Religión
Manos Unidas celebra su 60 aniversario con una campaña a favor de las mujeres
No podemos ignorar a nuestros hermanos más pobres, de aquí y de todo el mundo. La colecta de este domingo en todas las parroquias y comunidades cristianas está destinada a esta institución y a la labor que hace

(RD).- Este domingo Manos Unidas celebra 60 años luchando por un mundo más justo. Para felicitarle la ocasión, cuatro obispos españoles -los cardenales Carlos Osoro de Madrid y Juan José Omella de Barcelona, y los obispos Amadeo Rodríguez de Jaén y Luis Ángel de las Heras de Mondoñedo-Ferrol- prestan su apoyo a la campaña número 60 de la ONGD: "Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas".

Construye inclusión y elimina el descarte, por el cardenal Carlos Osoro

¡Qué fuerza transformadora de la persona tiene la tarea educativa! ¡Qué hondura alcanza para ella y la sociedad el promover una educación integral! Sí, una educación que armoniza fe, cultura y vida! Educar supone atender y promover el desarrollo de la persona en todas sus dimensiones, sin escamotear ninguna, entendiendo que además esto repercute en la transformación de la sociedad, fomentando el desarrollo crítico, la responsabilidad, el respeto, la libertad, la participación y la implicación en la consecución de una sociedad más justa y solidaria.

La Iglesia ha creído siempre en la educación: en su seno nacieron sistemas educativos que fueron aceptados en todas las culturas. Porque el Evangelio es manantial inspirador de crecimiento, desarrollo y humanización; en la persona de Jesucristo, al encontrarse con Él, se suscitan ganas de ser para los demás y con los demás y, en los caminos que recorren los hombres y mujeres, generar crecimiento, responsabilidad, entrega y compromiso, que dinamizan a la persona a vivir siempre pensando en los demás y multiplicando el bien.

El encuentro con Jesucristo formula una visión del hombre, que suscita pasión, compromiso y misión:

1. Pasión: escogido, consagrado y nombrado. No es que seas mejor que otros o que tengas más derechos. Eres igual que los demás hombres: necesitas a Dios como todos, tienes necesidad de su misericordia, de su perdón y de su amor; sabes muy bien que la plenitud humana no la puedes alcanzar por ti mismo y que Jesucristo te ofrece alcanzarla en la apertura total a Dios. Fíjate en cómo esa plenitud nos la muestra la Santísima Virgen María, precisamente cuando abre su vida a Dios y le dice: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). Acoge al Señor y vive de esa pasión que suscita saberse escogido, consagrado y nombrado: nos ha mirado. Sí, te escogió para que entrases a formar parte de su Pueblo y salieras a anunciar a los hombres que hay un Dios vivo, que nos invita a no vivir más de ti mismo ni por ti mismo, sino que vivas de Él y por Él. Te ha nombrado, tienes nombre y tu realidad es bella: hijo de Dios y hermano de todos los hombres. Has de decir a los hombres quién es Dios, has de salir al mundo sin miedo. Tu fortaleza es su vida y su gracia, su amor y su entrega, que te invita a salir de ti mismo. Tendrás dificultades, pero saldrás siempre sabiendo que su fuerza y su poder te los ha regalado Él. Vive con este convencimiento: la verdad cristiana es atrayente y persuasiva porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana. Por ello, anuncia de manera convincente que Cristo es el único salvador de todo hombre y de todos los hombres. Este anuncio sigue siendo válido hoy, como lo fue en los comienzos del cristianismo.

2. Compromiso: muestra la fuerza de mi amor. Abre el corazón, abramos el corazón y llenémoslo del amor de Dios. Ese amor que tan bellamente canta el apóstol san Pablo cuando invita a ambicionar los carismas mejores, centrándose en el destacado que es el amor. ¿Te has dado cuenta de lo que dice? «Si no tengo amor, no soy nada», ni sirvo para nada. Se refiere al amor de Cristo, un amor que define con estas características: paciente, afable, no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es maleducado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa, cree, espera, aguanta sin límites. Sería muy bueno recorrer cada una de las características, pero deseo fijarme en estas: un amor paciente que nos lleve a tener actitudes pacientes como es reconocer que el otro también tiene derecho a vivir en esta tierra junto a mí, aunque altere mis planes o me moleste por su modo de ser o sus ideas; un amor que asume la felicidad de dar sin medida, de no tener lugar en nuestra vida tristeza por el bien ajeno; que nunca nos centra en el yo; que valora los logros ajenos; donde no cabe la lógica del dominio sobre los otros; donde se da un respeto de la libertad y la capacidad de esperar a que el otro abra la puerta de su corazón; un amor que no busca lo suyo ni su propio interés; que quiere vivir lo que decía santo Tomás de que es más propio del amor querer amar que querer ser amado; un amor que llega a ver que, para poder perdonar, necesitamos pasar por la experiencia liberadora de comprendernos y perdonarnos a nosotros mismos.

