El aterrizaje de Joan Miró, por J.C.Deus

El Museo Thyssen-Bornemisza despide la temporada con una mirada diferente al Miró de siempre. La exposición Miró: Tierra, quiere ser un recorrido original por la obra de Joan Miró, centrándose en su conexión terrenal como polo dominante, frente a su dimensión etérea y espiritual, su archiconocido mundo estrellado: otro viaje por una de las obras artísticas más conocidas y divulgadas del siglo XX.

Dice el Tyssen que este hilo conductor es un tema recurrente en su producción pero que no había sido nunca objeto de una muestra monográfica. Tomàs Llorens, comisario de la exposición, Joan Punyet Miró, nieto del artista, y Guillermo Solana, conservador jefe del Museo Thyssen-Bornemisza, dieron una conferencia de presentación a la prensa con asistencia masiva. Solana no regateó elogios para su antecesor en el cargo Llorens, cuya jubilación le ha permitido acometer esta tarea. ‘Estamos acostumbrados al Miró de los pájaros y las estrellas, pero hay otro Miró de la vida rural, de la tierra catalana’. De ahí vendría sus insectos, sus pájaros, los conjuros pictóricos a base de falos y cuernos que pueblan su obra. ‘Un Miró diferente a ese banalizado decorador que dijeron algunos idiotas, cuya magia pone en fuga a los malos espíritus y teje una atmósfera a ratos terrorífica’. La exposición serviría en opinión de Solana ‘para reivindicar al verdadero Miró paasado por alto, que encierra muchos enigmas a desentrañar. Porque el Miró más radical y excesivo de las últimas salas estuvo alerta hasta el último momento de su vida.

El comisario Llorens parte de las numerosas retrospectivas que ha merecido Miró en el último medio siglo, muy especialmente de la única celebrada en Madrid hasta la fecha, la de 1993 en el Reina Sofía. Se tituló ‘Miró: campo de estrellas’, y quince años después Llorens responde con este ‘Miró: tierra’. En aquella, las célebres Constelaciones de 1939-41 eran el núcleo central; en ésta, ni aparecen. ‘Apenas hay obras coincidentes entre una y otra, es el punto de vista complementario o contrario, el de su relación con la tierra, el relegado en el último medio siglo‘.

¿Miró entonces, soñaba mirando al cielo o plantaba lechugas? ¿No resulta la dicotomía demasiado tomista? Muchas veces establecemos polémicas intelectuales sobre el sexo de los ángeles, y esta vez aunquer Llorens afirma que su trabajo polemiza claramente con varios expertos ‘mironianos’ en la lectura del artista, también reconoce que la clave tierra no es nueva y ha tenido al menos un gran intérprete en la figura de Jacques Dupin que tan cercano fue y estuvo del artista.

Para Llorens Miró es el más brillante de todos los participantes en aquel proyecto de renovación del arte y de la sociedad surgido en los años 20-30 del siglo que sigue condicionándonos. La regeneración de la humanidad era su ‘Zeitgeist’, su motor, su meta. Nietszche estaba sin duda presente. Y la preocupación por lo terreno era el elemento dominante. En este contexto, las constelaciones mironianas serían un paréntesis y no la expresión concentrada de su mensaje. A partir de ellas, Miró caería en palabras de algún pope ‘en una proliferación vacía’, que sin embargo para Llorens es todo lo contrario, la coronación de su obra al final de su vida, ‘como en los casos de Picasso, Tiziano o Miguel Ángel’, invocando su espíritu y tono elegíaco procedente ‘de la contradicción entre volver a los orígenes y articular hacia adelante el tiempo histórico’.

Será muy necesario tener en cuenta este planteamiento y prestar especial atención a las dos últimas salas de la exposición para captar lo que quiere deecirnos esta mirada terrícola al miró galáctico. En un primer vistazo, no resulta tan evidente, en tanto que el recorrido hasta los años 60-70 es digamos bastante previsible (pero salpicado de unas cuantas obras excepcionales). Quizás los dos ‘sobreteixim’ sean la muestra más destacable de este Miró hechicero conjurando las fuerzas telúricas.

