La Crucifixión de Juan de Flandes se expone ya en el Prado tras su restauración

El Museo del Prado ha presentado la tabla de Juan de Flandes, obra maestra del Renacimiento español, que se incorporó a su colección en mayo del pasado año y que había expuesto únicamente de forma provisional con motivo de su adscripción. Además, el Museo ha dado a conocer el regreso a sala de La Adoración de los pastores de El Greco, recientemente restaurada, y la exhibición del San Jerónimo de La Tour por primera vez tras su depósito por parte del Ministerio de Trabajo.

Dado el carácter excepcional de la tabla de Juan de Flandes, documentada, totalmente autógrafa y una de sus mejores creaciones, en la que sumó ecos del arte del Renacimiento italiano a la tradición flamenca en que se formó, su incorporación al Museo del Prado supone la aportación de una obra preeminente a la colección de pinturas realizadas en España en tiempos de los Reyes Católicos. Precisamente, esta parte de la colección del Prado, desde el Románico hasta el primer Renacimiento, es la que tiene más lagunas. Pintada en la segunda década del siglo XVI, a finales de la carrera del artista, formaba parte en origen del retablo mayor de la Catedral de Palencia.

La Crucifixión, procedente de una dacion en pago de impuestos, llegó al Museo en un estado de conservación excepcional, con una superficie admirablemente estable y homogénea aunque presentaba cierta opacidad debido a lo que los expertos denominan “barniz pasmado” (deterioro habitual en las pinturas debido a la oxidación y ensuciamiento de los barnices). Tras la intervención, llevada a cabo por la restauradora del Museo Clara Quintanilla y consistente en una limpieza y la reintegración de las escasas pérdidas de color que se apreciaban en las juntas de los paneles, la tabla se puede admirar ahora (sala 49) con sus calidades pictóricas totalmente recuperadas.

El público podrá disfrutar también del regreso a sala de una de las composiciones más notables del Greco, La Adoración de los Pastores, que no se exhibía desde junio de 2004 al haber tenido que someterse a una minuciosa restauración. La parte más dificultosa del proceso ha sido la encaminada a reparar los daños sufridos por la obra en el Convento de Santo Domingo el Antiguo de Toledo, lugar de origen del lienzo donde se dobló su parte superior al decidirse su cambio de ubicación desde la capilla sepulcral, para la que fue pintado por el Greco, hasta el ático del retablo mayor, en el que disponía de un espacio insuficiente para albergarlo. Aparte de proceder a una reintegración visible (que permite distinguir perfectamente la parte restaurada de la original) de las grandes pérdidas que presentaba en esta zona debido a los daños sufridos por su plegado, Almudena Sánchez, restauradora del Museo autora de la intervención, ha eliminado la suciedad de la superficie pictórica y numerosos repintes que alteraban de forma notable la profundidad y definición de los distintos planos de la pintura. Tras esta operación, la obra se puede contemplar ahora (sala 25) con un nivel de transparencia homogéneo en toda la superficie y la composición perfectamente equilibrada.

Por su parte, la instalación en sala del San Jerónimo de Georges de La Tour (sala 5), depositado en el Prado en octubre de 2005, tras su sorprendente descubrimiento en la sede del Instituto Cervantes en Madrid, completa las novedades en cuanto a obras que refuerzan el interés de la visita al Museo. El hallazgo de esta pintura y la decisión del Ministerio de Trabajo de depositarla en el Prado constituyó una noticia de primera magnitud debido al reducido catálogo de obras atribuidas a su autor, principal maestro francés del siglo XVII del que en España solo se conocía la existencia de Ciego tocando la zanfonía, adquirida precisamente por el Museo en 1991.

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