3. Misión: sigue mi camino. Qué fuerza tienen las palabras del profeta Isaías, acogidas por Cristo y diciendo que es en Él donde se cumplen: «El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (cfr. Lc 4, 18-19). Jesús se nos presenta haciendo un camino de manos abiertas y extendidas, un camino de encuentro con todos, un camino para crear puentes, para unir a los hombres, para luchar por quienes más lo necesitan, para incorporar a quienes están descartados. Porque Jesús aporta una novedad absoluta, que le separa de quienes desean la gracia de Dios para ellos y la venganza para los de fuera. Jesús tiene un amor incondicional para todos los hombres, sin privilegios de casta; ama a todos los hombres y desea llegar a los que están más lejos. Necesitamos incorporar y ofrecer a la vida de los hombres este camino de Jesús que lo es de inclusión a todos y nunca de descarte. Todos tienen un lugar en nuestra vida.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos, Card. Osoro, arzobispo de Madrid

 


«Manos Unidas, 60 años por un mundo justo», por el cardenal Juan José Omella

Este domingo celebramos la Jornada de Manos Unidas con el lema «Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas». Esta institución de la Iglesia católica hace 60 años que lucha contra el hambre, la pobreza, el subdesarrollo y sus causas. En relación con esta entidad, quisiera compartir el recuerdo íntimo de un momento vivido en uno de los países más pobres del mundo.

Este verano viajé a Madagascar para predicar unos ejercicios espirituales a sacerdotes. Allí conocí comunidades cristianas que viven en ambientes rurales con dificultades económicas a pesar de los abundantes recursos naturales que tienen. Y lo que más me impactó fue su acogida, muy humana, generosa, afable y desinteresada.

En este rincón del mundo, el calor es intenso, pero lo supera con creces la calidez humana que uno se encuentra. Te sientes envuelto por la gente sencilla, que te ofrece el corazón. Y en este lugar lejano, entre esta gente acogedora, lo que también me impresionó fue ver un letrero inmenso con las palabras: «Manos Unidas». Sí, fue al terminar la Eucaristía dominical en la catedral de la diócesis de Diego-Suárez. La gente agradeció así a Manos Unidas la restauración de la escuela de la catedral. Con las manos unidas, todos juntos, podemos llegar muy lejos y Manos Unidas, sin duda, ha llegado muy lejos, en el tiempo y en la geografía. Fue un placer poder ver sobre el terreno la labor de algunos misioneros y gente del país. Comprobé como unidos a Cristo y alimentados por su vida, mantienen viva la esperanza de la comunidad y recuperan, poco a poco, la dignidad perdida.

En estos países a los que de manera incorrecta nos referimos como el Tercer Mundo, donde nuestros hermanos no tienen los recursos básicos para vivir, Manos Unidas financia proyectos de desarrollo comunitario surgidos de la iniciativa de las mismas poblaciones locales: creación de hospitales y escuelas, construcción de viviendas, producción de alimentos, acceso al agua potable, energía y otros recursos básicos, etc.

El dinero llega directamente a su destino sin pasar por ningún intermediario. Manos Unidas audita sus cuentas, supervisa los progresos de los proyectos y publica cada año una memoria de actuaciones a fin de dar la máxima transparencia a su labor.

Gracias, Manos Unidas, por vuestra lucha decidida contra la pobreza en el mundo. Gracias por creer que es posible erradicarla. Y gracias también a todos los que cooperáis con Manos Unidas: trabajadores, socios, voluntarios que regaláis vuestro tiempo, colaboradores que hacéis donativos y, sobre todo, gracias a todos los que aportáis mucha ilusión. ¡Que Dios os bendiga!

No podemos ignorar a nuestros hermanos más pobres, de aquí y de todo el mundo. La colecta de este domingo en todas las parroquias y comunidades cristianas está destinada a esta institución y a la labor que hace.

