Ecos del más allá, entre montaña y mar, por J.C.Deus

La compañía japonesa Sankai Juku (Taller de la montaña y el mar), dirigida por Ushio Amagatsu, elevó el festival de otoño que ya está terminando en Madrid, con Hibiki (Ecos del Más Allá). Movimientos humanos surgidos de la física molecular, de la danza incesante de las estructuras básicas de la materia. Una impresionante experiencia lírico-sensorial que emociona al máximo con el mínimo despliegue de medios.

Seis escenas en hora y media: I Sizuku: gota, II Utsuri: desplazamiento, III Garan: espacio vacío, IV Límites exteriores del rojo, V Utsuri: reflejo, y VI Toyomi: reverberación. El movimiento, reducido al mínimo; el gesto, de intensidad desconocida. Cada trabajo de Sankai Juku es un intento de medir la belleza inconmensurable del paso del tiempo. En Hibiki (Ecos del más allá) llega primero la quietud. Después, gotas de agua tamborilean lentas y rítmicas, como la música del compositor Yoichiro Yoshikawa y del pianista de jazz Takashi Kako. En el paisaje soñado por Amagatsu, los bailarines- impactantes figuras de cabeza afeitada, cubiertos con maquillaje blanco- concentran y contienen sus movimientos casi sin tocarse, reteniendo una luminosa y poética belleza.

Escenografía mínima. En el escenario, seis vasijas grandes en el suelo y varias lámparas pequeñas, ovaladas, colgando del techo. La música surge a veces con fuerza de un piano, en ocasiones queda reducida a meros sonidos, incluso a veces confundida con ruidos producidos por el movimiento o la respiración. El vestuario, sin época ni estilo ni sexo: a veces llevan un simple quimono colgando de cintura para abajo, o largas faldas; destaca el corpiño con pendientes largos que llevan los bailarines en una de las escenas, pero en general es sencillo.

Minimalista. Economía máxima de movimientos y expresiones: apenas hay danza sino expresión corporal contenida, como si se tratara de un mimo elegante y exquisito, un anti-mimo. El grupo de bailarines, con la cabeza rapada y cubiertos de un maquillaje blanco que emana del escenario con cada movimiento como una nube aromática hacia los espectadores.

Comienza en un panorama desolado, casi de fin del mundo, o de antes del mundo: cuerpos que parecen sin vida, de tono grisáceo, deambulantes sin fuerzas, que suben y caen, que no se coordinan entre sí. En los siguientes actos, los bailarines ganan en color, en expresión y vida, destacando de todo las dos intervenciones del propio Ushio Amagatsu, con su cuerpo menudo, delgado y con tal expresividad y magnetismo que resulta difícil creer que apenas esté moviendo, en ocasiones, un brazo. Su cara, impasible pero no estática, emana de una manera difícil de explicar una humanidad sabía y serena que se contagia; uno tiene la sensación de que podría estar horas observándole moverse; quizá observando únicamente su rostro. Conmovedor hasta el punto de las lágrimas verle dar las gracias al público tan sencillamente, sin una sola sonrisa.

Una pieza diferente. Incomprensible. Fascinante. Una tormenta de silencio, quebrada por gestos secos de las manos y los dedos y repentinos giros del torso. El control del movimiento es tan exacto que tenemos la sensación de encontrarnos ante un espejismo, tenemos la sensación de que nuestros sentidos han sido burlados por unos instantes. En Hibiki la violenta teatralidad del agua se refleja a través de tinajas cóncavas llenas de un líquido tintado de rojo bajo una luz tenue. Los trajes están diseñados en textiles en tonos terrosos o sombras de un blanco sucio, con faldas que forman ondas y remolinos sobre hombres de torso desnudo o sencillos vestidos que cubren el cuerpo entero. Cuatro bailarines se desprenden de su envoltorio de hojas de loto. Sus movimientos transmiten fluidez, y se transforman de estatuas en vibraciones, avanzando a través de la arena y las sombras o salpicados por el agua, en lo que se antoja un reconocimiento animista de sus poderes purificadores.

‘Los principios básicos de mi técnica y estilo surgen de la relación del cuerpo con la gravedad’, confiesa este japonés que pronto cumplirá los sesenta. Y añade: ‘La ontogenia se parece a la filogenia. Un embrión, un mes después de la concepción, cambiará de pez a anfibio, de reptil a mamífero. Este drama de un millón de años, emergiendo de la orilla de la Era Paleozoica, representado por un embrión como la sangre de la madre circulando en el útero materno, es como el movimiento de las mareas, es la Resonancia Primera que llega hasta nosotros’.

Ushio Amagatsu nació en Japón en 1949. Se formó en danza clásica y moderna antes de trabajar en su propio estilo de butoh, que tomaba sus propias experiencias como fuente de inspiración y se centraba en la expresión del lenguaje del cuerpo. Para Amagatsu, el butoh no es meramente una técnica o un estilo académico, sino una búsqueda -a partir de la articulación del lenguaje corporal- de la profundidad del ser humano. La búsqueda personal de Amagatsu se encuentra recogida en el libro Diálogo con la gravedad, publicado en el año 2001 por Actes Sud Edition.

En japonés, Sankai Juku significa “taller de la montaña y el mar”, en referencia a los dos elementos topográficos básicos de Japón. El coreógrafo y bailarín Amagatsu, perteneciente a la segunda generación de bailarines de butoh, fundó la compañía en 1975 y desde sus comienzos ha sido exclusivamente masculina. En el año 1980, la compañía fue invitada por primera vez a presentar uno de sus trabajos en Europa; estrena una nueva pieza cada dos años en el Théâtre de la Ville de París, y desde 1982 este teatro francés le ha encargado once producciones. A lo largo de su historia, Sankai Juku ha visitado más de setecientas ciudades en cuarenta y tres países. De esta compañía japonesa, la crítica ha dicho que “su gloria singular consiste en su capacidad para alcanzar la más pura
metáfora”.

Hace casi una década, Gilles Kennedy escribía en el International Herald Tribune (Tokio), 13/11/99, bajo el título ‘Bailar en el territorio de los sueños’: ‘Amagatsu llama a este estilo de danza ritualizado, interpretado con una capa de maquillaje de harina de arroz que vuelve blanco el cuerpo entero, una “danza de la intuición”. Apenas implica contacto con otros bailarines, tan solo una aguda capacidad para apreciar el espacio que busca una toma de conciencia, una respuesta a la gravedad que legitima la verticalidad. Amagatsu es a la botánica lo que Pina Bausch a la psicología: se inspira en las transformaciones minimalistas del tono y la textura celulares para transformar las emociones en movimiento. Cada obra de Sankai Juku supone un nuevo intento de Amagatsu por capturar la cautivadora belleza de un tiempo pasado. Nada más apropiado para los primeros años de un nuevo milenio’.

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA

HIBIKI
ESTRENO EN ESPAÑA
festival de otoño 08
Compañía Sankai Juku
País: Japón
Duración aproximada: 1 hora y 25 minutos (sin intermedio)
Teatro Albéniz
Del 6 al 8 de noviembre a las 20.30 horas.
Día 9 de noviembre a las 19 horas.
Dirección, coreografía y diseño: USHIO AMAGATSU
Música: TAKASHI KAKO y YOICHIRO YOSHIKAWA
Bailarines:
USHIO AMAGATSU,
SEMIMARI,
SHO TAKEUCHI,
AKIHITO ICHIHARA,
TAIYO TOCHIAKI
ICHIRO HASEGAWA

Sankai Juku
www.sankaijuku.com

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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