Bajo la bóveda de Barceló, por J.C.Deus

CaixaForum presenta en Madrid, tres meses después de la inauguración de la controvertida obra, una reflexión del artista que pretende explicar los muchos por qué y cómo de este polémico trabajo. Un interesante montaje didáctico, que reproduce el proceso de creación a partir de una maqueta, fotografías, audiovisuales, obras preparatorias y el diario de trabajo del propio artista. La bóveda de Miquel Barceló para la sala XX del Palacio de las Naciones Unidas de Ginebra, es una compleja intervención en un colosal lienzo de mil metros cuadrados. Pocos artistas han tenido esta oportunidad a lo largo de la historia.

Apoyándose en un equipo multidisciplinar, Barceló ha aplicado técnicas industriales para actuar sobre grandes superficies arquitectónicas. Algo parecido a como los talleres de los grandes artistas del XVI y el XVII cumplían sus encargos de decoraciones gigantescas para altares, cúpulas y muros de iglesias y palacios de su tiempo. Parecido pero diferente en forma y fondo. No estamos ante despliegues figurativos de las sagradas escrituras y escenas detalladas realizadas a pincel por los ayudantes del maestro. Estamos ante una metáfora del techo multicolor de una gigantesca cueva. Es la ilustración de un templo laico, cielo invertido para un ágora compleja.

La Capilla Sixtina mide unos 548 metros cuadrados y Miguel Ángel tardó cuatro años en completarla. Barceló ha declarado: «Me abruma que me comparen con él. No entraba en mis planes hacer pinturas arquitectónicas; sin embargo, con la catedral de Palma quedé satisfecho y con este trabajo también estoy razonablemente contento; ya veremos si hago alguna cosa más».

Ha necesitado un año, empleado 35.000 kilos de pintura, contado con16 ayudantes y cobrado veinte millones de euros. «Es una metáfora del mundo. Por un lado tenemos el oleaje del mar, un oleaje que tiene múltiples puntos de vista; pero al mismo tiempo hay espacios donde se respira la calma, un mundo agitado e imprevisible que gravitase sobre las cabezas de los allí reunidos». Y de esta forma, el artista mallorquín llega con los cincuenta recién cumplidos a convertirse en un pintor tan institucional para el actual gobierno español como lo fuera Miguel Ángel para el papa Julio II.

CaixaForum ha titulado la exposición El mar de Barceló. Incluye el óleo Marejadilla (2002), en el que por vez primera planteó la idea del mar de estalactitas. Este cuadro de gran formato fue pintado desde abajo, como si la tela estuviera pegada al techo, para que la densa pasta de pigmentos formara las «estalactitas», que quieren semejarse al vaivén y las crestas de las olas. Lo que después ha repetido en Ginebra a escala gigantesca. Pero da la impresión que por el camino el mar se ha ido. Quiere ser mar y caverna pero es sobre todo la imitación coloreada del techo de una enorme gruta.

Otro de los elementos que conforman la muestra es el Cuaderno de Ginebra (2008), dietario del artista con acuarelas, textos y dibujos en el que pueden observarse los diferentes estados de ánimo del pintor, sus éxitos, frustraciones, dudas y satisfacciones durante el proceso de creación de la cúpula. Un audiovisual creado expresamente para la exposición permite recorrer todas las páginas de este cuaderno.

Una selección de fotografías tomadas en Ginebra durante los meses que duró la creación de la obra, muestran al pintor en plena tarea y presentan puntos de vista inéditos: los intentos para consolidar el techo monumental, las técnicas utilizadas para romper la superficie y crear contrastes de luz y sombras, y los movimientos del artista sobre el andamio. Asimismo, se incluye una selección de fotografías digitales pintadas por el mismo artista, así como una reconstrucción de las diferentes etapas de la elaboración de la obra
que simulan las fases lunares.

Por último, se proyecta un vídeo de cuatro minutos de duración que resume el proceso de creación. Aquí tienen una muestra.

La bóveda de la Sala XX del Palacio de las Naciones de Ginebra, rebautizada a gusto del presidente Zapatero con el pomposo apelativo de Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones, comenzó a ejecutarse en la primavera de 2007 y en los dos meses siguientes se desmanteló el interior original de la sala y su cúpula de escayola. Se colocó entonces una estructura de aluminio especialmente construida para el proyecto. Miquel Barceló empezó a trabajar el 10 de septiembre ded 2007. La inauguración tuvo lugar el pasado 18 de noviembre de 2008.

