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Religión Digital

Francisco entregó el palio a los arzobispos

El Papa advierte en el Angelus del "peligro de pensar de manera mundana"

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Francisco anuncia un mayor protagonismo del Sínodo de los Obispos en el gobierno de la Iglesia

Sobre el primado de Roma: " ¡No por el poder del Imperio, sino por la fuerza del martirio, del testimonio dado a Cristo!"

Redacción, 29 de junio de 2013 a las 16:50

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Cuando dejamos que prevalezcan nuestras ideas, nuestros sentimientos, la lógica del poder humano, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo
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El Papa Francisco

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  • El Papa, rodeado de niños
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  • El Papa Francisco

No estaba en el discurso oficial, pero Francisco lanzó una nueva idea reformista durante la solemne misa de San Pedro y San Pablo, los fundadores de la Iglesia de Roma, cuando anunció un mayor protagonismo del Sínodo de los Obispos en el gobierno de la institución. "Debemos desarrollar el Sínodo de Obispos, en armonía con el primado del Papa. Ir hacia esa sinodalidad, crecer en sinodalidad en armonía con el primado", afirmó el Pontífice.

El papa Francisco advirtió hoy del "peligro de pensar de manera mundana" y aseguró que cuando los hombres no se dejan guiar por Dios, sino que permiten que prevalezca "la lógica del poder humano", entonces se convierten "en piedras de tropiezo".

El pontífice hizo estas manifestaciones ante las miles de personas que acudieron a la solemne misa de San Pedro y San Pablo, los fundadores de la Iglesia de Roma, que ofició en la basílica de San Pedro del Vaticano y donde celebró la ceremonia de imposición del palio, símbolo de comunión con el obispo de Roma, a 35 arzobispos, entre ellos once latinoamericanos.

Las declaraciones del pontífice llegan un día después del nuevo escándalo que ha sacudido el llamado Banco Vaticano, el Instituto para las Obras de Religión (IOR), con el arresto de un alto prelado italiano, Nunzio Scarano, acusado de fraude y corrupción en una investigación sobre las supuestas irregularidades en la gestión de dicha institución.

"Cuando dejamos que prevalezcan nuestras ideas, nuestros sentimientos, la lógica del poder humano, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo", dijo el pontífice, quien subrayó que "la fe en Cristo es la luz" en la vida de los cristianos y de los ministros de la Iglesia.

En una homilía en la que habló sobre el ministerio petrino y se preguntó "qué está llamado a confirmar el obispo de Roma", Francisco señaló que, "ante todo, confirmar en la fe", al igual que "confirmar en el amor" y "confirmar en la unidad".

Así, subrayó la "gran riqueza" que supone "la variedad en la Iglesia", que se funde siempre "en la armonía de la unidad, como un gran mosaico en el que las teselas se juntan para formar un único gran diseño de Dios".

Un elemento que, subrayó, "debe impulsar a superar siempre cualquier conflicto que hiere el cuerpo de la Iglesia. Unidos en las diferencias: éste es el camino de Jesús".

El papa Francisco recordó, además, que San Pablo sólo disponía de un arma: "el mensaje de Cristo y la entrega de toda su vida por Cristo y por los demás. Y es precisamente su exponerse en primera persona, su dejarse consumar por el Evangelio, el hacerse todo para todos, sin reservas, lo que lo hizo creíble y ha edificado la Iglesia".

"El obispo de Roma está llamado a vivir y a confirmar en este amor a Jesús y a todos sin distinción, límites o barreras", aseveró.

A la ceremonia, como es tradición, asistió una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, encabezada por el metropolitano de Pérgamo, Ioannis Zizioulas, copresidente de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa.

En la festividad de hoy, Francisco cumplió, asimismo, con la milenaria tradición de imponer el palio a los arzobispos nombrados este año, en esta ocasión 35, entre ellos once latinoamericanos.

Estuvieron presentes en la ceremonia 34 de los 35 arzobispos que debían recibir el palio de manos de Francisco en su primer año de pontificado, puesto que el de Hue (Vietnam), lo recibió en su Sede Metropolitana.

Francisci recalcó a los arzobispos que hoy recibieron el palio que éste es "un signo de la comunión con el obispo de Roma, con la Iglesia universal, y que supone el compromiso de ser instrumentos de comunión".

La ceremonia de bendición e imposición del palio tuvo lugar al principio de la misa que ofició el pontífice y siguió así la línea establecida el año pasado por el papa emérito Benedicto XVI, ya que con anterioridad la imposición de estas estolas, elaboradas con lana de corderos bendecidos, se realizaba tras la homilía.

