia' allí es demasiado pretencioso porque, casi, la figura del hombre no existe; a causa de la guerra, el 90% de los refugiados son mujeres y niños.

Y algún anciano, que será, entiendo, la presencia masculina.

C.- El 2% eran ancianos. El resto son niñas, niños, jóvenes y muchas mujeres.

 

¿Cómo llegan esas personas?

C.- Hablando con ellos, las historias son muy parecidas: la mayoría tiene que huir de repente. Claro, al final, hay una guerra en tu país pero tú no quieres dejar tu casa, y esperas hasta el último momento, que llega y, o te vas, o te van a matar; porque llegan a los poblados, incendian las casas, bueno... A las mujeres las violan... Es una catástrofe total. Entonces, huyen y caminan durante varios días por los bosques, donde pasan miedo porque es una situación peligrosa: en el camino de huida también corre mucho peligro su vida.

A.- Tiene que ir en la noche por veredas, escondidos, por el riesgo que hay.

C.- Una vez que llegan a la frontera son recibidos por ACNUR y la OPM, que es la oficina del primer ministro de Uganda, las autoridades de allí. Ellos se encargan de repartirles entre los diferentes asentamientos. Cuando nosotros estuvimos, Palabek era el único que estaba abierto, y esto porque los demás están colapsados: es tanta la cantidad de gente que llega que ya no hay sitio prácticamente.

¿Cuál es la labor de Misiones Salesianas en Palabek? Porque debéis ser de las pocas congregaciones que se encuentran en el asentamiento.

A.- Sí. Hay alguna congregación más de religiosos. Dentro del asentamiento hay unas treinta ONGs, pero la de los salesianos, concretamente, es la única donde los que están viven y duermen dentro. El resto de organizaciones, formadas por personal local de Uganda, entra a trabajar a las nueve. Viven en una localidad que estará a una hora de allí, y las cinco de la tarde regresan a sus lugares.

Desde Misiones Salesianas y desde la ONG de Jóvenes y Desarrollo, también estamos con el tema de los proyectos; de las necesidades que tienen ahora en el asentamiento tanto de alimentación como de infraestructuras, etc.

¿Cuáles son esas necesidades y cuál el trabajo que desarrolláis?

C.- El trabajo de los salesianos es, principalmente, el tema educativo: están gestionando cuatro escuelas infantiles para unos 730 niños de entre 3 y 6 años. Su idea es poner en marcha, también, una escuela primaria o secundaria, porque hay muy pocas; solo hay dos escuelas secundarias dentro del asentamiento y están muy distanciadas unas de otras. Entonces, depende de en qué zona vivan los jóvenes, a veces, para llegar a la escuela, tienen que caminar casi dos horas.

Entiendo que no hay una organización pensando en esto dentro del asentamiento.

C.- Sí que hay, pero no fondos suficientes. Es lo que nos decían: "hace falta mucha más ayuda".

También los salesianos están construyendo un centro de formación profesional. Está justo a las afueras del asentamiento, y la idea es formar a jóvenes refugiados subsudaneses, pero también de allí, de Uganda. Ya está casi finalizando la construcción del centro. El plan es ponerlo en marcha en el mes de enero, que es cuando empieza allí el curso escolar.

Aparte de esta línea educativa, los salesianos también hacen un trabajo de rehabilitación psicológica de las personas que llegan.

Vienen de una guerra y, sobre todo los niños, habrán visto cosas muy duras que se quedan marcadas en la memoria y pueden provocar conflictos en el futuro; que ese odio genere más odio.

C.- Esta labor de rehabilitación psicológica la hacen a través de sus actividades de ocio y tiempo libre. Además, están poniendo en marcha talleres de sensibilización, de prevención de la violencia y de convivencia pacífica.

Escuela en Palabek

 

Vosotros trabajáis a medio-largo plazo con personas que han venido a un sitio obligadas por las circunstancias; han tenido que huir. Pero con la intención, supongo, de regresar a sus casas. ¿Cómo es el planteamiento, sabiendo que esas personas pueden decidir regresar?

A.- La clave, realmente, es la esperanza. Hay que decir que los salesianos están en todo el proceso de los refugiados, desde que huyen de Sudán del Sur -incluso en los desplazamientos internos- porque también son acogidos en la capital de Sudán del Sur. Cuando cruzan la frontera a otros países, como es el caso de Uganda, hasta la acogida de emergencia. Y luego, ojalá que también en la reintegración posterior cuando lleguen a sus lugares de origen. Que puedan volver.

