Los refinados etruscos, por J.C.Deus

Los etruscos vivieron su período de explendor entre los siglos IX y III a.C., instalados en Italia central, entre los ríos Tíber y Arno, es decir, entre Roma y Pisa. CaixaForum presenta ahora en Madrid una imagen actualizada de la civilización etrusca a partir de de 170 obras de los principales museos de Italia, el Vaticano y el Louvre, que puede servir de buen complemento a la reciente exposición etrusca que pudo verse en el museo Arqueológico, y a la que hace unos años en Venecia causó una enorme sensación en Italia y reivindicó para siempre la imagen de un pueblo tenido por bárbaro y hosco, que fue refinado y no menos civilizado que muchos de sus sucesores.

Se han traído obras del Musée du Louvre, el Museo Gregoriano Etrusco de la Ciudad de Vaticano, los Musei Capitolini y el Museo Nazionale Etrusco di Villa Giulia de Roma, el Museo Archeologico Nazionale de Florencia, la Soprintendenza per i Beni Archeologici della Toscana y la Soprintendenza Archeologica per l’Etruria Meridionale, entre otros, bajo la dirección de la comisaria Anna Mura Sommella, que ha articulado la exposición en tres grandes sectores: el periodo de formación, representado por dos tumbas con ajuares significativos, pertenecientes a un guerrero y a una dama de alto rango; continúa con la posterior afirmación de una sociedad dominada por familias principescas particularmente ricas, que practicando los usos y costumbres del mundo griego y grecooriental dejaron amplios testimonios de su poder y su riqueza expresados en preciosos objetos de bronce y de materiales preciosos. La última parte está dedicada al desarrollo de la civilización urbana, evidenciando en particular los aspectos relativos a la arquitectura sacra, la producción artística, la religión, la vida cotidiana y los usos funerarios. Ilustra esta última parte de la exposición una selección de gran impacto visual, como los grandes frisos pintados de Tarquinia, la decoración arquitectónica realizada para un importante templo de Roma durante el dominio de los reyes etruscos, espléndidos sarcófagos y objetos de producción etrusca o de importación griega relativos al ámbito público y privado.

EL DESPERTAR DE LOS ETRUSCOS

La floreciente civilización de los etruscos se desarrolló, en el ámbito de las culturas de la Italia antigua, entre finales de la Edad del Bronce (siglos X-IX a.C.) y el siglo I a.C., cuando se produjo su definitivo sometimiento a Roma. Este pueblo, que los griegos llamaron Tyrrenoi, como la franja del Mediterráneo occidental a la que se asomaba su territorio, es el más conocido y el que ha dejado las más extraordinarias evidencias monumentales y artísticas. La riqueza y el poder de los etruscos, «extendido por tierra y por mar», como recuerdan los escritores antiguos, estuvieron determinados por la explotación de tierras muy fértiles y por la presencia en su territorio de prósperos yacimientos mineros.

Otro factor de prosperidad derivó de la intensa actividad comercial que en algunos periodos llevaron a cabo directamente los marinos etruscos, que podían disponer de importantes escalas comerciales a lo largo de la costa, y de la menos difundida vocación de piratas con la que se extendieron por el mare nostrum. La precocidad de los contactos y los intercambios de los etruscos con el mundo griego y grecooriental fue básica no sólo para su desarrollo económico, sino también para el cultural. En efecto, la llegada de refinados productos de importación y la consiguiente asimilación de usos y costumbres de pueblos que ya habían alcanzado un alto grado de civilización propiciaron el rápido desarrollo del mundo etrusco.

La civilización etrusca se extendió por gran parte de la península italiana: la actual Toscana, una parte de Umbría y el Lacio septentrional, pero era prácticamente desconocida hasta hace dos siglos. Un campesino empujaba su arado como lo había hecho toda su vida, cuando de pronto un buey se hundió y casi desapareció en el suelo. Había caído en una cavidad profunda: una tumba etrusca. En los meses siguientes a aquel día de 1828 salieron a la luz centenares de tumbas, que proporcionaron al propietario de los terrenos, Lucien Bonaparte, hermano de Napoleón y príncipe de Canino, centenares de vasos griegos y etruscos, alhajas de oro, bronces, esculturas de piedra, obras de ámbar y miles de objetos relacionados con la vida de uno de los pueblos más desconocidos de la Antigüedad.

