De cómo la vanguardia casi ignoró la guerra, por J.C.Deus

El Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid inauguraron ayer la exposición conjunta ‘¡1914! La Vanguardia y la Gran Guerra’, definida como ‘una exhaustiva revisión del arte nuevo internacional que defendieron algunos de los máximos representantes de los movimientos de vanguardia entre los años 1913 y 1918, con la Primera Guerra Mundial como telón de fondo’. Un telón de fondo que apenas sangra o duele, que es casi siempre aséptico, quizás por centroeuropeo. Un telón de fondo que es un cuento de hadas comparado con la descrición de Francisco de Goya de la Guerra de la Independencia un siglo antes.

Y, efectivamente, la gran guerra, la terrible gran guerra con que se abrieron las sucesivas catástrofes sociales que jalonaron el siglo XX, sólo está presente de pasada, hasta el punto de no justificar apenas el título de la exposición. Porque, ya fuera por falta de visión o de valor o de información o de compromiso, los pintores de vanguardia de principios del siglo pasado, ya se enrrolaran en sus respectivos ejércitos, ya permanecieran en retaguardia a cubierto, no mostraron mucho interés en ser testigos de aquella carnicería sin precedentes, sin motivos y sin justificaciones de peso.

Klee, Kandinsky, Marc, Schiele, Brancusi, Chagall, Nolde, Balla, Goncharova, Léger, Zadkine, Severini, Grosz, y un largo etcétera hasta completar una lista de 68 nombres de artistas, presentan 222 obras cedidas para la ocasión por hasta ochenta instituciones prestamistas de dieciséis países diferentes, acuden a una cita magnífica en la que la I Guerra Mundial es apenas disculpa.

La relación entre el arte de vanguardia y la Guerra de 1914 fue poca a la vista de esta recopilación, aunque la guerra aparezca en dos decenas de obras, a veces como adaptación de los nuevos lenguajes artísticos a la propaganda de la causa nacional, en esacasas ocasiones como denuncia, a menudo simplemente como pasatiempo de los artistas movilizados en el frente, la , y pocas ocasiones con una cierta misión profética de la crisis ideológica y social subyacente al conflicto armado, antes, durante y después del mismo.

Javier Arnaldo ha sido el comisario de la exposición y nos explicó prolijamente sus contenidos. Opina que pocos acontecimientos históricos tuvieron una capacidad de determinación tan fuerte sobre la trayectorvanguardiasia de las primeras vanguardias artísticas como la guerra de 1914. Pero no parece claro, ni teóricamente, ni a la vista de la exposición que ha montado. El que la experiencia de la guerra incidiera poderosamente sobre el trabajo de los artistas, no resulta claro en el tema de sus obras, aunque pueda especularse con una influencia indirecta poniendo de relieve contradicciones internas en el ideario de la modernidad del que participaban sus obras.

Es tesis de esta muestra del arte de principios del siglo XX, que los movimientos de vanguardia con su voluntad trasgresora anticiparon la militancia belicista por la que se pronunció una mayoría de los artífices del arte nuevo cuando se desató la contienda. Ciertamente, resulta bastante vergonzoso para la conciencia histórica de los artistas, su poco antibelicismo y nulo pacifismo durante esta horrible guerra.

La exposición contempla el desarrollo del arte nuevo internacional en el período que transcurre entre 1913 y 1919, y establece como lectura para su interpretación pautas que habrían venido dadas por la guerra como circunstante de la cultura. Plantea, entre otros asuntos, la misión profética que asume el arte de vanguardia en relación a los acontecimientos que van a determinar su crisis, la capacidad que los nuevos lenguajes descubren para convertir sus representaciones en divisa visual del belicismo, las diversas derivaciones de una escritura apocalíptica que emerge y muere en ese período, así como la posición de denuncia ante el disparate de la contienda que asumen. Pero ya decimos que cuesta elaborar alguna hipótesis.

Nos inclinamos por lo escandaloso y pedimos disculpas a los expertos por tanta heterodoxia. Con ¡1914! La Vanguardia y la Gran Guerra, el Tyssen nos ilustra la descomunal distancia existente en la época entre la sociedad y estas vanguardias, hipnotizadas por su ombligo mientras Europa se partía el alma en una carnicería en cuyos detalles tremebundos no vamos a entrar. Una distancia que no nos parece un pecado n i mucho menos, sino algo comprensible. No es papel de los artistas juzgar los hechos, difundir verdades, combatir ideas y atribuirse tareas de tribuno incendiario. Cuando lo han hecho y lo hacen , los artistas resuiltan patéticos, ignorantes y balbuceantes. Las vanguardias de las que hablamos -que hoy ya son retaguardias aunque el mundo siga venerándolas con irritante continuismo- ‘pasaron’ de guerra, apenas la reflejaron incidentalmente y mientras sus conciudadanos se destripaban a la bayoneta, estos artistas realizaban soberbias y magníficas aportaciones de las que esta exposición es una muestra quizás irrepetible.

¡1914! La Vanguardia y la Gran Guerra es un despliegue artístico, un gozo visual, un festín anímico, en el que lo de menos es la tesis. No busque la guerra en sus muros, es apenas una anécdota. Al principio citábamos Los Caprichos de Goya. Y es que siempre que uno mira a fondo, llega a la conclusión de que no somos Europa, es decir, que somos otra Europa de esa que usurpa el nombre. Visite sin falta este despliegue de ideas, de formas y de colores. Tiene tiempo hasta el 12 de enero de 2009.

Para conocer las trece secciones de esta magna exposición y hacer una visita virtual a la misma, siga este vínculo.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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