Queridos hermanos, seamos generosos para colaborar en esta finalidad tan humanitaria, especificada en el lema de este año: «Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas».

† Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

 


Para una real igualdad de oportunidad entre hombres y mujeres, por monseñor Amadeo Rodríguez, obispo de Jaén

Leo con enorme satisfacción una declaración de principios de MANOS UNIDAS. La reproduzco porque considero que refleja patentemente lo que hace 60 años movió a las pioneras a comenzar esta aventura. Lo que aquellas mujeres de Acción Católica se propusieron hacer, es la verdadera razón por la que han sido capaces de vincular a tantos en esa labor encomiable que hace esta organización. Lo que más convence siempre es la identidad y la coherencia. MANOS UNIDAS dice de sí misma: Es la asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo en los países en vías de desarrollo. Es a su vez una Organización No Gubernamental para el desarrollo (ONG), de voluntarios, católica y seglar.

Considero que esto es suficiente para que creamos en lo que son y en cuanto hacen y, sobre todo para que nos fiemos de la gestión de esa asociación siempre fiel a los fines para los que fue creada. En primer lugar, declaran sin complejos que son una Asociación de la Iglesia Católica. No siempre le es fácil a algunos hoy decir con naturalidad, convicción y sin rubor que su vida está claramente enmarcada en la Iglesia Católica. Pero, Manos Unidas lo hace cada año y cada año adquiere mayor credibilidad, como se desprende de la ayuda que recibe y, por tanto, de la aceptación que tienen sus mensajes. Nos muestran, además, que trabajar por la promoción y el desarrollo pertenece a la misma identidad católica. De un modo especial, nos invitan a mirar al mundo en los países en vías de desarrollo, lo que significa que desde un marco de bienestar y de riqueza relativa, como es la nuestra, miramos a los que aún están sólo empezando a caminar.

Como Asociación de la Iglesia se mueven en medio de la sociedad civil con sus preocupaciones solidarias a favor de los más pobres, compartida con otros muchos; por eso declaran su condición de No Gubernamental. Son una muestra de cómo la Iglesia se mueve en medio del mundo con sensibilidad y valores específicos para buscar el desarrollo de la persona y de los pueblos. Y termina afirmando algo también esencial e importante en una Iglesia sinodal y corresponsable: es seglar. Esta labor la hace la inmensa mayoría del pueblo de Dios, con su propia estructura laical. En definitiva, es una opción de fe, una opción que nace de un encuentro con Jesucristo al que no pueden dejar de ver en los más pobres y débiles del mundo.

Todo lo dicho hasta aquí se puede comprobar en la Delegación de Jaén de Manos Unidas. Un grupo, sobre todo de señoras, perfectamente organizadas, que durante todo el año mueven nuestras conciencias y nos ponen de relieve hacia donde tienen que girar nuestras preocupaciones sociales. De un modo especial, cada año promueven esta campaña en todos los espacios que se abren a colaborar: nuestras parroquias, comunidades, centros educativos, católicos o no, asociaciones y particulares que les ayudan con sus donativos.

En esta ocasión, justamente en el 60 aniversario de su misión, hacen una profunda confesión y nos piden a todos que nos adhiramos: CREEMOS EN LA IGUALDAD Y DIGNIDAD DE LAS PERSONAS. Lo hacen con un tono femenino, como corresponde a la necesidad y a la novedad del momento. En su cartel, aparece una mujer india, por algo será, pero que muy bien podría representar a la mujer en cualquier lugar del mundo, que ilustra un gran lema: LA MUJER DEL SIGLO XXI ni independiente, ni segura ni con voz. Son tres negaciones que provocan. Las cosas van cambiando, pero este siglo que pretende ser el definitivo para tantas lacras sociales, también las está poniendo de relieve con más claridad que nunca. Es un lema para pensar, es un lema para cambiar, es un lema para respetar el plan de Dios sobre los humanos, a los que creó hombre y mujer, iguales en derecho y dignidad. La Biblia presenta al hombre y a la mujer como compañeros iguales ante Dios (cf. Gn 5,2).