De Latinoamérica, el papa impuso el palio a los brasileños Antonio Carlos Altieri, arzobispo de Passo Fundo; a Eduardo Castriani, arzobispo de Manaus, y a Moacir Silva, arzobispo de Ribeirao Preto, así como a los bolivianos Jesús Juárez Párraga, arzobispo de Sucre, y Alfredo Gualberti Calandrina, arzobispo de Santa Cruz de la Sierra.

Otros arzobispos latinoamericanos que recibieron el palio fueron los mexicanos Rogelio Cabrera López, arzobispo de Monterrey; Alfonso Cortés Contreras, arzobispo de León, y Fabio Martínez Castilla, arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, así como los argentinos Carlos María Franzini, arzobispo de Mendoza; Ramón Alfredo Dus, arzobispo de Resistencia, y Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires.

 


Texto completo de la alocución del Papa a la hora del ángelus:

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy, 29 de junio, es la fiesta solemne de los Santos Pedro y Pablo. De modo especial es la fiesta de la Iglesia de Roma, fundada sobre el martirio de estos dos Apóstoles. Pero también es una gran fiesta para la Iglesia Universal, porque todo el Pueblo de Dios es deudor de ellos por el don de su fe. Pedro fue el primero en confesar que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Pablo difundió este anuncio en el mundo greco-romano. Y la Providencia quiso que los dos llegaran aquí a Roma y que aquí derramaran su sangre por la fe. Por esta razón la Iglesia de Roma se convirtió, inmediata y espontáneamente, en el punto de referencia para todas las Iglesias esparcidas en el mundo. ¡No por el poder del Imperio, sino por la fuerza del martirio, del testimonio dado a Cristo! En el fondo, es siempre y sólo el amor de Cristo el que genera la fe y el que impulsa hacia adelante a la Iglesia.

Pensemos en Pedro. Cuando confesó su fe en Jesús, no lo hizo por sus capacidades humanas, sino porque había sido conquistado por la gracia que Jesús esparcía, por el amor que sentía en sus palabras y que veía en sus gestos: ¡Jesús era el amor de Dios en persona!

Y lo mismo sucedió a Pablo, si bien de modo diverso. Pablo de joven era enemigo de los cristianos, y cuando Cristo Resucitado lo llamó en el camino de Damasco su vida fue transformada: ¡Comprendió que Jesús no estaba muerto, sino vivo, y que lo amaba también a él, que era su enemigo! He aquí la experiencia de la misericordia, del perdón de Dios en Jesucristo: esta es la Buena Noticia, el Evangelio que Pedro y Pablo han experimentado en sí mismos y por el cual han dado su vida.

Queridos hermanos, ¡qué alegría creer en un Dios que es todo amor, todo gracia! Esta es la fe que Pedro y Pablo han recibido de Cristo y han transmitido a la Iglesia. Alabemos al Señor por estos dos gloriosos testigos, y como ellos, dejémonos conquistar por Cristo.

Recordemos también que Simón Pedro tenía un hermano, Andrés, que compartió con él la experiencia de la fe en Jesús. Es más, Andrés encontró a Jesús antes que Simón, e inmediatamente le habló a su hermano y lo llevó a Jesús. Me agrada recordarlo también porque hoy, según la bella tradición, está presente en Roma la Delegación del Patriarcado de Constantinopla, que tiene como Patrono precisamente al Apóstol Andrés. Todos juntos enviamos nuestro saludo cordial al Patriarca Bartolomé I y rezamos por él y por esa Iglesia.
Oremos también por los Arzobispos Metropolitanos de diversas Iglesias en el mundo a los cuales acabo de entregarles el Palio, símbolo de comunión.

Que nos acompañe y nos sostenga a todos nuestra Madre amada, María Santísima.


Después de rezar el ángelus el Papa dijo:

Queridos hermanos y hermanas, con alegría saludo a los peregrinos que han venido de diversos países para festejar a los Arzobispos Metropolitanos. Rezo por todas sus comunidades; en particular animo al pueblo centroafricano, duramente probado, a caminar con fe y esperanza.

Saludo a todos con afecto: a las familias, a los fieles de tantas parroquias y asociaciones; y, en particular a los de la diócesis de Iglesias, de la ciudad de Aragona y de Casale Popolo.

¡Feliz fiesta a todos!

 

(Rd/Agencias)

 



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