Cautivadora dama del mar, por J.C.Deus

La escritora norteamericana recientemente fallecida Susan Sontag escribió la adaptación de esta obra clásica de Ibsen especialmente para el escenógrafo y artista Robert Wilson, una visión actual de la historia de Ellida, una mujer que vivía con su padre junto al mar, en Noruega, y que a su muerte ahogado, se casa con un viudo con dos hijas que no la aceptan. Ella es un animal marino, una foca sin piel, una sirena varada que anhela el mar y se siente sosegadamente presa. Pero cuando surja la oportunidad de la libertad, la desdeñará comprendiendo que es un ansia imposible.

Estamos ante uno de los espectáculos más excelsos de la temporada, con una banda sonora extraordinaria a cargo de Michael Galasso ayudado por chillonas gaviotas, con un vestuario de Giorgio Armani, elegante y sugerente como todo lo que hace, con una sencilla escenografía basada en una simple vela marinera ‘movida’ por la luz, con unos excelentes actores para personificar un teatro onírico, un sueño de voces con eco y movimientos a cámara lenta que deconstruyen las bases del teatro tradicional, con declamaciones estentóreas y movimientos ‘marionetescos’ que atraen en la misma medida que repelen, que fascinan y desagradan, que exigen dejarse llevar por las sendas de lo irracional para alcanzar las cumbres del conocimiento aproximado de la inaprensible esencia humana.

Demasiado ‘para el body’ que diría un castizo. Así que el espectáculo ha sido tachado de aburrido, de ‘no decir nada’, de lento y vacío. Así probablemente lo vivió el espectador que tras de mí bostezaba haciendo gala de su rechazo. El público aplaudió pero mayoritariamente sin demasiado entusiasmo. A mí, cosa rara, los cien minutos de representación se me hicieron cortos.

Esta historia es una reelaboración contemporánea que quizás no resulte clara porque hoy nada es claro. El despliegue dramático convierte al texto en un añadido secundario. Da un poco lo mismo quién sea el galán tentador, que sea foca o gaviota o humano; da un poco lo mismo la decisión final de Ellida; no aparece por ningún lado el panfleto de género que uno se temía; incluso se entiende mejor por qué la vieja institución matrimonial se resiste a morir y es ahora adoptada por los homosexuales. Sontag era una mujer bien inteligente, y por eso el marido ‘opresor’ es un pedazo de señor considerable. Por eso las hijas son un dúo rompedor. Por eso el amigo de la familia es un personaje de bandera. Por eso nada es trivial, todo es diferente a la representación clásica de Ibsen, y sobre todo, y aún más valioso, a la representación ‘à la page’ de Ibsen.

Puede haber una parodia del teatro, puede haber un teatro dentro del teatro, puede haber un sueño en lugar de teatro, y otro mundo en un escenario. Todo eso está dentro de esta dama del mar y es una suerte verlo, sentirlo, juzgarlo y poseerlo. Qué buenos los actores cuando tienen papeles buenos y director bueno. Qué bueno lo bueno.

LA DAMA DEL MAR
Texto de Susan Sontag, basado en la obra de Henrik Ibsen
Traducción de Marta Pessarrodona
Dirección, diseño escenográfico y concepto de iluminación
Robert W ilson
Música de Michael Galasso
Vestuario de Giorgio Armani

Intérpretes

Ángela Molina,
Manuel de Blas,
Lara Grube,
Carlota Graviño,
Agustín Sasián
y Damià Plensa

Una Producción de
Elsinor y Change Performing Arts
En coproducción con
Teatro Lope de Vega de Sevilla
Centre d’Arts Escèniques de Reus
Con la colaboración del
Teatro Español de Madrid

Naves del Español-Matadero Madrid
Del 27 de marzo al 27 de abril
De martes a sábado, 20.00 horas
Domingo, 18.00 horas
Precio: 22 euros
Martes y miércoles, día del espectador, 25% de descuento

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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