La princesa de Canino visitó la corte Pontificia ataviada con las joyas de las tumbas de Vulci y causó una gran sensación en toda Europa. El interés por el mundo etrusco que se vivió en los círculos arqueológicos y literarios y entre la aristocracia sólo es comparable con el impacto que provocó, a mediados del siglo XVIII, el descubrimiento de Pompeya y Herculano. Este interés todavía perdura hoy en día. En los últimos años se han realizado numerosos estudios que han permitido conocer mejor esta cultura, sus formas de arte, su vida religiosa y su organización social.

RELACIONES IBÉRICAS

Dice la Obra Social ”la Caixa” que las exposiciones que dedica a las grandes culturas del pasado no se limitan a mostrar «tesoros», sino que combinan el rigor científico y la vocación didáctica, y presentan al público las creaciones de los pueblos de la Antigüedad en su contexto. Pero se hecha muy en falta un apartado a las conexiones de esa cultura con las ibéricas, a sus parecidos y diferencias.

Etruscos e iberos estuvieron sin duda en contacto, y la cultura de los primeros influenció a los segundos, aunque fuera un contacto débil y corto alrededor del año 500 a.d.C. del que hay pocas huellas aparte de un famoso colgante de bronce de Ampurias que representa a un guerrero, o el bronce de Elche con dos animales enfrentados por sus cuernos, o cerámicas de Alcudia que podrían haber venido a esta exposición en un apartado autóctono. Por no hablar del indudable aire de familia que la célebre Dama de Elche tiene con muchas de las esculturas policromadas etruscas de esta exposición.

Precisamente este verano la Escuela Española de Arqueología de Roma organizó un curso sobre las relaciones entre las tres culturas mediterráneasm occidentales de la antigüedad, fenicio-púnicaz, etrusco-itálica e ibérica. Debió haber un sustrato común racial pre indoeuropeo en toda la cuenca mediterránea. Fenicios, etruscos e iberos, ése sí que es el tema de exposición ambiciosa y conjunta. Parecidos y diferencias. La aún desconocida Tartessos. En fin, se ha dicho que los iberos fueron algo así como mulatos y venían del norte de África. Algo parecido ocurre con los fenicios. ¿Y los etruscos? ¿Vienen las diferencias y parecidos entre españoles e italianos de las ya existentes entre iberos y etruscos? ¿Será por ello que somos menos refinados que ellos aparte de otras virtudes que ellos puedan envidiarnos?

Y es que la fundación de La Caixa ya había organizado en 1997 una buena exposición sobre los Iberos, de la que habría sido fácil encontrar conexiones, y como decimos el Museo Arqueológico acaba de hacer otra sobre los etruscos con piezas tamibén excepcionales, como el ‘Frontón de Talamone’ y la ‘Mater Matuta’, que es para los etruscos lo que la Dama de Elche para la cultura íbera. Figurénse por un momento a ambas matronas juntas. Lo que viene al caso para recomendar a las instituciones museísticas más colaboración entre ellas, menos exclusivismo, y probablemente más modestia a la hora de ‘vender’ sus ‘exclusivas’ y logros.

EL ENIGMA DE UN PUEBLO

La procedencia de los etruscos y el origen de su lengua y de su extraordinario desarrollo cultural han sido un enigma. Los historiadores se dividen entre los que creen a los etruscos un pueblo autónomo, y los que con mayor motivo, en nuestra modesta opinión, los consideran llegados de Grecia trayendo sus conocimientos y cultura.

Debido a sus peculiaridades etnográficas y lingüísticas, así como religiosas, políticas y culturales, los etruscos fueron tan diferentes de los demás pueblos de la Italia antigua que aún hoy se sigue hablando del «enigma etrusco». Ya en la Antigüedad, el historiador griego Herodoto afirmaba que era un pueblo que había emigrado desde Asia Menor y se había establecido en la Toscana. Por otro lado, en la época del emperador Augusto, Dionisio de Halicarnaso sostenía la idea de que se trataba de habitantes autóctonos. La «cuestión etrusca» sigue abierta, pero la clave para comprender a este pueblo no es su procedencia, sino su formación. Asentados a principios del primer milenio a.C. en el amplio territorio de la Italia central tirrena delimitado por los ríos Tíber y Arno, muy rico en recursos naturales, los etruscos llegaron a ocupar, en el momento de máxima expansión, grandes áreas del valle del Po, hasta el Adriático, y parte de la Campania costera. Incluso Roma estuvo sometida a la influencia política y cultural de Etruria bajo la dinastía etrusca de los Tarquinios, que reinaría en Roma entre finales del siglo VII a.C. y el último decenio del siglo VI a.C. El declive llegaría a partir del siglo III a.C., cuando Roma fue conquistando, una tras otra, todas las poderosas ciudades de Etruria, que no sólo perdieron su independencia política, sino también su autonomía cultural y artística.

