El Hamlet de Tomaz Pandur, por J.C.Deus

El buen momento del teatro en nuestro país coincide, quizás no por casualidad, con el continuo representarse de las obras de William Shakespeare. Y así, a la reciente versión de Hamlet de Juan Diego Botto, sucede esta versión del controvertido Tomaz Pandur. Muy diferentes. Incomparables. Aquella nos gustó, muy clásica; ésta nos ha impresionado: un espectáculo sobrecogedor de cuatro horas de duración, una espectacular creación formal, un exceso que a punto está de desdibujar el original, pero que finalmente lo amplifica con enorme pasión, con valiosas reflexiones, con recursos de fondo y forma que nos hacen reconocer sin duda la valía de este yugoslavo al que le robaron su país y lo ha reconstruido más grande y válido en los escenarios. Sin duda uno de los nombres que aportan al teatro de nuestros días.

Este Hamlet es ante todo un espectáculo, que necesita un espacio y unas prestaciones como las que aseguran Las Naves del Matadero. Un gran espectáculo que, de la austeridad de recursos, hace fuegos artificiales, hace magia al mejor estilo del teatro que está desbancando al cine y su cierta degeneración por culpa de los efectos especiales. Un escenario cubierto de agua cruzado de pasarelas; enormes cortinajes que se mueven sinuosos superando a la línea recta en reflejar complejas situaciones; alguna puerta, dinteles y retroescenarios; un saco de boxeo, alfombras, sillas, una polea, una pistola, paraguas, bicicletas, dos equipos de esgrima. Elementos mínimos para resaltar sensaciones, objetos simbólicos para acompañar a un conjunto de seres atormentados vestidos y desvestidos con distancia, entre un asombroso despliegue de luces y sonidos que completan toda la gama del sentimiento humano, músicas excelsas, chirridos espantosos, y la gama más completa de tinieblas.

Tablados sobre el agua se han visto ya otros, hace muy poco en el Teatro Real, del director teatral Robert Carsen para la ópera Katia Kavanova de Leos Jamacek, aunque aún antes, Pandur ya nos lo había ofrecido en el mismo Real para el Alas de Nacho Duato que se estreno en febrero de 2007. El agua en el escenario es un efecto espectacular y sugerente, del cual sin embargo no se podrá abusar mucho más. Pero es el uso creativo de la tramoya y carpintería teatral de siempre el que aporta lo mejor a este Hamlet, de poleas y gasas, un lugar más allá de los que conocemos.

Ya sabrán ustedes que esta vez Hamlet es una actriz, y que Blanca Portillo se atreve con el desafío como ya hicieran Sarah Bernhardt y Nuria espert entre otras. Más les sorprenderá lo que Pandoz ha hecho de Rosencratz y Guildenstern, multiplicados en cuatro ilustraciones en acción permanente por el enorme escenario. El Espectro de su padre también vagará eternamente por la escena. Y aún habrá un Marcelo omnipresente trasmurado de centinela a avatar.

A pesar de su duración, Pandur ha prescindido de algunas partes y trastocado otras en un juego peligroso entre mejorar y entorpecer al original. Convierte el descanso en una actuación cabaretera del Espectro, con los actores entre el público. Coloca el ‘ser o no ser’ al comienzo del segundo acto, y termina interrogando a los espectadores.

Su versión de Hamlet es un total exceso, eso que vulgarmente se llama ‘una pasada’. Pero como está repleta de creatividad y arte, la sobredosis puede disculparse y aún agradecerse tras superar la resaca. No somos capaces de detectar si extrae del texto una nueva y actual visión, y nos tienta afirmar que no consigue explicar mejor al clásico de los clásicos, que sigue mostrando su debilidad original en el desenlace del duelo, y su descomunal acierto en juzgar el apego de los humanos a la vida como sospecha de que el más allá será aún peor. El monumental texto shakesperiano pierde claridad en algunos momentos, aunque en otros coge acento actual de forma acertada.

Todo el equipo merece el aplauso final empezando por la música de Silence y la escenografía de Numen. Nada que objetar a los elogios generalizados que está recibiendo Blanca Portillo por esta Hamlet, y mucho que añadir a los que merecen el cuarteto Santi Marín, Damià Plensa, Aitor Luna y Manuel Moya en su permanente bullir e ilustrar la parte subconsciente de la historia, que en realidad es la que ha querido mostrar Tomaz Pandur. El espíritu del asesinado y el invisible vigilante terminan reduciendo a los asesinos Claudio y Gertrudis, y a las víctimas colaterales Polonio y sus hijos, Ofelia y Laertes, a espectros evanescentes consumidos en sus alaridos, en su miedo. Finalmente se me ocurre que estamos ante un Hamlet de visita en aquella serie especial que se llamó ‘Twin Peaks’.

Pandur ya forma parte del Madrid teatral con cuatro o cinco montajes en los últimos años; habita en una mente compleja y quizás atormentada que nos muestra con sacrificio y mérito. Su mundo es espectral, como el de todos los buscadores, porque una vez que hemos aprendido a viajar por el territorio interior, su ambigüedad resulta más cómoda que la tarea pendiente de reconstruir la realidad. Este Hamlet exige, es un mensaje duro de digerir, pero los llenos de público parecen demostrar que no todo el mundo quiere los platos recalentados de la nefasta industria del entretenimiento.

HAMLET
De William Shakespeare
Versión y Dirección
TOMAŽ PANDUR

FICHA ARTÍSTICA
Hamlet: Blanca Portillo
Claudio: Hugo Silva
Gertrudis: Susi Sánchez
Espectro: Asier Extendia
Polonio: Manuel Morón
Horacio: Félix Gómez
Ofelia: Nur Al Levi
Laertes: Quim Gutiérrez
Rosencratz: Eduardo Mayo
Guildenstern: Santi Marín
Rosencrantz: Damià Plensa
Guildenstern: Aitor Luna
Marcelo: Manuel Moya

Traducción: JOSÉ RAMÓN FERNÁNDEZ
Composición musical: SILENCE
Escenografía: NUMEN
Vestuario: DAVID DELFÍN
Iluminación: JUAN GÓMEZ CORNEJO (aai)
Diseño de sonido: MARIANO GARCÍA
Colaboradora de Dirección: LIVIJA PANDUR

NAVES DEL ESPAÑOL
MATADERO
Del 12 de febrero al 12 de abril de 2009
De martes a sábado, 20.00 h.
Domingos, 18.00 horas
Precio: 22 euros
Martes y miércoles 25% descuento
Paseo de la Chopera 14
Metro: Legazpi
Cercanías: Embajadores

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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