• Director: José Manuel Vidal
Vaticano
El Papa, en el aula del Sínodo
No nos dejemos, pues, tenmtar por las "profecías de calamidades' ni gastemos energías para contabilizar los fallos y echar encara las amarguras

(José M. Vidal/Agencias).- Las reuniones del Sínodo de los obispo sobre los jóvenes comiezan con una oración y el saludo del Papa Francisco a los padres sinodales. El Papa quiere un Sínodo en el que se hable con parresía, que sea "un ejercicio de discernimiento" y "signo de una Iglesia en camino y a la escucha". Eso implica, según Bergoglio, "abandonar prejuicios y estereotipos" y "superar la plaga del clericalismo".

La asamblea se inicia con el canto del Veni creator. Sentados en primera fila, los cardenales Osoro y Omella, entre otros. En la mesa presidencial, el Papa, rodeado del secretario del Sínodo, cardenal Baldiserri y de los otros presidentes, entre ellos el cardenal de Brasilia, Rocha.

La mayoría de los padres sinodales son cardenales y obispos (267) y ocupan los primeros puestos de una sala dispuesta en semicírculo y alineada de abajo arriba. En la parte superior y más alejada de la mesa presidencial, los laicos presentes, entre ellos algunos jóvenes.

Entre los padre sinodales, el rector mayor de los salesianos, Ángel Fernández Artime o el General de los jesuitas, padre Sosa.

Al final de la salmodia, se lee un trozo del Evangelio: "El que pone la mano en el arado y vuelve la vista atrás no es digno de mí"

La primera intervención corresponde al cardenal Sako de Irak, que da las gracias al Papa y pide "responder a las esperanzas y exigencias de los jóvenes de hoy".

"Encarar los grandes desafíos que viven nuestras iglesias, nuestros países y, sobre todo, los jóvenes" El papa Francisco aseguró hoy que el clericalismo es "la raíz de muchos males en la Iglesia" sobre los que se debe "pedir humildemente perdón", durante su discurso de apertura del Sínodo de Obispos, que abordará el tema de la juventud.

El pontífice alertó de "la plaga del clericalismo", que definió como "una visión elitista y excluyente de la vocación, que interpreta el ministerio recibido como un poder a ejercer en vez de como un servicio gratuito y generoso que ofrecer".

Una tendencia que - explicó - hace a los miembros del clero "creer que pertenecen a un grupo que posee todas las respuestas y no necesita escuchar ni aprender nada".

"El clericalismo es una perversión y la raíz de muchos males en la Iglesia. Debemos pedir humildemente perdón por ellos y sobre todo crear las condiciones para que no se repitan", exhortó.

El papa advirtió de ese riesgo para invitar a los 267 obispos de todo el mundo presentes en el Sínodo a escuchar "sin estereotipos", una conducta que a su juicio supone "un potente antídoto" contra ese peligro, al que una asamblea como esta, dijo, "está inevitablemente expuesta".

Los obispos de todo el mundo, además de veintitrés expertos y una treintena de jóvenes de distintas procedencias, participan en esta XV Asamblea Ordinaria del Sínodo hasta el próximo 28 de octubre, con el lema "Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional".

Los jóvenes animan a las Iglesias del mundo

El Pontífice inició su discurso agradeciendo la presencia y la fuerza de los jóvenes "cuya fuerza emana positividad y entusiasmo, capaz de invadir y animar no sólo esta sala, sino a toda la Iglesia y al mundo entero"; a la vez que mostró su gratitud con todas las personas "que a lo largo de dos años de preparación -aquí en la Iglesia de Roma y en todas las Iglesias del mundo- han trabajado con dedicación y pasión para llevarnos a este momento".

Diálogo libre también en las Redes Sociales

Asimismo, el Papa dedicó un pensamiento especial a los jóvenes que participan en el Sínodo conectados a través de las Redes Sociales y las nuevas formas de tecnología que permiten, de un modo u otro, "expresar sus voces", ya que - dijo Francisco- "vale la pena sentirse parte de la Iglesia o entrar en diálogo con ella; vale la pena tener a la Iglesia como madre, como maestra, como hogar, como familia, la cual a pesar de las debilidades y dificultades humanas, es capaz de resplandecer y transmitir el mensaje eterno de Cristo".

Por otra parte, el Obispo de Roma destacó que el Sínodo que estamos viviendo "es un tiempo para compartir",por ello invitó a todos a hablar con valentía y parresía, es decir, integrando libertad, verdad y caridad; porque- dijo- "sólo el diálogo puede hacernos crecer, puesto que la crítica honesta y transparente es constructiva y ayuda, mientras que la charla inútil, los rumores, las inferencias o los prejuicios no lo son".
Valentía para hablar y humildad para escuchar

Igualmente el Santo Padre señaló que la valentía para hablar debe ir acompañada de la humildad de escuchar: "El Sínodo debe ser un ejercicio de diálogo, sobre todo entre los que participan en él. Y el primer resultado de este diálogo es que cada uno se abre a lo nuevo, a cambiar de opinión gracias a lo que ha escuchado de los demás", añadió Francisco subrayando que sentirnos libres para acoger y comprender a los demás y así cambiar nuestras creencias y posiciones, "es un signo de gran madurez humana y espiritual".