El largo y complejo proceso que llevó al establecimiento de la realidad étnica y territorial que hoy llamamos Etruria dio lugar, en el siglo VIII a.C., a un ordenamiento de la sociedad etrusca basado en la diferenciación económica. El triunfo de una elite aristocrática, en cuyas manos se concentraba el poder político y religioso, tiene su origen en la riqueza acumulada gracias a la posesión de la tierra, el control de los yacimientos mineros y el monopolio de los intercambios comerciales. En esta nueva estructura social se consolidó el papel paritario de las mujeres de alto rango, que se reservaban las labores de hilado y tejido y la custodia de las riquezas y los bienes acumulados.

Entre la segunda mitad del siglo VIII y principios del IV a.C., el periodo llamado «orientalizante», nace y se consolida el poder de los príncipes. El aprovechamiento cada vez más «moderno» y eficiente de sus yacimientos mineros atraería a griegos y fenicios, interesados en establecer contactos e intercambios entre el mundo oriental y el occidental. Por medio de estas relaciones comerciales llegan a Etruria los estilos y las costumbres de la fastuosa y refinada vida de las cortes orientales, pronto asimilados por las clases aristocráticas. Los príncipes etruscos emulan el ceremonial griego asociado al consumo del vino y al banquete y exhiben objetos de prestigio, especialmente valiosos, para hacer ostentación de su riqueza. Estos príncipes guerreros, conocidos sobre todo por la documentación que nos ofrecen sus tumbas y sus ajuares funerarios, dejaron amplios testimonios de su poder en singulares objetos de bronce y otros materiales preciosos que revelan el esplendor típico de la cultura «orientalizante»: tronos y flabelos parecidos a los representados en los relieves de los palacios asirios; carros y arreos de caballo; calderos, cántaros y espléndidas copas de producción fenicia, griega y etrusca, elaborados en oro, plata, cerámica pintada o búcaro —la característica cerámica negra etrusca— y utilizados durante el servicio del banquete y el simposio; o la orfebrería de oro, que en Etruria alcanza un grado de refinamiento extremo, con decoraciones a base de un granulado finísimo. Ocupa un lugar de honor la documentación que atestigua el conocimiento de la escritura entre las capas sociales más altas, como los abecedarios y las inscripciones de dedicatoria o de posesión grabadas en recipientes de búcaro o marfil.

Un profundo cambio de carácter social se advierte en el territorio etrusco —y también en la Roma gobernada por los Tarquinios— entre finales del siglo VII y principios del VI a.C. Las oligarquías nobles pierden poder a causa de una distribución más equitativa de la riqueza y la aparición de una nueva sociedad urbana formada por individuos libres, en cuyas manos se va concentrando la actividad artesanal y comercial. Esta «revolución social» acelera el desarrollo de las ciudades etruscas, que se definen como ciudades-Estado autónomas y presentan una organización urbanística adecuada a las necesidades de las nuevas clases sociales. Se construye una original arquitectura pública monumental y se erigen templos ricamente decorados con estatuas y elementos arquitectónicos en terracota. Los etruscos fueron un pueblo particularmente entregado a las prácticas religiosas, entre las que destaca el arte de la adivinación a partir del examen de las vísceras de animales sacrificados o por el vuelo de los pájaros. Son destacables los abundantes depósitos votivos hallados en los templos, con figuras de bronce, cerámicas etruscas e incluso magníficos vasos griegos. En cuanto a la esfera privada, el búcaro y el bronce fueron los materiales favoritos para la elaboración de artículos de uso cotidiano —espejos, candelabros, braseros— o vasos ceremoniales de prestigio.

