Religión
Andrea Tornielli, con el Papa Francisco
El Vaticano parece haber empezado la reconversión de la reacción a la acción en materia de comunicación. Será necesario para un año con múltiples desafíos, en el que se jugará buena parte del legado del papa

(Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano).- El nombre del cargo que Andrea Tornielli asumió a inicios de enero lo sugiere: director editorial del Dicasterio para la comunicación del Vaticano. Pero son sus primeros días en el rol los que confirman: el ex director de Vatican Insider será el encargado de transmitir la "línea" (interpretativa, hermenéutica) del pontificado de Jorge Mario Bergoglio de ahora en adelante. El "relato", ese significante vacío tan necesario y que estuvo tan ausente durante dos años y medio, vuelve a decir presente en la Santa Sede.

Tornielli llega a la dirección editorial con un plus que no tuvo ninguna de las últimas designaciones del papa en ese ámbito. Ni Dario Viganò, ni Paolo Ruffini, ni (mucho menos) Gregory Burke y Paloma García Ovejero. Tornielli tiene una confianza y una relación con el papa previa a la designación. No llegó al pontífice sugerido por personas de su confianza o cardenales peninsulares. Los dos autores de "El nombre de Dios es Misericordia" ya se conocen, y no necesitarán de meses para ir "midiéndose los tiempos", ni para saber los métodos de trabajo mutuos.

Por eso en sus primeros diez días empezó a mostrar resultados. Asumió conociendo palabra por palabra lo que le puede aportar a la maquinaria comunicacional vaticana, a la que habían convertido en un león hervíboro. Millones de seguidores en redes sociales, la radio más prestigiosa del mundo, un diario que es una marca en sí mismo, y otras tantas oficinas... destinadas durante meses a ser los canales oficiales del "no comment" que monopolizaba las respuestas en on the record.

Tornielli (i), con el Papa (c)


Tornielli llegó, y lo viene demostrando, con el objetivo de dar una contribución no sólo a la Iglesia, sino al papa Francisco. Su tarea no será juzgada por cuán simpático es con sus connacionales o por las horas de trabajo. No tiene que contentar a los periodistas, sino darle resultados al pontífice. Un Jorge Mario Bergoglio que, pese a ser quizás el homo communicationis por excelencia sobre la faz de la Tierra. hacía rato que parecía ser más apagado que potenciado por sus colaboradores comunicacionales formales.

El Vaticano parece haber empezado la reconversión de la reacción a la acción en materia de comunicación. Será necesario para un año con múltiples desafíos, en el que se jugará buena parte del legado del papa Francisco, y no sólo por la cumbre de febrero sobre la prevención de la pedofilia (sobre la que, lejos de los lobbys que llegan desde el norte del Río Bravo, Tornielli acertó en calificar como "excesiva" la preocupación que ya reina en Roma).

Apenas someramente referí al contenido de las primeras editoriales de Tornielli. No hacen al quid de la cuestión. Lo urgente era volver a poner en circulación un relato vaticano. Que se irá ajustando ante cada evento y ocasión. Los primeros pasos parecen ir en la dirección correcta. El Vaticano tiene mucho para decir en primera persona, más allá de que algunos medios privados vean amenazados sus privilegios al notar que hay una maquinaria en marcha para sostener y complementar las palabras del papa Francisco.