Yo me quedo de toda la exposición con ‘Acento rojo en la calma, 18 de marzo de 1968’, en el que me parece encontrar vestigios de lo que se estaba pariendo en esos momentos en la universidad parisina de Nanterre. Y con el pequeño pero descomunal ‘Campesino catalán descansando’. Son extraordinarios también dos difíciles préstamos llegados de Nueva York, ‘Tierra Labrada’ del Guggeheim, y ‘Paisaje catalán’, del MOMA. Y lo más enternecedor, el inicio de la exposición, lo que ya justificaría su título, lo que demuestra que Miró era grande desde antes de comenzar a dar vueltas; se trata de tres paisajes, el huerto con asno, la casa de la palmera y el pueblo de Mont-roig, los tres de 1918. Los orígenes de Miró, el mundo del que salió, a donde volvía fatigado de sus excursiones espaciales, ese mundo poblado por gente como la portera de su casa de París, a la que cambió un plato de su guiso dominical por dos obras queridas. Él se comió el estofado de ciervo con todas sus zanahorias. La portera tiró aquellas rarezas a la basura.

Joan Miró (Barcelona, 1893 – Palma de Mallorca, 1983) de joven se relaciona con el mundo más vanguardista de Barcelona, a donde llega en 1917 Picabia, funda la revista dadaísta 391 y pone a los jóvenes artistas catalanes en contacto con el arte internacional. A finales de 1920 viaja por primera vez a París, donde conoce a Picasso. Durante toda esa década alterna los inviernos parisinos con largas estancias en la masía familiar de Mont-roig, en el campo de Tarragona. Esos serían los años cruciales de su carrera artística, en los que descubre su lenguaje personal. En 1921 empieza a trabajar en el estudio de Pablo Gargallo de la rue Blomet. Allí Miró tiene como vecino a André Masson, en torno a quien se forma el denominado grupo «de la rue Blomet», futuro núcleo surrealista con el que compartía muchos de sus planteamientos teóricos, pero no estaba integrado del todo en el grupo ni asistía regularmente a sus reuniones y actividades. Con cuarenta años es ya una de las figuras más destacadas del panorama artístico internacional. Le quedan otros cincuenta de vida en los que será aclamado crecientemente como uno de los artistas clave del siglo XX.

LA EXPOSICIÓN
Título: Miró: tierra
Fechas: Del 17 de junio al 14 de septiembre de 2008
Organizadores y sedes: Museo Thyssen-Bornemisza y Ferrara Arte
Comisario: Tomàs Llorens
Comisaria técnico: Marta Ruiz del Árbol, Área de Pintura Moderna del Museo Thyssen-Bornemisza
Número de obras: 65
Publicaciones: Catálogo con ensayos de Tomàs Llorens. Editado en español e inglés.
Página web: español e inglés.

INFORMACIÓN PARA EL VISITANTE
Dirección: Museo Thyssen-Bornemisza. Paseo del Prado 8, 28014 Madrid.
Lugar: Salas de exposiciones temporales (planta baja)
Horario: de martes a domingo de 10.00 a 19.00 horas. La taquilla cierra a las 18:30h.
Horario de verano: los meses de julio y agosto las exposiciones temporales permanecen abiertas hasta las 11 de la noche de martes a sábado.
Tarifas:
– Exposición Miró – 5 € (Reducida: 3,5 € para estudiantes y mayores de 65 años previa acreditación).
– Exposición Miró + Exposición Arikha + Colección Permanente: 12 € (8 € para estudiantes y mayores de 65 años previa acreditación).
– Horario nocturno: Exposición Miró + Exposición Arikha : 7 € (5 € para estudiantes y mayores de 65 años previa acreditación).
Audio-guía
Venta anticipada de entradas en taquillas o en la web del Museo y en 902 050 121
Más información: 91 369 01 51 y www.museothyssen.org

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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