Otto pinta a Hugo; Hugo fotografía a Otto, por J.C.Deus

Nuestro refinado personaje mira hacia ninguna parte, hacia el mismo punto al que mira ese pastor alemán orejudo y lenguaraz. Están ahí, -muro turquesa, cortinaje adamascado- inmortales como los grandes retratos de todas las épocas. Siempre me atrajo este cuadro. Lo he visto en un par o tres exposiciones colectivas en la última década, y es para mí símbolo de que la pintura en el reino de la fotografía y el imperio de los píxeles puede renacer figurativa al menos en veinte reencarnaciones más hasta que la estrella madre del sistema solar deje de alumbrarnos.

Otto Dix, era todavía un pintor joven y desconocido cuando, tras cuatro años en el frente, volvió en 1919 a Dresde. Se inscribió en la Academia de Bellas Artes y – tras algunos experimentos expresionistas, futuristas y dadaístas – finalmente se decantó por un lenguaje realista propio que le permitía mostrar de manera crítica su repulsa por la sociedad que le rodeaba y que le convirtió en uno de los máximos representantes de la Nueva Objetividad (Neue Sachlichkeit). Este estilo verista, con el que captaba los más mínimos detalles con una exactitud exigentísima, estaba en el caso de Dix indisolublemente asociado a un método de trabajo cargado de referencias a la pintura de los grandes maestros del Renacimiento.

“Mi ideal era pintar igual que los maestros del Renacimiento primitivo” afirmaba Otto Dix en 1961. A mediados de la década de 1920, su empeño por conocer en profundidad y aplicar en sus obras las técnicas de los grandes maestros del Renacimiento se convirtió en una obsesión. En sus pinturas no sólo se evidencian ciertas analogías estilísticas o modelos iconográficos y compositivos similares, sino también los mismos procedimientos técnicos. Los dibujos preparatorios y los cartones, la manera de preparar la tabla o la recuperación de la antigua técnica mixta de los maestros alemanes son los elementos que permiten a Dix alcanzar una máxima objetivación y desnudar al retratado más allá de las apariencias.

Para el año 1926, fecha en que Hugo Erfurth le encargó su retrato con perro, Dix ya se había convertido en un auténtico maestro antiguo de la modernidad, que dominaba a la perfección los procedimientos de sus antepasados.

Quince años mayor que Dix, Erfurth era por aquel entonces un consagrado fotógrafo, por cuyo taller pasarían las principales personalidades de la Alemania de la República de Weimar. Su interés por completar su “galería de cabezas de mi tiempo” hizo que se interesase por fotografiar a la nueva generación de artistas afincados en Dresde, entre los que, desde 1920, se encontraba Dix. Algo más tarde sería Dix, al que también interesaba el género del retrato de una manera especial, el que retrataría en diversas ocasiones a Erfurth (1922, 1925 y 1926).

Dix y Erfurth establecieron una estrecha relación de intercambio: Dix realizó varios retratos de Erfurth, su mujer e incluso su perro. A su vez, Erfurth inmortalizó a Dix en múltiples ocasiones, con diversos atuendos, junto a su mujer Martha, a sus hijos y a sus padres. Por otro lado Erfurth, dueño de una galería de arte en Dresde, tuvo gran interés en obtener obra sobre papel de Dix y este, a su vez, se sirvió de las fotos de Erfurth de la Primera Guerra Mundial para realizar su serie de aguafuertes sobre la guerra. Pero me da la impresión que no llegaron nunca a ser amigos.

En las cerca de veinte obras que se muestran en la exposición se evidencian las mutuas influencias que se establecieron entre Dix y Erfurth a través de sus frecuentes contactos y nos acerca a un capítulo fundamental del debate artístico de los años centrales de la República de Weimar: el parangón entre pintura y fotografía. ¿En qué medida el estilo realista de Dix pudo influir en los retratos fríos y objetivos de Erfurth? Y, por el contrario, ¿hasta qué punto Dix adoptó ciertas notas propias de los retratos de Erfurth? En mi modesta opinión, el diálogo entre fotografía y pintura que nos plantean las fotos que hizo Erfurth a Dix y los retratos al óleo que hizo Dix a Erfurth, es de lo más sugerente que hemos visto esta temporada.

Esta pequeña exposición es una joya por la que hay que felicitar vehementemente a sus creadores. Sugerente sobre las relaciones del hoy con el pasado, del siglo XX con el Renacimiento, permite interesantes reflexiones y muy didáctico conocimiento sobre técnicas pictóricas para conocedores y neófitos. Por cierto, no se pierdan este despliegue en el sitio del Museo.

Otto Dix, retrato de Hugo Erfurth, Técnicas y Secretos
Museo Thyssen-Bornemisza
Paseo del Prado, 8. 28014 Madrid
ENTRADA LIBRE
Fechas
Del 11 de marzo al 18 de mayo de 2008.
Lugar
Salas 47 y 48 (planta baja).
Horario
De martes a domingo, de 10.00 a 19.00 h. Lunes cerrado. Taquilla abierta hasta las 18.30 h. El desalojo de las salas de exposición tendrá lugar cinco minutos antes del cierre. Cerrado el día 1 de mayo.
Servicio de Información
Teléfono: 913 690 151

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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