Bruce Springsteen revoluciona y conmueve con su magistral directo

Bruce Springsteen revoluciona y conmueve con su magistral directo

(PD).- Bruce Springsteen trajo a Madrid, una vez más, un directo largo, intenso y propio de uno de los últimos animales de escenario del rock and roll. Durante las tres horas (¡tres horas!) que duró el concierto, Springsteen le robó el aliento a las 60.000 personas que abarrotaban el estadio Santiago Bernabéu.

Con su experimentada banda, la ‘E Street Band’, que ha envejecido junto a él sobre el escenario, dio un profundo repaso a su infinito repertorio, que recorre más de treinta años de carrera.

A sus 58 años y con medio centenar de conciertos acumulados desde que en febrero pasado iniciara la segunda parte de su gira mundial, el Boss no dio muestras de flaqueza y sometió a su feliz audiencia a una dura prueba de resistencia.

Esta noche demostró que con el tiempo su voz ha ganado en profundidad, que a estas alturas puede acometer cualquier pieza de su extensa producción y que aún tiene ganas de mezclarse con sus seguidores, e incluso de arrojarse sobre ellos.

Springsteen no venía a cumplir, llegó a renovar el pacto de sangre que selló hace veinte años en su primera visita a Madrid. Y vaya si lo consiguió.

Fue un concierto irrepetible, como todos los de esta gira, en la que cada noche va cambiando el repertorio, da igual en qué lugar sea el concierto.

El actor Javier Bardem subió al escenario para presentar a Springsteen. «Tengo una pregunta del ‘Boss’, del jefe. Me ha preguntado si hay alguien ahí fuera», gritó el intérprete, que recibió un griterío general como respuesta. Pasadas las diez de la noche, comenzó el concierto con ‘Night’, uno de los temas menos conocidos de unos de sus álbumes más célebres, ‘Born To Run’.

No faltaron los grandes éxitos, claro, pero en Madrid brillaron especialmente canciones poco habituales, rarezas como ‘Trapped’ o la celebradísima ‘Out in the street’. Durante la increíble ‘The River’, y la magistral ‘Spirit in the night’, el Boss se lanzó desde el escenario hacia su público, como hacía en los conciertos de los setenta.

Springsteen soltó una descarga de energía nada más salir a escena. Encadenó ‘Radio nowhere’ -el tema estrella de su último álbum, ‘Magic’-, con ‘Lonesone day’, ‘The promised land’ y una demoledora versión de ‘Summertime blues’, de Eddie Cochran.

Después de darse aire con un abanico que le entregó un espectador, tuvo tiempo de saludar, en español: «Hola, Madrid. Es genial estar de vuelta con mis amigos» y de felicitar a «los campeones de la selección española».

En sus excursiones a las primeras filas de la pista recogió carteles con peticiones de canciones. Entre ellas eligió ‘Brilliant disguise’ -con beso final a su compañera, la guitarrista Patti Scialfa- y ‘Cover me’, y no se puede decir que fueran malas elecciones.

Al fondo del escenario, el grandísimo batería Max Weinberg volvió a impartir una clase magistral, marcando las pulsaciones del concierto. Este hombre tiene cara de no haber roto un plato en su vida, pero si en vez de tambores aporreara un yunque saltarían herraduras.

Casi todos los miembros de la banda tuvieron su momento en la noche. Clarence Clemons parecía rejuvenecer cuando se apoderaba de los focos con su saxo y Nils Lofgren se marcó uno de los solos de guitarra más largos del mundo en «Because the night». Steve Van Zandt era reclamado por el Jefe a cada rato para compartir micrófono con él.

Esta vez sonó ‘The river’ y el público se emocionó con la intensidad con la que cantó Springsteen, que acostumbra a hacer versiones largas y realmente emotivas de este tema en directo.

La presencia de ‘Magic’ se ha reducido en la segunda parte de la gira y hoy apenas sonaron cuatro temas del álbum. Al presentar uno de ellos, ‘Living in the future’, el músico norteamericano aprovechó para proclamar que en su país ha habido «un recorte de los derechos civiles» y advertir: «Tenemos que luchar».

Con el público encendido con ‘Badlands’ llegó la medianoche y el Boss y los suyos se marcharon, pero sólo un momento.

Los bises se abrieron con una memorable versión de ‘Jungleland’. Aún quedaba otra descarga de rock con ‘Born to run’, ‘Bobby Jean’ y ‘Dancing in the dark’, tema en el que una afortunada fue invitada a bailar en el escenario con el Boss.

Cuando acabaron de sonar ‘American land’ y una extensa versión del clásico ‘Twist and shout’ era ya cerca de la una de la madrugada.

Así terminó una noche que los asistentes, como confesó más de uno, guardarán en el recuerdo.

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