‘MAXImin’: artistas buscando con lo mínimo, por J.C.Deus

Las muestras artísticas de la Fundación Juan March siempre se han caracterizado por su exigencia y didactismo, es decir, por abordar temáticas complejas y por hacerlo con la preocupación porque el público aprenda cosas nuevas y cavile un poquito. Es mucho más fácil y más exitoso exponer a Picasso o Goya. Pero esta modélica fundación española trabaja sobre todo en el arte contemporáneo, esa selva inexplicable, esas marismas peligrosas, ese laberinto en el que casi nadie nos orientamos ni con brújula. Ahora le ha tocado el turno a ‘MAXImin’: tendencias de máxima minimización en el arte contemporáneo. Minimalismo más allá de la etiqueta.

Así pues, estamos ante una exposición exigente, a la que no se debería ir para hablar de banalidades mientras se mira distraidamente, o a simplemente gustar o no gustar. Porque de esa forma, decepcionará. Es una oportunidad para aprender, y así me la tomé yo, que volveré más veces. Se trata de aprender a distinguir el procedimiento mediante el cual parte del arte moderno y contemporáneo ha tendido a reducir la figura al color y a la forma; la obra de arte, a su objetualidad, y los medios materiales artísticos clásicos, a los industriales o de producción en masa: aspectos diversos de una misma “reducción metódica”. Así de complicado.

Con más de un centenar de obras de 82 artistas, desde un óleo de 1909 de Adolf Hölzel, figura tutelar de la “pequeña Bauhaus” de Stuttgart, hasta piezas recientes del norteamericano Vincent Szarek (1973) o de la artista japonesa Are You Meaning Company (1973), resenta una historia metódicamente concentrada de las tendencias minimalistas del arte del siglo XX, en el contexto de sus antecedentes en la abstracción y de sus reelaboraciones contemporáneas; están representados cuatro continentes: Europa, Estados Unidos, América Latina, Australia y Japón.

La idea es ofrecer una historia metódica de las tendencias minimalistas del arte del siglo XX, en el contexto de sus antecedentes en la abstracción y de sus reelaboraciones contemporáneas, narrada desde unos márgenes amplios y flexibles. Es el resultado del trabajo conjunto durante varios años entre la Fundación Juan March y el Departamento de Arte Corporativo de la Daimler AG (Stuttgart, Alemania). Está compuesta por 116 obras de 82 artistas de procedencia geográfica muy variada;

La guía que, más allá de la circunstancia norteamericana del nacimiento del minimal art clásico de la década de los 60, quizá “lo minimalista” no consista solo en una corriente sino, más bien, en un procedimiento de máxima reducción formal. Desde ese argumento, la exposición muestra los planteamientos formalmente “minimizados” de algunas tendencias artísticas de los años 60 y 70 en un contexto esencialmente más amplio. En la medida en que se las contempla desde esa perspectiva, más metódica que temática, el “minimalismo” deja de referirse sólo una corriente americana de los años 60, para emerger como la característica común de la obra de artistas de muy diversas épocas y lugares. Por eso la exposición la componen obras que encarnan los lejanos ancestros del minimalismo en la pintura abstracta europea de principios del XX –especialmente en el sur de Alemania–, y también aquellas que han incorporado las tradiciones y las tendencias abstractas y minimalistas a lo largo de todo el siglo, y hasta nuestros días, en cuatro continentes.

Se visita desde la perspectiva del “método” común a todas las obras expuestas: el de su máxima minimización. Pues la reducción de la figura al color y a la forma; el de la obra de arte a su objetualidad, o la de los medios y materiales artísticos clásicos a los industriales o a los propios de la producción en masa son aspectos diversos de una misma “reducción metódica” que ha sido y es común a gran parte del arte moderno y contemporáneo.

La exposición, organizada en torno a un núcleo de obras pertenecientes a las tendencias minimalistas de las décadas de los 60 y los 70, ha querido privilegiar, pues, una perspectiva metódica, más que la de la pura selección de obras representativas.

A partir de un núcleo inicial dedicado a los orígenes de la abstracción en el sur de Alemania (Adolf Hölzel y la Academia de Stuttgart) y a la Bauhaus (Josef Albers), en la que fueron profesores algunos de los más famosos alumnos de Hölzel (el propio Albers, Max Ackermann, Willi Baumeister, Johannes Itten u Oskar Schlemmer). Se incluyen también ejemplos del arte concreto (Max Bill) y de precursores y contemporáneos del clásico Minimal Art americano, pertenecientes tanto a la Washington Color School (Kenneth Noland) como al Hard Edge Painting californiano (Karl Benjamin, Frederick Hammersley) o a la escena neoyorkina (Ilya Bolotowsky, Robert Ryman, Jo Baer o Sol LeWitt); figuran también representantes del Neo Geo (John M Armleder, Heimo Zobernig, Olivier Mosset) y un conjunto de obras pertenecientes al movimiento Zero. Entre otras muchas, en fin, podrán verse obras de Georges Vantongerloo, Jean Arp, Camille Graeser, Friedrich Vordemberge-Gildewart, Richard Paul Lohse, Mathias Goeritz, Oli Sihvonen, Jesús Rafael Soto, François Morellet, Charlotte Posenenske, Elaine Sturtevant, Jeremy Moon, Robert Barry, Shusaku Arakawa, Daniel Buren, Hanne Darboven, Michael Heizer, Sean Scully, Julian Opie, Philippe Parreno o Liam Gillick.