Pero, para darse cuenta de cómo es un refugiado, (que son personas como nosotros que, por una circunstancia concreta, la guerra, su vida se interrumpió un día) entre ellos hay de todo tipo de personas en cuanto a los trabajos que desarrollaban en sus país; hemos conocido médicos, abogados, ingenieros, que eran profesores allí pero que dentro del asentamiento solo son refugiados: tienen todo el día sin nada que hacer, y lo que procuran los salesianos es llenar su vida de actividades, de una formación que les valga para el futuro y que puedan seguir aprendiendo. Y, de hecho, lo que más nos llamaba la atención cuando hablábamos con ellos es que todos reclaman seguir aprendiendo. Quieren que les den las herramientas y los instrumentos para seguir educándose.

Supongo que pueden ayudar, también, en la medida de sus capacidades profesionales.

A.- Y luego, la mentalidad de cada uno varía mucho: unos quieren regresar porque es su país, sus raíces, su vida, donde lo dejaron todo, aunque ahora ya no tengan nada. Pero a otros les gusta la idea de quedarse en Uganda porque es un país acogedor, que les brinda oportunidades y donde la convivencia es muy pacífica. Uganda es, creo, el tercer país más acogedor en cuanto a política de refugiados, con casi un millón y medio de ellos. Mientras otros cerramos, o cierran las fronteras, allí hay una apertura total y además tienen permiso de trabajo, libertad de movimientos, educación gratuita, sanidad, etc. Entonces, es una facilidad.

¿Qué recordáis, especialmente, de esos días en Palabek?

C.- Sobre todo lo que has comentado tú, Alberto, que la gente valora de los salesianos es esa esperanza que les dan; la esperanza en el futuro, y que ellos, a pesar de las necesidades más urgentes que tienen de alimentación, de protección, de agua y saneamiento, (que hay muchos problemas de este tipo) quieren formarse, quieren seguir aprendiendo. Los niños y las niñas te decían: "yo quiero seguir estudiando, quiero ir a la universidad, quiero ser enfermera...".

Ahí sigue estando la esperanza que comentabais al principio.

Niños jugando en el asentamiento


¿Cómo está la situación en Sudán del Sur? ¿Es un Estado fallido? ¿Tiene solución? Porque estamos hablando de muchos miles de personas que están saliendo de allí, de un país que está en guerra permanente.

A.- Se le conoce como un Estado fallido por las luchas de poder. Cuando hablábamos de refugiados, nos decían que si hoy mismo se firmara la paz, tardarían cinco o seis años en que esa paz fuera real: que se celebraran elecciones, que el perdedor reconociera al ganador.

También, las pocas personas mayores que hay, los ancianos, nos decían que los jóvenes sí están preparados ahora para la paz. Y, de hecho, la convivencia es buena dentro del asentamiento. Solo tienen sus pequeños roces por el agua, por los problemas normales de la coexistencia. Es una educación para la paz, la que hacen los salesianos.

Y lo que más me llamó la atención en esa explanada donde está el centro de Don Bosco, fue que es el único sitio donde vimos columpios en los 400 km. a la redonda que tiene el asentamiento: es un oasis de paz, de ocio y de alegría de los jóvenes. A diferencia de otros lugares te das cuenta de eso; en otros países la necesidad es de pobreza, de hambre, que aquí también lo hay por las circunstancias, pero son personas que tenían vidas normales. Los jóvenes poseen una educación, que se ve en la forma de hablar, de expresarse, en los sueños que tienen de futuro..., que no tienen nada que ver con otros países. Te planteas que son las circunstancias las que les han llevado ahí. Por eso no tienen que dejar de soñar para convertirse en lo que quieren ser en el futuro.

¿El hecho de que haya no sé qué porcentaje de hombres, muy pocos, hace que el trabajo en el asentamiento sea distinto?

A.- Como en casi toda África, son las mujeres las que llevan el peso del trabajo: de ir al pozo a por el agua, de la agricultura...

Pero eso, en una comunidad en la que hay una presencia masculina, pero en este caso la presencia es mínima.

A.- Sí, mayoritariamente son mujeres y niños, con el peligro de que, cuando no tienen nada que hacer en esos ratos de ocio -por eso se trata de ocupar ese espacio-, vengan a reclutarlos de nuevo desde Sudán del Sur para que vayan a combatir, por el hecho de estar inactivos.

Estamos viendo en el vídeo al Papa Francisco que, hace un año, en un encuentro con el arzobispo de Canterbury, se abordó la posibilidad de que ambos líderes viajaran a Sudán del Sur y, al final, supongo que por razones de seguridad, todavía el Papa no ha viajado. Pero parece ser que es un sueño de Francisco.

A.- Si lo hizo a la República Centroafricana... Yo creo que su sueño es estar en todos los lugares donde hay conflicto.

¿Qué significaría mediática, social, religiosamente, que el Papa fuera a un lugar como Sudán del Sur? ¿Que pudiera estar en Palabek, por ejemplo?

A.- Yo creo que tendería puentes, como hace siempre. Estar en el lugar en el que se necesita, en el que la gente sufre más, es también un indicio de esperanza. Y una llave de futuro para pensar que la paz es posible.