El Papa también reflexionó sobre el Sínodo como un "ejercicio eclesial de discernimiento".

"La apertura en el hablar y la apertura en la escucha son fundamentales para que el Sínodo sea un proceso de discernimiento", dijo el Sucesor de Pedro, asegurando que el discernimiento "no es un eslogan publicitario, no es una técnica organizativa, ni una moda de este pontificado, sino una actitud interior enraizada en un acto de fe".
Discernir en el corazón reflexionando en silencio

Al respecto, Francisco resaltó que el discernimiento es el método y al mismo tiempo el objetivo que nos fijamos: "se basa en la convicción de que Dios actúa en la historia del mundo, en los acontecimientos de la vida, en las personas que encuentro y que me hablan. Por eso estamos llamados a escuchar lo que el Espíritu nos sugiere, de maneras y en direcciones que a menudo son impredecibles".

Teniendo en cuenta que el ejercicio de discernir necesita de "espacio y de tiempo", el Papa dispuso que durante los debates, en el Pleno y en los Grupos, cada cinco intervenciones se guarden algunos minutos de silencio "para que todos puedan prestar atención a las resonancias que las cosas que escuchan provocan en sus corazones, profundizar y captar lo que más les llama la atención. Esta atención a la interioridad es la clave para realizar el camino del reconocimiento, la interpretación y la elección", añadió.

Una Iglesia en camino que escucha

En referencia "a ser signo de una Iglesia en camino que escucha", el Pontífice recuerda que la actitud de escucha no puede limitarse a las palabras que se intercambiarán en el trabajo sinodal.

"El camino de preparación para este momento ha puesto de relieve una Iglesia que está obligada a escuchar también a los jóvenes, que a menudo sienten que la Iglesia no comprende su originalidad y, por tanto, no los acepta por lo que realmente son, y a veces incluso los rechaza. Este Sínodo tiene la oportunidad, la tarea y el deber de ser un signo de la Iglesia que escucha realmente, que se deja interpelar por las peticiones de aquellos que salen a su encuentro, que no siempre tiene una respuesta preparada".

"Una Iglesia que no escucha está cerrada a la novedad, cerrada a las sorpresas de Dios, y no será creíble, sobre todo para los jóvenes, que inevitablemente se alejarán en lugar de acercarse", afirmó.

Salgamos de los prejuicios y estereotipos

Asimismo, el Papa indicó que un primer paso en la dirección de la escucha es "liberar nuestras mentes y nuestros corazones de prejuicios y estereotipos".

"Los jóvenes están tentados de considerar a los adultos anticuados; los adultos están tentados de sentir que los jóvenes no tienen experiencia, de saber cómo son y, sobre todo, cómo deben ser y comportarse. Esto puede ser un obstáculo importante para el diálogo y los encuentros intergeneracionales", advirtió el Obispo de Roma, explicando que "descuidar el tesoro de experiencias que cada generación hereda y transmite a la otra es un acto de autodestrucción".

Por lo tanto, es necesario- observó Francisco- por una parte, superar decididamente la plaga del clericalismo. "De hecho, escuchar y salir de los estereotipos es también un poderoso antídoto contra el riesgo del clericalismo, el cual es una perversión y es la raíz de muchos males en la Iglesia, y debemos pedirles humildemente perdón por ello y, sobre todo, crear las condiciones para que no se repitan", dijo el Pontífice, poniendo en guardia también sobre el peligro del virus de la autosuficiencia, que afecta a algunos jóvenes, ya que "la acumulación de la experiencia humana a lo largo de la historia es el tesoro más preciado y fiable que las generaciones heredan unas de otras. Sin olvidar nunca la revelación divina, que ilumina y da sentido a la historia y a nuestra existencia".

Un futuro lleno de esperanza

"Comprometámonos, pues, a intentar frecuentar el futuro y a sacar de este Sínodo no sólo un documento -generalmente leído por unos pocos y criticado por muchos-, sino sobre todo propuestas pastorales concretas, capaces de cumplir la tarea del propio Sínodo, es decir, la de hacer brotar los sueños, de suscitar profecías y visiones, hacer florecer la esperanza, estimular la confianza, cerrar heridas, tejer relaciones, suscitar un amanecer de esperanza, aprender unos de otros y crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, caliente los corazones, devuelva la fuerza a las manos e inspire a los jóvenes -a todos los jóvenes, sin excluir a nadie- la visión de un futuro lleno de la alegría del Evangelio", concluyó el Papa.