MAXImin es, pues, el resultado de la simbiosis productiva entre una de las colecciones de arte corporativas, más importantes de Europa, y una Fundación como la Juan March que concibe, produce y organiza exposiciones mayoritariamente dedicadas al arte internacional.

Reconozco que la galaxia que llamamos arte abstracto no es lo que más me gusta en el mundo. Admiro no pocos artistas no figurativos, pero lo geométrico me produce un rechazo vergonzoso de reconocer. Algo parecido a la inmensa mayoría de las instalaciones, salvo media docena de sus gonfaloneros principales. Confío en que MAXImin me ayude a ir más alla de Mark Rothko y Louise Bourgeois. Confieso que lo que más me ha impresionado es el árbol genealógico de artistas, movimientos, estilos y formas: sólo por ello merece la pena el catálogo, y su versión reducida, el programa de mano.

UN MAGNÍFICO CATÁLOGO

Acompaña la muestra un catálogo-guía en gran formato, con dos ediciones, española e inglesa, concebido a la manera de los números extra de las grandes revistas especializadas internacionales. Cuenta con un extenso texto principal a cargo de Renate Wiehager, directora de la Colección Daimler, además de textos –hasta ahora inéditos en español– de artistas como John M Armleder, Ilya Bolotowsky, Daniel Buren, Hanne Darboven, Adolf Hölzel, Norbert Kricke, Heinz Mack o Friedrich Vordemberge-Gildewart; incluye notas sobre los artistas, comentarios a las obras, glosario de términos y conceptos y una selección temática de bibliografía. Así como en el proyecto expositivo la perspectiva metódica ha ordenado y dispuesto un centenar de obras de unos ochenta autores, en el catálogo y en el programa de mano se ha dado mucha importancia, en la tradición de las representaciones gráficas de la historia del arte (las de Alfred H. Barr, Kurt Schmidt, Miguel Covarrubias o George Maciunas), a la “Beautiful evidence” (Richard Tufte), a un diagrama para hacer intuitivo e inmediatamente comprensible la compleja genealogía y geografía de artistas, movimientos, estilos y formas, de sus interrelaciones, sus antecedentes y sus redes de influencias mutuas.

MÚSICA Y CONFERENCIAS

Como es ya habitual en las inauguraciones de la Fundación Juan March, el viernes 8 de febrero, a las 19,30 horas, tras una presentación de la exposición, a cargo de Renate Wiehager, directora de la Colección Daimler, actuó el grupo Lux Contemporánea (sopranos, contraltos, tenores y bajos), un concierto basado en obras de J. Taverner, R. Santiago, A. Pärt, T. Averno, B. Britten y E. Whitacre. Un programa místico de voces iluminadas, un ‘Hilliard Ensamble’ extremeño de gran valía.

Con este concierto inaugural se inicia, además, un ciclo titulado Minimalismo: un método, que se desarrollará en los tres miércoles siguientes (13, 20 y 27 de febrero) y en el que actuarán el Grupo Cosmos 21 (los días 13 y 27), que ofrecerán obras, entre otros, de E. Brown, S. Reich, J. Cage, L. Barber, J. Hidalgo, R. Barce, y el pianista Javier Perianes (el día 20), que interpreta Música callada, de F. Mompou.

En la primera semana, tras la inauguración, los martes 12 y el jueves 14 de febrero, habrá dos conferencias en torno al minimalismo en las artes y en la música. El martes 12, el escritor y periodista Javier Rodríguez Marcos, autor y comisario, en colaboración con Anatxu Zabalbeascoa, del libro Minimalismos y de la exposición sobre minimalismo presentada en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, respectivamente, habla sobre Lo que ves y lo que te mira: del minimalismo a lo minimal. El jueves 14, el compositor Jorge Fernández Guerra, Premio Nacional de Música 2007 y director del Centro de Documentación de la Música Contemporánea, se ocupa de Minimalismo y repetición: una poética del proceso.

MAXImin. Tendencias de máxima
minimización en el arte contemporáneo.
Fundación Juan March
Castelló, 77 – 28006 MADRID – ESPAÑA
+34 91 435 42 40 – Fax: +34 91 576 34 20
Hasta el 25 de mayo de 2008

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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