Para que estos objetivos que se nos proponen sean posibles y, sobre todo para que los proyectos con los que se pretende cambiar el mundo con un desarrollo integral, tengan eficacia, os animo a todos a ser muy generosos en esta Campaña de MANOS UNIDAS DEL 2019. Esperamos mucho de todos en este Año de la Misión Diocesana, en el que para ser creíbles hemos de mostrar el respeto por la dignidad de todos los seres humanos, y especialmente por los más frágiles y maltratados; en esta ocasión por la mujer. QUE ESTA CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS SEA UNA APORTACIÓN AL SUEÑO MISIONERO DE LLEGAR A TODOS.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

 


"Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas", por monseñor Luis Ángel de las Heras, cmf, obispo de Mondoñedo-Ferrol

Con iguales dosis de alegría que de responsabilidad cristianas, felicitamos por su 60 aniversario a Manos Unidas, la ONG de la Iglesia Católica Española para la promoción y el desarrollo de los empobrecidos. Alegría por tantos años haciendo el bien, al estilo de Jesús de Nazaret, en la lucha para desterrar de la faz de la tierra el hambre, la pobreza, la iniquidad, la exclusión... Alegría que lleva aparejada la ineludible responsabilidad personal y eclesial para construir un mundo más justo y solidario, más cercano al sueño salvífico de Dios que se nos ha revelado en Jesucristo.

En esta celebración de los 60 años de Manos Unidas se da otro paso más hacia ese mundo nuevo, con fortaleza, constancia y esperanza: "Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas". Iniciamos un nuevo trienio en el que nos proponemos centrar los esfuerzos en la defensa de los Derechos Humanos como cauce de apoyo a los más desfavorecidos de la tierra. Algo que hacemos movidos por la injusticia que clama al cielo y que Dios escucha y acoge para administrar su justicia con misericordia.

Creer en la igualdad y en la dignidad de las personas nos urge a vivir inquietos, a movilizarnos, a impedir que crezcan gérmenes de indiferencia. La igualdad y la dignidad de las personas nos exige despertar la conciencia humana claramente "anestesiada". Hecho que constituye una de las causas más importante de la crisis del mundo moderno, junto al alejamiento de los valores religiosos, como afirma el histórico Documento sobre la Fraternidad Humana, firmado hace unos días en Abu Dabi por el Gran Imán de Al-Azhar y el Papa Francisco.

Es preciso que descongelemos el corazón y movamos pies y manos para "Promover los Derechos con Hechos" (2019-2021). Este primer año del período trienal que da comienzo, Manos Unidas nos invita a denunciar la pobreza de la mujer para erradicarla. Mientras en algunos lugares la mujer se va abriendo camino, no sin obstáculos, y va siendo cada vez más independiente y segura, con voz propia y con una vida digna, en otras partes del mundo las mujeres están muy lejos de lo que corresponde a su dignidad humana. No poseen unas mínimas condiciones para poder desarrollar un trabajo digno, para vivir en paz, para ser respetadas. No gozan de los derechos humanos elementales; entre ellos, el derecho a la alimentación.

Como fruto de una conciencia cristiana despierta e inquieta, convencida de la igualdad y la dignidad de las personas, hemos de denunciar la desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en el mundo, así como las trabas que encuentra la necesaria promoción de la mujer. Que todas ellas alcancen la dignidad que les es propia tiene que erigirse en una prioridad para nosotros, cristianos, como ya lo es para Dios.

Por ello, mano con mano, queremos promover el derecho a la alimentación, a la educación, a la salud, al agua y al saneamiento. Mano con mano, voz con voz, queremos potenciar la igualdad para las mujeres. No en vano, Manos Unidas nos invita a mirar especialmente este año "a las más pobres entre los pobres".

Quedan muchas conciencias que desperezar y mantener vigilantes, porque el desarrollo integral es aún imposible para 821 millones de personas que pasan hambre. Una cifra que sigue estremeciéndonos y poniendo en duda si realmente creemos en la igualdad y en la dignidad de los seres humanos. Una cifra que crece incompresiblemente, cuando tendría que disminuir porque hay recursos suficientes para todos. Y, por lo mismo, una cifra que debe multiplicar nuestros granos de arena para hacer frente a esta vergüenza de la humanidad y hacerla desaparecer.

Con el Evangelio de Jesucristo creciendo en el corazón, olvidémonos un poco de nosotros mismos para poder desarrollar un decidido compromiso con las personas en las que descubrimos una dignidad llagada, unos derechos conculcados y una escandalosa carencia de alimento. Para estos hermanos y hermanas, en especial para las mujeres, nuestra ayuda es tan imprescindible y apremiante como entera y misericordiosamente justa.

✠ Luis Ángel de las Heras Berzal, C.M.F.
Obispo de Mondoñedo-Ferrol