Para la realización de esta ambiciosa y compleja intervención en la bóveda de 934 metros cuadrados, Barceló concibió un proyecto orgánico con la intención de lograr un efecto de espuma marina que se transformara en función de la luz y del espacio, combinando serenidad y movimiento. Según el autor, la obra «genera diversas percepciones que, por su dinámica interna, transmiten un efecto positivo, constructivo y optimista».

Desde el principio, la idea de Barceló fue usar aquel gran espacio para proyectar una superficie marina, trasponiendo al fresco un motivo que aparecía en obras recientes como Marejadilla. Para llevarlo a cabo, Barceló recubrió la cúpula con 737 piezas de aluminio sujetas sobre una estructura radial de acero. En ellas se usaron 6.000 kilos de resina epoxídica para realizar los relieves y las estalactitas, que se colocaron en los lugares que el artista marcó previamente mediante una pistola de paintball, utilizando colores distintos en función de la longitud deseada. Para asegurar las estalactitas al soporte se emplearon 6.500 tornillos.
En la primera fase pictórica, Miquel Barceló y su equipo usaron aproximadamente 8.000 kilos de pintura de una gran variedad de colores. A continuación, para la aplicación final de tres colores, se proyectaron 9.000 kilos más de pasta de pintura, que Barceló, sujeto a un arnés de seguridad, disparaba con una máquina de impulsión de pintura. La última fase pictórica, los retoques finales, la llevó a cabo el artista solo, proyectando pintura blanca y pintando algunas zonas del mismo color con escobas.

Barceló dice haber tratado uno de sus temas fundamentales y recurrentes: las perdurabilidad en contraste con la permanencia, o lo que sería lo equivalente en este caso, el mar en continuo movimiento en contraposición con la caverna. De esta forma, la cúpula evoca un planeta multicolor trazado por las mareas y su espuma: ‘unión y diálogo necesarios en la esfera internacional para afrontar, con creatividad y consenso, los retos y desafíos del siglo XXI’. Nos la presentan como ‘una obra singular en el arte contemporáneo, que cambia y se transforma según la perspectiva desde la que se contempla, haciendo patente la riqueza poliédrica de la realidad en sintonía con el multilateralismo que caracteriza la Organización de las Naciones Unidas’.

Como decimos es una donación del Estado español a la ONU en el marco de la remodelación integral de la Sala. La Fundación ONUART, en la que se han unido las fuerzas de la iniciativa privada, la sociedad civil y las administraciones central y autonómica, fue impulsada por el Ministerio de Asuntos Exteriores en marzo de 2005, cuando se recibió la petición formal de la Organización de las Naciones Unidas para que España llevase a cabo una contribución artística, después de la que efectuara en 1936 José María Sert en la Sala del Consejo de la antigua Sociedad de Naciones en este mismo edificio.

La Caixa no sólo es miembro destacado de esta fundación, sino que tiene una larga historia de mecenazgo hacia Barceló desde que en 1982 organizara en Barcelona y Madrid la exposición ’26 pintores, 13 críticos: panorama de la joven pintura española’, en la que el mallorquín tuvo un papel muy destacado. Fue aquél un año clave para las dos partes. El artista presentó poco después su obra en la Documenta de Kassel e inició su trayectoria internacional, que le ha llevado a ser uno de los artistas más valorados e influyentes del panorama artístico en el paso del siglo XX al XXI. Para la Fundación ”la Caixa” también fue un momento determinante, pues supuso la puesta en marcha de su Colección de Arte Contemporáneo. Hoy cuenta con más de 750 obras entre las que ha ido incorporando obras clave suyas de distintas épocas, como L’Amour fou (1984), Une poignée de terre (1987), Taula dibuixada (1991) o Six figues chines (1997).

Olvidemos los significados colaterales de esta obra tan politizada. Juzguemos la intención del artista, el proceso de ejecución y el resultado. Solamente. ¿Estamos ante una obra lograda? ¿Asombra o decepciona? ¿Perdurará o será pronto olvidada? Para los que no preveemos visitar Ginebra, esta propuesta de indagación y esta oportunidad de profundización, pueden ser bien útiles e interesantes.

El mar de Barceló
En la Sala de los Derechos Humanos y de la
Alianza de Civilizaciones de la ONU en Ginebra
Del 4 de febrero al 17 de marzo de 2009
CaixaForum Madrid
Paseo del Prado, 36
28014 Madrid
Horario:
De lunes a domingo, de 10 a 20 h
Entrada gratuita a las exposiciones
Servicio de Información
Obra Social Fundación ”la Caixa”
Tel.: 902 22 30 40

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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