Si algo caracteriza a la civilización etrusca son sus necrópolis, fiel reflejo de las ciudades y moradas de los vivos. El culto a la muerte y la creencia de que el difunto subsistía en el mundo de ultratumba exigían decorar las tumbas con un ambiente doméstico y equiparlas con todo lo necesario para «habitar» en ellas. La transformación social que se produce a partir del siglo VI a.C. se aprecia también en las necrópolis. En vez de los grandes túmulos principescos del periodo orientalizante, ahora se extiende un nuevo tipo de tumba, con una o varias cámaras que acogen a los miembros de una misma familia noble, inhumados en grandes sarcófagos sobre los que se representa la figura del difunto reclinado: las mujeres vestidas con suntuosos ropajes y los hombres con mantos drapeados que dejan el busto al descubierto. Joyas y páteras completan las figuras, que pretenden ofrecer la imagen del difunto, aristocrático o de clase media, en el máximo esplendor que alcanzó en vida, inmortalizado en el momento del banquete ceremonial. En algunas ocasiones, el sarcófago acoge a una pareja de esposos y sobre la tapa aparecen ambas figuras. La arquitectura y la ornamentación interior de las tumbas reflejan la suntuosidad de las estancias de la vida real. Son características las tumbas decoradas con pinturas murales, con una iconografía llena de vida, en las que se aprecia la influencia del mundo griego.

En fin, la exposición sorprende por el refinamiento de muchas de las piezas expuestas, estilizadas figuritas de guerreros, sofisticada orfebrería, magníficas representaciones de hombres y mujeres con un realismo que los coloca a nuestro lado como si estuvieran vivos. Es una oportunidad para reflexionar sobre lo que hemos avanzado realmente desde entonces, para divagar y fantasear en cómo era la vida de estos antiguos parientes, etruscos toscanos, ya entonces tan refinados.

PRÍNCIPES ETRUSCOS, ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE
CaixaForum Madrid
Del 2 de octubre de 2008 al 18 de enero de 2009
Paseo del Prado, 36
28014 Madrid
Nuevo horario
Abierto todos los días (lunes incluido), de 10.00 a 20.00 h
Entrada gratuita a la exposición

ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS

CONFERENCIA INAUGURAL
Miércoles 1 de octubre, 18.00 h. Conferencia inaugural Los príncipes etruscos y el lujo de las cortes orientales. Anna Mura Sommella, comisaria de la exposición. Plazas limitadas. Entrada gratuita.

CICLO DE CONFERENCIAS
• Jueves 6 de noviembre, 19.30 h. Los orígenes del pueblo etrusco. Mario Torelli, catedrático de la Universidad de Perugia. Con la colaboración del Instituto Italiano de Cultura de Barcelona.

• Jueves 13 de noviembre, 19.30 h. Sociedad y política en Etruria. Jorge Martínez-Pinna Nieto, catedrático de la Universidad de Málaga.

• Jueves 20 de noviembre, 19.30 h. Los etruscos fuera de Etruria: Roma, Campania, Valle del Po. Santiago Montero, profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid.

• Jueves 27 de noviembre, 19.30 h. El mundo religioso etrusco. Miguel Ángel Elvira Barba, profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid.

• Miércoles 30 de abril, 19.30 h. Etruscos en el Mediterráneo y en la península Ibérica. Xavier Aquilué Abadias, director del Museu d’Arqueologia de Catalunya-Empúries.

Coordinación del ciclo: Adolfo J. Domínguez Monedero, profesor titular de Historia Antigua de la UAM.

MAÑANAS DE ARTE
• Viernes 7 de noviembre, 11.30 h. Etruria, tierra de contactos culturales

• Viernes 14 de noviembre, 11.30 h. Escritura, lengua y pensamiento etruscos

• Viernes 21 de noviembre, 11.30 h. Casas, palacios y templos

• Viernes 28 de noviembre, 11.30 h. Tumbas llenas de arte: el más allá de los etruscos

• Viernes 5 de diciembre, 11.30 h. Una cultura refinada

A cargo de Adolfo J. Domínguez Monedero, profesor titular de Historia Antigua de la UAM.

VISITAS COMENTADAS A LA EXPOSICIÓN
• Visitas comentadas para el público general. Martes y jueves a las 19 h, Miércoles a las 11 h. Viernes y sábados a las 12 y 19 h. En castellano. En días festivos no se realizarán visitas. Actividad gratuita. Plazas limitadas.

• Visitas concertadas para grupos. Inscripción previa: 91 330 73 30. Grupo: mínimo 10 / máximo 30 personas. Precio: 15,00 € / grupo. Los grupos con guía propio también deberán reservar hora.

ACTIVIDADES PARA LAS PERSONAS MAYORES
• Café-tertulia con las artes. Presentación audiovisual, visita a la exposición y tertulia con café. Actividad gratuita dirigida a mayores de 60 años. Los martes y jueves, de 16.30 a 18.30 h. A partir del 7 de octubre.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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